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Los críticos del liberalismo


Ciudad de Guatemala (AIPE)- Los críticos dicen que quienes abogan por la economía de mercado hablan de utopías, de mercados perfectos y de libertad absoluta. Es difícil explicar la insistencia de poner palabras en boca ajena para después criticar. Podría ser ignorancia debido a que su rechazo al mercado, al liberalismo, les impide leer los argumentos liberales, pues el liberalismo es realista, basándose en una premisa contraria a la utopía: la imperfección del hombre y del mundo. Poner palabras en boca ajena podría ser simplemente estratégica ideológica para desacreditar, en cuyo caso es deshonestidad intelectual. Podría ser un irresistible nihilismo. O podría ser sincero rechazo a la igualdad ante la ley, fundamento del liberalismo, debido a que de esa igualdad ante la ley se derivan resultados desiguales. No cesan de atribuirles falsas posturas a los liberales. Quizá por ello no citan fuentes.
Los liberales sostienen que lo prioritario es tener un sistema legal basado en normas generales de convivencia. Esto es inaceptable para la izquierda que aboga por intervención discrecional de los gobiernos para "componer" las cosas. Los liberales saben que si la ley trata a todos por igual, los resultados serán desiguales, pero ante esa disyuntiva escogen igualdad ante la ley y no de resultados.
Fueron liberales quienes promovieron límites al poder absoluto de los reyes, la división de poderes, la democracia moderna, los derechos individuales y la tolerancia religiosa. Rechazan la imposición de modelos que destruyen derechos de unos a favor de privilegiados para otros. Reclaman reglas de conducta justas como las de religiones milenarias: los diez mandamientos, la ley de oro, "no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti". Creen en el cuidado del menesteroso, la solidaridad, la caridad privada y de las iglesias, no coercitiva del gobierno que desalienta la privada y fomenta indigencia y corrupción.
Abogan por la economía de mercado porque es el voluntario y pacífico actuar de las personas bajo normas de conducta generales y no casuísticas. No se basan en utopías que aspiran compensar lo que cada quién percibe como imperfección, tales como las desigualdades de la naturaleza, pues no todos nacen con igual salud, inteligencia o talento, ni en el mismo lugar o momento de prosperidad. Reconocen la escasez natural de todo, aún del tiempo, y la infinita diversidad de complejas relaciones económicas cotidianas bajo limitaciones y constreñimientos, costos de transacción y de información dispersa y asimétrica, externalidades positivas y negativas, etc., todo lo cual es imposible de conocer y de prever para así poder dirigir el quehacer de la sociedad entera. La economía de mercado no es un modelo, no es una teoría simplista que se basa en la idea de confiar el gobierno a hombres sabios, buenos y honrados que perfeccionarán el mundo, ordenando nuestra forma de vivir a su manera. Por ello los liberales creen en gobiernos basados en reglas de conducta y no en directrices.
Muchos izquierdistas colectivistas creen que ha existido liberalismo en América Latina porque no han sabido distinguir entre liberalismo y el mercantilismo que se basa en privilegios privados y economía dirigida por los políticos. Este es el sistema que ha existido desde tiempos coloniales y la causa de nuestra pobreza y corrupción.
Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.
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