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Los capitales de plazo fijo en Panamá


Muy a pesar de no poseer en ningún banco financiero un plazo fijo, no comparto el llamado de poner en ejercicio los capitales estancados para hacerle frente a la agobiante crisis económica que azota al país. Los plazo fijos, en su mayor parte, son la reserva económica que mantienen algunas personas garantizando su futuro y el de su familia, unos para la educación de sus hijos, otros para hacerle frente a cualquiera emergencia, para enfermedades caras y prolongadas. Por lo tanto, el llamado de poner en ejercicio esos capitales para hacerle frente a la agobiante crisis económica, resulta un poco difícil y peligroso, en vista de no existir un ambiente propicio y alentador para la inversión en ninguna actividad comercial o empresarial.
Es obvio que toda persona que haya acumulado un capital de manera honesta, con el sudor de su frente, en operaciones legales, o en la venta de un bien legítimo, vaya a exponer en una aventura su capital donde no hay ambiente propicio, incentivos para la inversión.
Cierto es, que combatir la crisis económica que azota al país, es tema y tarea que nos compete a todos los que vivimos en el país, pero no es menos cierto que el Gobierno como estamento principal de la nación y garante de la tranquilidad ciudadana le corresponde poner el ejemplo que sirva de estímulo ante los demás sectores de la sociedad a fin de contrarrestar la aguda crisis económica que nos consume. Ya es tiempo que de manera inmediata busque los mecanismos de manera coherente, humana y patriótica para hacerle frente a esta emergencia social, como bajar temporalmente el costo de los servicios públicos de electricidad, agua, teléfono, el combustible, los rubros principales, el costo burocrático en las operaciones y trámites en los actuales y futuros negocios, a fin de incentivar la inversión.
Para superar la crisis económica, el Gobierno solicita desesperadamente a los panameños que trabajen, que pongan sus capitales estancados de plazo fijo al servicio de la nación, sin considerar, de que el pueblo se siente asustado y preocupado al no haber ambiente para la inversión, no hay mercados expeditos para la producción, y aún existen monopolios de poderes económicos que asfixian a los pequeños.
Ante esta agobiante crisis económica, nada sería tan agradable para la patria y los panameños que sufren este flagelo, que la presidenta de la República le dijera al pueblo mediante un comunicado oficial, que ha acordado de manera temporal, la rebaja de sueldos a los altos funcionarios que más ganan en los tres poderes del Estado, además de eliminar una serie de privilegios, exoneraciones, viáticos y los viajes al exterior, al menos que sean imprescindibles y de gran provecho para la patria; su prestigio y economía, igual que otros cargos de relevancia moral, económica, política y patriótica, como el cuerpo diplomático acreditado en el exterior e instituciones autónomas, el Tribunal Electoral y el Ministerio Público, evitar hasta donde sea posible el escape de divisas económicas al exterior, a fin de que esas economías sean invertidas en la creación de empleos de emergencias con sueldos módicos a personas que no tengan el sustento de su familia hasta tanto se supere la crisis económica.
Ello vendría ante la faz del pueblo como un mensaje humano, social y patriótico ganándose como es natural el reconocimiento y los aplausos del pueblo panameño. Miremos la agobiante crisis económica como un desastre social entre los panameños, donde todos tenemos la obligación moral, humana y patriótica de aportar nuestros sacrificios de manera proporcional y cautelosa, donde el gobierno debe poner el ejemplo, evitando así el concepto de que el pueblo siempre ha sido el sacrificado mientras los que forman la burocracia estatal siguen gozando de sus grandes privilegios, beneficios y canonjías con los fondos emanados del Estado. Con esas medidas, aunque fuera un sacrificio simbólico, Dios, la patria y los panameños lo recibirían con agrado y esperanza.

101 años de Panamá América

 
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