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Los cortes de cintas polítiqueros


Finalmente, y con un retraso de más de once años, se abrió al público el segundo tramo del Corredor Norte, obra pública otorgada en concesión desde el gobierno de Ernesto Pérez Balladares a la compañía mexicana PYCSA.

Esa, que debiera ser una noticia de júbilo, no tanto por el injustificado retraso del concesionario en cumplir los términos acordados inicialmente con el Estado panameño, sino por la necesidad de descongestionar el pesado tráfico vehicular en ese populoso sector de la urbe capitalina, está matizada, sin embargo, por deficiencias notables en la supervisión de la obra por parte del Ministerio de Obras Públicas, así como la evidente pretensión de utilizar en beneficio político del gobierno la prematura apertura.

Como si todo lo anterior fuera poco, resulta altamente sospechoso que el recorrido por un tramo de la nueva carretera se haya concedido gratuitamente a los usuarios, precisamente hasta el domingo 3 de mayo, día de las elecciones generales. ¿Por qué no hasta el 30 de abril? o ¿por qué no hasta el 30 de junio, como en la autopista Arraiján - La Chorrera? La gente, ante una injustificable actitud, tiene todo el derecho de hacer sus conjeturas.

Definitivamente que la inauguración anticipada de las obras públicas es una mala práctica administrativa, que debe evitarse a toda costa, más aún cuando la seguridad de los ciudadanos se pone en peligro, como parece ser el caso de esta vía.

101 años de Panamá América

 
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