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Los chicos malos y los chicos buenos


Después de muchas especulaciones sobre posibles acuerdos de mayorías parlamentarias el panorama se ha aclarado y el PRD controlará el "rgano Legislativo, por lo pronto, durante el primer año de labores de la nueva Asamblea. Si el acomodo que han logrado con Solidaridad resiste más de un año, estará por verse.
Y, como consecuencia, ha quedado planteada la batalla política que se iniciará tan pronto asuma la presidencia doña Mireya Moscoso.
Durante el lapso comprendido entre las pasadas elecciones y la instalación del nuevo gobierno, el PRD, bajo el control del presidente Pérez Balladares, con la colaboración sumisa de la bancada oficialista ha cometido desafueros sin límite, con el propósito, malsanamente calculado y ejecutado de sabotear al gobierno entrante.
Los legisladores que pasarán a ser la oposición el 1 de septiembre próximo, a los que después de una brevísima separación se han vuelto a integrar los del Partido Solidaridad, son prácticamente los mismos que ahora forman la bancada oficialista y su meta, antes de contribuir a la gobernabilidad, es utilizar el control de la Asamblea Legislativa, para recuperar el gobierno en las elecciones del 2004.
A ese objetivo no van a renunciar. Y, por tanto, no es lógico esperar que contribuyan al éxito del gobierno de la señora Moscoso, pues se les haría más difícil el ansiado retorno.
Desde hace ya buen rato, algunos miembros del entorno del nuevo Secretario General, y el propio Martín Torrijos, vienen tratando de convencer al país de que existen dos corrientes en el PRD; la de los "chicos malos" de Pérez Balladares, intolerante y obstruccionista; y la de MT, contemporizadora, dispuesta al diálogo y a contribuir a la gobernabilidad.
No hay ningún antecedente en la actuación política del señor Torrijos que justifique confiar en sus propósitos de enmienda. Baste recordar cuál fue su conducta durante el tiempo que formó parte del gobierno que está a punto de terminar. En su momento respaldó, sin chistar, todos los desmanes de su jefe y si durante la campaña electoral su bien orquestada propaganda trató de presentarlo como alguien diferente, nadie podrá recordar haberle escuchado opiniones contrarias a las de EPB.
Pero, además, sus socios políticos son los mismos que han compartido con el actual presidente la función de gobernar y "otras actividades colaterales"; y los fondos para su campaña multimillonaria provinieron de las mismas fuentes.
Los legisladores de la bancada de su partido son los mismos que se plegaron, obsecuentemente, a cuanto capricho y deseo les puso por delante el inquilino del Palacio de las Garzas.
Según el esquema que han tratado de vendernos, cuando EPB pase a ser un "ciudadano de a pie" y MT asuma la conducción efectiva del PRD, sobre la cual todavía gravita el presidente saliente, "los chicos malos" serán reemplazados por "los chicos buenos" y todos viviremos felices.
Antes de que sigamos avanzando hacia el país de los sueños, es prudente que examinemos los hechos, porque una cosa no lleva a la otra.
El actual presidente, aunque deje de serlo y tampoco sea el Secretario General no pasará a ser un pintado en la pared. Hasta ahora ha controlado, con poder absoluto, a la bancada oficialista y, sin duda, cuenta con seguidores y aliados entre los futuros legisladores de oposición que son, en un 90% reelectos.
El ex-candidato presidencial y ahora Secretario General no hereda, por el simple hecho de detentar el cargo un control semejante. EPB tuvo ese control, porque tenía el poder presidencial y esos son otros 500 pesos.
Si bien el acuerdo alcanzado para controlar la Asamblea Legislativa puede considerarse una victoria táctica para Martín Torrijos, también es cierto que ese acuerdo se produjo porque se juntaron el hambre con las ganas de comer. Tanto a los diferentes sectores del PRD como a sus ex-aliados vueltos al redil les conviene, pero eso no significa, en mi opinión que la luna de miel será permanente.
La futura bancada de oposición tendrá, cuando deje de estar sometida a los caprichos palaciegos, un poder más independiente, y ellos lo saben. Por eso, veo muy difícil que el nuevo Secretario General pueda convertirla en el coro de sumisos que cantaba según las notas de su anterior director de orquesta.
Y muchos menos veo posible que pueda darse la anunciada contribución a la gobernabilidad.
Ni Pérez Balladares renunciará a ejercer poder, por conducto de "sus legisladores" ni Torrijos tendrá el control de la Asamblea, por carecer de los medios de presión política y económica de que ha dispuesto el presidente saliente. Y los legisladores de la futura bancada mayoritaria de oposición jugarán sus cartas, ocasionalmente en favor de sus "dos jefes", pero, principalmente, en beneficio de sus propios intereses.

101 años de Panamá América

 
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