default

Los colores del cambio


Fue un grave error oficial pensar que el crecimiento económico era satisfactorio para la población, sin advertir que, por un lado, no se había redistribuido eficazmente las riquezas generadas; y que por otro, aún los beneficiados con un empleo o subsidios percibieran que alimentos, costos de combustible se encarecían, al mismo tiempo que se agravaba la inseguridad publica, la corrupción, la deficiencias del transporte colectivo, la salud y educación.

La gente no sintió que con el PRD le iba mejor, y más bien fueron las fallas del gobierno, más que sus logros, los elementos endosables a su propuesta electoral. Otro error, el resquebrajamiento de la unidad interna de ese partido con primarias generaron desgaste y división, contrario sensu de Martinelli, candidato único en su primaria. También, la falta de definición en el PRD de una propuesta popular, de clara opción por los excluidos, aspectos que recogió a su manera la Alianza para el Cambio (AC).

La AC gana porque capitalizó el descontento y el voto castigo contra el gobierno, aprovechando la tradición de los últimos veinte años donde siempre gana la oposición. Martinelli capitalizó la unidad de las fuerzas de oposición pero en torno a él, a través de una combinación de zanahorias y garrotes, combinando persuasión con una intimidatoria campaña mediática que sumó finalmente al panameñismo.

Una campaña mediática más anti que pro, con un arsenal de recursos destinada a socavar adversarios, dio pie a una generalizada batalla de mensajes negativos, y de promesas con claves similares del torneo 2004. El cero corrupción por lo de limpios y millonarios; más seguridad por calles seguras, etc. Un eje fundamental fue lo antipolítico, pues se achacó a los partidos y la política la causa principal de los problemas, siendo paradójicamente Martinelli y muchos de sus aliados parte constitutiva de la “clase” política. Una variable inesperada, GMC, apareció devastadoramente como un rayo en un día despejado.

Vivimos una democracia de baja calidad que cobijó el contexto electoral. Una débil institucionalidad democrática, espacios políticos reducidos, sociedad civil débil, cultura política degradada y panorama electoral plutocratizado. Imperó la exclusión política y legal de nuevos partidos e independientes por lo que el menú electoral fue limitado y excluyente de otras posibilidades y alternativas.

El cambio fue la piedra de toque, y casi un millón de votos lo avaló abrumadoramente. Pero no existe un cheque en blanco, pues las expectativas y las demandas ciudadanas por el cambio son altísimas e igual la responsabilidad de los gobernantes tanto en el Ejecutivo y Legislativo (AC) como en el plano local (PRD).

Los que acceden al gobierno es un poderoso sector empresarial que prometió atacar pobreza, corrupción, exclusión de manera contundente. ¿Lograrán poner los intereses del pueblo por encima de sus intereses económicos y políticos?

¿Existirá la capacidad de cambio real del nuevo gobierno en relación con las falencias y errores heredados del anterior? ¿Una visión de Estado en los aspectos positivos de las gestiones gubernamentales del gobierno que termina y el que comienza? ¿Capacidad de innovar y dinamizar lo social en el marco de un país que debe desarrollarse integralmente y no sólo crecer económicamente?

Con respuestas negativas tendremos un escenario donde prevalecerá la subordinación de las  políticas sociales a las políticas económicas neoliberales, o la prevalencia de los intereses del mercado, o la preferencia de acciones puntuales, asistencialistas o clientelistas en lugar políticas públicas construidas participativamente y blindadas contra la corrupción en el marco de un proyecto nacional integral, justo y ambientalmente sostenible.

raulleisr@hotmail.com

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América