Los caminos del TLC
Mientras nos acercamos rápidamente a la firma de un tratado de libre comercio (TLC) con Taiwán, las perspectivas de llegar a uno similar con Estados Unidos, como el que negocia actualmente Centroamérica siguen siendo inciertas. Se recordará que, con motivo de la reciente visita de la presidenta Mireya Moscoso a Washington, se sugirió a Panamá conformar un equipo que estudiara la posibilidad de adherirnos al tratado que se concrete con nuestros vecinos, o al de Chile, o al de Singapur. Al respecto, comentamos entonces que la adopción a un tratado ajeno, con nuestras peculiaridades, tenía sus riesgos; aunque hubo voces empresariales que opinaron que, con ligeros ajustes, podíamos calzar con el de Singapur, que tiene una economía de servicios semejante a la nuestra.
Erróneamente habíamos estimado que Estados Unidos no negociaría, al menos en el continente, más tratados bilaterales, sino que optaría por la vía más eficiente de los multilaterales o por bloques regionales, siguiendo el mismo esquema que con Centroamérica. Vislumbrábamos que agruparían a los países del Caribe y a los del Pacto Andino, para dejar al final a los "duros" del Mercosur, con Brasil y Argentina a la cabeza. Pero nos equivocamos pues, de las informaciones que nos vienen desde el extranjero, tanto de Washington como de Santa Fe de Bogotá, concluimos que el presidente Alvaro Uribe se las ha arreglado para que Colombia negocie bilateralmente con la potencia del Norte.
En efecto, en visita especial que hizo la semana pasada a Santa Fe de Bogotá el secretario norteamericano de Comercio Exterior, Robert Zoellick, tanto este funcionario como su par colombiano manifestaron que ambos países adelantarían conversaciones para el inicio de negociaciones en enero próximo las cuales concluirían al final de ese año.
¿Tenemos acaso un músculo negociador comparable al colombiano para aspirar a una negociación bilateral con Norteamérica? Mucho tememos que no. Tras el cese de la presencia militar estadounidense en nuestro suelo y la entrega del Canal, las relaciones con la potencia del Norte han ido a menos. Al contrario ha ocurrido con Colombia, que a causa de la lucha contra la narcoguerrilla y las preocupaciones surgidas con el gobierno venezolano de Hugo Chávez, se ha acercado mucho a Estados Unidos hasta el punto ser copartícipes del Plan Colombia, una especie de alianza o colaboración militar que involucra más de mil millones de dólares y la intervención de decenas, sino centenares, de asesores norteamericanos en la guerra. La estrecha y decidida concurrencia de intereses impulsada muy hábilmente por el presidente Uribe puede dar a Colombia el apetecido fruto, que no es nuestro caso.
Acepto desde ya que en gran medida el contenido de este artículo no pasa de ser una mera aspiración mía, que estoy convencido que es también la de muchos más. Ojalá su lectura contribuya en alguna forma a dar inicio, o a respaldar si ya ha empezado, un movimiento entre la juventud, a fin de que ésta asuma el papel que le corresponde en la lucha contra la corrupción.
Erróneamente habíamos estimado que Estados Unidos no negociaría, al menos en el continente, más tratados bilaterales, sino que optaría por la vía más eficiente de los multilaterales o por bloques regionales, siguiendo el mismo esquema que con Centroamérica. Vislumbrábamos que agruparían a los países del Caribe y a los del Pacto Andino, para dejar al final a los "duros" del Mercosur, con Brasil y Argentina a la cabeza. Pero nos equivocamos pues, de las informaciones que nos vienen desde el extranjero, tanto de Washington como de Santa Fe de Bogotá, concluimos que el presidente Alvaro Uribe se las ha arreglado para que Colombia negocie bilateralmente con la potencia del Norte.
En efecto, en visita especial que hizo la semana pasada a Santa Fe de Bogotá el secretario norteamericano de Comercio Exterior, Robert Zoellick, tanto este funcionario como su par colombiano manifestaron que ambos países adelantarían conversaciones para el inicio de negociaciones en enero próximo las cuales concluirían al final de ese año.
¿Tenemos acaso un músculo negociador comparable al colombiano para aspirar a una negociación bilateral con Norteamérica? Mucho tememos que no. Tras el cese de la presencia militar estadounidense en nuestro suelo y la entrega del Canal, las relaciones con la potencia del Norte han ido a menos. Al contrario ha ocurrido con Colombia, que a causa de la lucha contra la narcoguerrilla y las preocupaciones surgidas con el gobierno venezolano de Hugo Chávez, se ha acercado mucho a Estados Unidos hasta el punto ser copartícipes del Plan Colombia, una especie de alianza o colaboración militar que involucra más de mil millones de dólares y la intervención de decenas, sino centenares, de asesores norteamericanos en la guerra. La estrecha y decidida concurrencia de intereses impulsada muy hábilmente por el presidente Uribe puede dar a Colombia el apetecido fruto, que no es nuestro caso.
Acepto desde ya que en gran medida el contenido de este artículo no pasa de ser una mera aspiración mía, que estoy convencido que es también la de muchos más. Ojalá su lectura contribuya en alguna forma a dar inicio, o a respaldar si ya ha empezado, un movimiento entre la juventud, a fin de que ésta asuma el papel que le corresponde en la lucha contra la corrupción.