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Los beneficios de la liberalización del comercio


La liberalización del comercio beneficia a los países subdesarrollados de dos maneras. Primero, cuando los aranceles bajan, los precios al consumidor tienden a disminuir, y así los recursos pueden asignarse en actividades que produzcan y generen un aumento en el producto interno bruto (PIB). En este sentido, podemos informar, de acuerdo a cifras del Banco Mundial, que la reducción de aranceles implementada después de la Ronda de Uruguay aumentó el PIB de los países en desarrollo en 0.5%. Segundo, al incrementarse el comercio, otras ventajas se pueden incorporar en el largo plazo a medida que las economías se ajustan a las innovaciones tecnológicas, nuevas estructuras de producción y patrones transparentes de competencia.
La liberalización del comercio tiene otros impactos significativos. En definitiva, es un proceso que influye hasta en la forma en que operan los agentes económicos. La evidencia de este efecto se resalta en los beneficios que logran los países subdesarrollados al aumentar su acceso a los mercados mundiales. Existen estudios que demuestran que la productividad de las empresas aumenta una vez sus productos son expuestos a clientes internacionales, debido a los requerimientos de reingenierías, "benchmarking" y técnicas de calidad total.
También, la liberalización puede iniciar una cadena de eventos que tiene como objetivo concentrar la actividad económica en una ciudad o región. Cuando los costos disminuyen a medida que la producción aumenta, las empresas tienen el incentivo para ubicar sus centros productivos en zonas selectivas, dando inicio así a la formación de "clusters". Si la demanda desde los mercados mundiales impulsa la producción en esas zonas, el costo promedio disminuye y las ganancias aumentan. El incremento en ganancias atrae nuevos agentes económicos que producen bienes similares, y de esa forma se crea una nueva fuente de concentración (conglomerado). Al aumentar el número de empresas, la intensidad del "cluster" y el nivel de concentración del conglomerado, se conforma una industria global constituida por varias otras industrias que dan soporte y que permiten el desarrollo de nuevos productos para satisfacer la demanda de los consumidores a nivel mundial. Este proceso cumulativo es el que aumenta la productividad que caracteriza a los países "globalizados".
Pero, la pregunta ahora sería, ¿cómo un país como Panamá puede beneficiarse de este mecanismo de liberalización del comercio? La respuesta es sencilla. Para aquéllos que comprenden este tema no es secreto que el actual auge en el desarrollo del comercio internacional se debe a las negociaciones por muchas décadas, tanto a nivel nacional como internacional, del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) y, ahora más recientemente, de la Organización Mundial de Comercio (OMC). En este sentido, el GATT y la OMC han servido los intereses de los países en desarrollo de tres maneras.
Primeramente, la OMC actualmente facilita las reformas comerciales. Las reducciones unilaterales de los aranceles han beneficiado a muchos consumidores, a pesar de la oposición por parte de algunos "perdedores". Pero este problema tiene una solución, y es el de facilitar las reformas para cambiar la ecuación política y generar apoyo para la firma de acuerdos multilaterales de libre comercio. Estos acuerdos pueden crear un conjunto de "ganadores", los cuales se concentrarán en zonas productivas para luego beneficiarse al exportar a países que han bajado sus tarifas. Los acuerdos multilaterales han proliferado desde 1990, incluyendo no sólo productos agrícolas, sino también servicios, regímenes de inversión y políticas regulatorias como legislaciones de competencia y prácticas de comercio desleal.
Este mecanismo de liberalización ha promovido el comercio y el flujo de inversión entre los países firmantes del acuerdo. En 1992, el comercio entre los miembros de la Comunidad Andina (Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela) era tres veces mayor que lo que la economía de cada país hubiese generado por separado. Además, durante la década de los 90"s, 82 acuerdos multilaterales fueron suscritos, en comparación con 14 en los 80"s, 39 en los 70"s, 19 en los 60"s y 3 en los 50"s. ¿En cuántos participó Panamá? Informes del Viceministerio de Comercio Exterior revelan que desde la década del 70 únicamente se han acordado tratados de libre comercio con Centroamérica y Colombia, pero de "libre" sólo tienen el nombre porque son de alcance parcial.
En segundo lugar, a pesar que en la práctica ha demostrado claras limitaciones, el mecanismo de resolución de disputa puede beneficiar a los países subdesarrollados. En principio, la instancia de la OMC puede ser utilizada para proteger a estos países de la imposición arbitraria de países industrializados de medidas para obstaculizar el mercado a la exportación de sus productos, y de las presiones para convenir "voluntariamente" en las limitaciones de sus exportaciones, tales como las barreras no arancelarias como protección a la seguridad y la salud de sus ciudadanos. ¿Cuántas disputas ha presentado Panamá? Para su información, ¡ninguna! Panamá sólo ha participado como "parte interesada" en el conflicto iniciado por EEUU contra la Unión Europea en el caso del banano.
Y finalmente, la OMC puede reforzar la credibilidad del intercambio comercial entre países, especialmente entre aquéllos que han tenido una larga historia de substitución de las importaciones, es decir, imponiendo barreras al comercio con la intención de producir esos mismos bienes localmente. Un miembro de la OMC puede unilateralmente reducir sus tarifas y barreras a un nivel, y luego negociar que ese nivel no va a ser incrementado en el futuro. Esta obligación refuerza el deseo práctico de los países en mantener una actitud más liberal en cuanto al política comercial. En los últimos 15 años, muchos países subdesarrollados han unilateralmente reducido sus barreras arancelarias. Esta tendencia hacia una política de apertura no se ha limitado a un continente o región. Por ejemplo, entre 1988 y 1992, Kenia redujo sus aranceles de 42 a 23%. La credibilidad de esta reforma comercial jugó un importante papel en el éxito alcanzado por este país en sus tasas de crecimiento y en el nivel de inversión extranjera durante la década de los 90"s. La realidad es que el sector privado y los inversionistas internacionales reaccionan negativamente a una reforma arancelaria cuando perciben que la misma seguramente será cambiada al primer signo de aumento en las importaciones, o por dificultades políticas y recesión. ¿Recuerdan acerca de las calificaciones de Standard & Poors cuando se aumentaron los aranceles en octubre de 1999?
Las reformas iniciadas en años recientes han generado beneficios significativos a una gran cantidad de países en desarrollo. Estos beneficios se explican al analizar el deseo y la capacidad de éstos en subscribir acuerdos multilaterales. No obstante, hay algunos países que por desconocimiento de sus funcionarios intentan relacionar los problemas de desajustes económicos, desigualdades y el aumento en la brecha entre ricos y pobres con la nueva apertura. No se puede ser ingenuo ante esta realidad porque esos problemas ya existían desde mucho antes de la globalización, con la única diferencia que la liberalización del comercio los ha expuesto. Nadie puede ocultar la realidad de que sí es posible maximizar las oportunidades para generar desarrollo humano y crecimiento económico sostenido, cuando la liberalización del libre comercio va acompañada de una estabilidad macroeconómica, y un marco predecible de leyes e instituciones que arbitren el sistema de mercado con transparencia y responsabilidad. Y esa es la realidad central de nuestros tiempos.

101 años de Panamá América

 
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