Los cables soterrados
Aun cuando hubo que esperar un torrencial aguacero para hacer evidente los riesgos que entrañan la cantidad de cables aéreos del tendido eléctrico y telefónico, lo cierto es que hemos denunciado tal peligro en reiterados editoriales. Tras decisión de la Autoridad de Servicios Públicos, a partir de enero próximo comenzarán una serie de proyectos en distintas ciudades del país para soterrar cables, cuyos costos sólo implicarán fracciones de centavos, según las empresas que ejecutarán los trabajos. Felizmente a la decisión sólo la antecedieron la preocupación constante de la ciudadanía y el descomunal tranque que se registró en la Avenida Nicanor de Obarrio, sin víctimas fatales, pero debe servir para que otras agencias del Estado, sobre todo las involucradas en el tema de la seguridad tomen medidas preventivas en sus áreas respectivas. Debe legislarse además para que en el futuro todas las construcciones del país impliquen este tipo de tendido bajo tierra, no solo por estética sino también por seguridad. Nuestros líderes han hablado desde el siglo pasado de llevar al país del tercer al primer mundo y uno de los elementos claves de tal aspiración son precisamente las medidas de seguridad, y entre ellas eliminar la saturación visual que implican las actuales telarañas del tendido eléctrico y de comunicaciones.