Los asuntos nacionales
Es imposible ignorar la importancia del próximo torneo electoral. Es evidente que todos tienen sus particularidades, pero el que se avecina se torna singular, ya que el gobierno que elijamos la mayoría de los panameños tendrá que emprender una reconstrucción, no sólo en lo económico, sino en el plano institucional y moral de todas las estructuras que conforman hoy nuestra institucionalidad democrática. De allí surge la necesidad y la preocupación, por lo menos mía, de conocer a fondo los temas o asuntos que se deberán manejar para dar inicio a un período de gobierno cuyo comienzo se distinguirá por grandes sorpresas que saldrán a flote y que verdaderamente irán dando la visión completa y real del país que corresponderá gobernar.
Conocer los asuntos de la Nación es tarea ineludible y constante de todo aquel que aspire a conducir los destinos del país. Ese conocimiento, a mi juicio, parte de la experiencia que cada quien haya acumulado de su tránsito por la vida, con sus facetas personales y profesionales, lo que ha hecho o dejado de hacer, las experiencias varias con las que ha tenido que vivir y sortear en ese complejo escenario que es la vida cotidiana. Se suma, el interés demostrado públicamente por opinar, por proponer, por ser útil en los momentos difíciles, por orientar con sabiduría y mesura, por haber dejado huellas en su andar; en fin, por hacerse sentir ante la ciudadanía y la opinión pública, en función de su experiencia. El aspirante a dirigente tiene que estar y hacer, no percibirse o estar a medias. El entrar y salir de la escena es cuestión de artistas no de dirigentes.
En la decisión de todos el 2 de mayo, el escrutinio tiene que ser amplio y profundo. Saber distinguir será fundamental.
Durante la celebración del Centenario, me llamó la atención la euforia ciudadana en torno a la figura del cantautor Rubén Blades. Claro, el Comité del Centenario tuvo mucho que ver con esto. Confieso que me considero uno de sus más intensos reconocedores de su talento y capacidad como músico, artista, cantante, poeta y como alguien que ha dado lustre a su nombre y al del país, triunfando en una de las áreas más difíciles de la vida, la actuación, en donde muchos entran, pero pocos llegan a ser alguien. Rubén lo ha sido, no cabe duda y su futuro está lejos de agotarse, de verdad lo pienso. Sin embargo, me sorprendió con ciertas respuestas dadas a las interrogantes que giraron en torno a su actuar político. La que más me impactó fue la entrevista que dio, junto al candidato Torrijos, quien lo acompañó durante todas las efemérides - Torrijos a Blades, no al revés- en un canal de televisión, cuando le preguntaron si esta vez vendría a quedarse en Panamá y trabajar la política, a lo que respondió que para abril ya estaría de vuelta, pero que si se ganaba la lotería, entonces en marzo. No soy nadie para cuestionar la agenda personal, profesional o política de alguien, ya que reconozco que la mía es todo un "pereque", sobre todo predecirla con un par de días de anticipación. Pero de allí a sujetar la actuación en el escenario político a cosas tan ajenas a todo compromiso como es la eventualidad de ganarse o no la lotería, es tomar por ingenuos a todos los que lo escuchamos, por decir lo menos.
Iguales impresiones causaron en mi persona otras de sus declaraciones en torno a lo que desea hacer si gana Torrijos la elección, entre ellas, la de no tener jefe y contar con un presupuesto para él sólo, en adición a la de su participación, porque es abogado, en los asuntos relativos a la justicia y el problema carcelario. ¿Entenderá Rubén la profundidad y alcance de los problemas que mencionó y en los que desea participar desde el gobierno?
El presupuesto de la Nación, su manejo y control, así como los complejos problemas del caos carcelario que tenemos en Panamá como el del no menos caótico sistema de la administración de justicia, requieren de mucha experiencia vivida para entenderlos y tratar, aunque sea medianamente, de proponer una solución que pueda ser integral. Ser abogado se logra con el diploma, pero el saber serlo sólo se logra con la práctica constante de la rama del derecho que uno haya escogido para practicar. Para decirlo en un lenguaje en el que Rubén sabe más que yo: lo que dijo, una cosa es con violín y otra con guitarra. Ahora bien, debo decir que no dejará de ser, su candidatura a vicepresidente de Torrijos, todo un espectáculo. Me refiero a la suma de experiencias...
Hice el anterior paréntesis para ilustrar con un ejemplo reciente de lo que se trata todo esto. Es cierto que en política las apariencias a veces imponen un camino muy alejado de la realidad, más cuando tu nombre o tu pretensión la transforman en una franquicia comercial y comercializadora. Pero eso no es, bajo ningún parámetro, ni cerca de lo que es la dura e incomprendida misión de gobernar. El gobernar de verdad, implica dejar a un lado la agenda personal, profesional o empresarial de uno. No hay librito que seguir ni maestro a quién preguntarle sobre la solución de los problemas. Simplemente estás allí y tienes que resolverlos. No hay tiempo para aprender de forma definitiva nada, sencillamente hay que hacer, a veces equivocándose, como humanos que somos, pero hay que hacer y punto. El ritmo lo marca el sentir y el rumbo de la gran agenda nacional a la cual se debe entregar el que aspire al servicio público. Así de claro, así de complejo. Por ello, el voto del 2 de mayo y la experiencia acumulada en la vida de los candidatos, tiene que ser un factor de obligatoria evaluación si el llamado voto a conciencia de verdad es un factor, como espero y confío que sí lo sea. La aventura política y el despropósito como regla general de la función de gobernar han causado estragos ya. No permitir que siga más de lo mismo, es a lo mínimo que debemos aspirar de cara al cambio que debemos darnos.
Conocer los asuntos de la Nación es tarea ineludible y constante de todo aquel que aspire a conducir los destinos del país. Ese conocimiento, a mi juicio, parte de la experiencia que cada quien haya acumulado de su tránsito por la vida, con sus facetas personales y profesionales, lo que ha hecho o dejado de hacer, las experiencias varias con las que ha tenido que vivir y sortear en ese complejo escenario que es la vida cotidiana. Se suma, el interés demostrado públicamente por opinar, por proponer, por ser útil en los momentos difíciles, por orientar con sabiduría y mesura, por haber dejado huellas en su andar; en fin, por hacerse sentir ante la ciudadanía y la opinión pública, en función de su experiencia. El aspirante a dirigente tiene que estar y hacer, no percibirse o estar a medias. El entrar y salir de la escena es cuestión de artistas no de dirigentes.
En la decisión de todos el 2 de mayo, el escrutinio tiene que ser amplio y profundo. Saber distinguir será fundamental.
Durante la celebración del Centenario, me llamó la atención la euforia ciudadana en torno a la figura del cantautor Rubén Blades. Claro, el Comité del Centenario tuvo mucho que ver con esto. Confieso que me considero uno de sus más intensos reconocedores de su talento y capacidad como músico, artista, cantante, poeta y como alguien que ha dado lustre a su nombre y al del país, triunfando en una de las áreas más difíciles de la vida, la actuación, en donde muchos entran, pero pocos llegan a ser alguien. Rubén lo ha sido, no cabe duda y su futuro está lejos de agotarse, de verdad lo pienso. Sin embargo, me sorprendió con ciertas respuestas dadas a las interrogantes que giraron en torno a su actuar político. La que más me impactó fue la entrevista que dio, junto al candidato Torrijos, quien lo acompañó durante todas las efemérides - Torrijos a Blades, no al revés- en un canal de televisión, cuando le preguntaron si esta vez vendría a quedarse en Panamá y trabajar la política, a lo que respondió que para abril ya estaría de vuelta, pero que si se ganaba la lotería, entonces en marzo. No soy nadie para cuestionar la agenda personal, profesional o política de alguien, ya que reconozco que la mía es todo un "pereque", sobre todo predecirla con un par de días de anticipación. Pero de allí a sujetar la actuación en el escenario político a cosas tan ajenas a todo compromiso como es la eventualidad de ganarse o no la lotería, es tomar por ingenuos a todos los que lo escuchamos, por decir lo menos.
Iguales impresiones causaron en mi persona otras de sus declaraciones en torno a lo que desea hacer si gana Torrijos la elección, entre ellas, la de no tener jefe y contar con un presupuesto para él sólo, en adición a la de su participación, porque es abogado, en los asuntos relativos a la justicia y el problema carcelario. ¿Entenderá Rubén la profundidad y alcance de los problemas que mencionó y en los que desea participar desde el gobierno?
El presupuesto de la Nación, su manejo y control, así como los complejos problemas del caos carcelario que tenemos en Panamá como el del no menos caótico sistema de la administración de justicia, requieren de mucha experiencia vivida para entenderlos y tratar, aunque sea medianamente, de proponer una solución que pueda ser integral. Ser abogado se logra con el diploma, pero el saber serlo sólo se logra con la práctica constante de la rama del derecho que uno haya escogido para practicar. Para decirlo en un lenguaje en el que Rubén sabe más que yo: lo que dijo, una cosa es con violín y otra con guitarra. Ahora bien, debo decir que no dejará de ser, su candidatura a vicepresidente de Torrijos, todo un espectáculo. Me refiero a la suma de experiencias...
Hice el anterior paréntesis para ilustrar con un ejemplo reciente de lo que se trata todo esto. Es cierto que en política las apariencias a veces imponen un camino muy alejado de la realidad, más cuando tu nombre o tu pretensión la transforman en una franquicia comercial y comercializadora. Pero eso no es, bajo ningún parámetro, ni cerca de lo que es la dura e incomprendida misión de gobernar. El gobernar de verdad, implica dejar a un lado la agenda personal, profesional o empresarial de uno. No hay librito que seguir ni maestro a quién preguntarle sobre la solución de los problemas. Simplemente estás allí y tienes que resolverlos. No hay tiempo para aprender de forma definitiva nada, sencillamente hay que hacer, a veces equivocándose, como humanos que somos, pero hay que hacer y punto. El ritmo lo marca el sentir y el rumbo de la gran agenda nacional a la cual se debe entregar el que aspire al servicio público. Así de claro, así de complejo. Por ello, el voto del 2 de mayo y la experiencia acumulada en la vida de los candidatos, tiene que ser un factor de obligatoria evaluación si el llamado voto a conciencia de verdad es un factor, como espero y confío que sí lo sea. La aventura política y el despropósito como regla general de la función de gobernar han causado estragos ya. No permitir que siga más de lo mismo, es a lo mínimo que debemos aspirar de cara al cambio que debemos darnos.