Los debates presidenciales
En las pasadas elecciones los 6 candidatos presidenciales teníamos en los dos últimos meses de campaña prácticamente todas las semanas participaciones en algún foro de opinión. El 7o. candidato, doña Mireya Moscoso, se excusó de asistir a los mismos. La divulgación de los diferentes planes de los aspirantes a la Presidencia de la República era muy apreciada por la ciudadania y discutida ampliamente la viabilidad de los mismos.
Las exposiciones se hicieron siempre con gran respeto, con altura y los distintos programas de gobierno se analizaban muy a fondo. No hubo, que yo recuerde, en los mismos, ningún ataque personal. Fue el respeto la tónica que en ellos se dio.
Asistí a debatir mis ideas a APEDE, ILDEA, Clubes Cívicos, Asociación Médica Nacional, Universidades de Panamá y Santa María, Conferencia Episcopal, Usuarios de la Zona Libre de Colón, Asociación de Empleados de la Zona del Canal, entre otros grupos gremiales y profesionales. En casi todos se hicieron presentes los otros distinguidos aspirantes presidenciales.
Estas presentaciones requerían, por supuesto, una adecuada preparación, un conocimiento amplio de la materia, gran concentración y agilidad mental. Las audiencias eran, por lo regular, de un alto nivel intelectual.
Siempre he considerado que esos debates en que nos presentamos los 6 candidatos (el 7o. como he dicho se negó a asitir a ellos) y en los cuales nos dedicamos a "vender" nuestros planes de gobierno, contribuyeron en mucho a elevar el tono de la discusión política y la campaña se desarrolló, salvo un par de incidentes propagandísticos muy censurables, dentro de un marco de respeto y tolerancia.
Don Luis Barraza de Freitas, prestigioso dirigente empresarial, fallecido recientemente, me hizo llegar el 17 de mayo de 1994 una amable nota de felicitaciones por mi comportamiento en la campaña, en la cual decía, entre otras cosas, "que el nivel de madurez política demostrado por los candidatos a la Presidencia de la República en las pasadas elecciones, así como la pureza del proceso electoral han contribuido a la consolidación de las instituciones democráticas del país". Carta en igual sentido recibí el 2 de junio de 1994 del entonces Presidente electo Dr. Ernesto Pérez Balladares "fue una campaña electoral ardua, me manifestó, pero extraordinariamente cívica en la cual todos (los candidatos presidenciales) nos esmeramos en presentarle las mayores oportunidades de trabajo a nuestro pueblo".
En esta ocasión los debates parecen inciertos. Puedo asegurarles a los que se nieguen a hacerlo que están asumiendo una posición equivocada. El pueblo es cada día más exigente y no creen en promesas, ni en planes grandiosos, pero irrealizables, sino en propuestas serias y viables. Quiere el elector ver a sus candidatos discutir y defender sus planes de gobierno y poder identificarse con los mismos. Aspira ese votante comprobar, por percepción propia en esos debates, el conocimiento, capacidad, honestidad y hasta el estilo de enfrentarse en una discusión programática de quien aspire a obtener su respaldo.
Señores candidatos los debates en una democracia son fundamentales. Los folletos y cuadernillos que recogen los planes de los candidatos, no son suficiente, son fríos, sin calor humano y carentes de personalidad. Nadie pierde con divulgar sus ideas y defenderlas con coraje, con sinceridad y pleno conocimiento. El no hacerlo abiertamente y con entusiasmo en todos los foros pondría en duda los propósitos que deben animar a quienes aspiran a ocupar la Presidencia de la República.
Los tres candidatos tienen que demostrar altura y dejar de lado la pequeñez y el cálculo. Es el pueblo quien decidirá cuál es el merecedor de su confianza y de su voto. Para ser Presidente se requiere, entre otras cosas, mucha valentía y si alguien demuestra timidez en la defensa de sus propias ideas, estará decepcionando a muchos de sus simpatizantes dejando dudas sobre su capacidad de enfrentarse a situaciones de confrontración.
Las exposiciones se hicieron siempre con gran respeto, con altura y los distintos programas de gobierno se analizaban muy a fondo. No hubo, que yo recuerde, en los mismos, ningún ataque personal. Fue el respeto la tónica que en ellos se dio.
Asistí a debatir mis ideas a APEDE, ILDEA, Clubes Cívicos, Asociación Médica Nacional, Universidades de Panamá y Santa María, Conferencia Episcopal, Usuarios de la Zona Libre de Colón, Asociación de Empleados de la Zona del Canal, entre otros grupos gremiales y profesionales. En casi todos se hicieron presentes los otros distinguidos aspirantes presidenciales.
Estas presentaciones requerían, por supuesto, una adecuada preparación, un conocimiento amplio de la materia, gran concentración y agilidad mental. Las audiencias eran, por lo regular, de un alto nivel intelectual.
Siempre he considerado que esos debates en que nos presentamos los 6 candidatos (el 7o. como he dicho se negó a asitir a ellos) y en los cuales nos dedicamos a "vender" nuestros planes de gobierno, contribuyeron en mucho a elevar el tono de la discusión política y la campaña se desarrolló, salvo un par de incidentes propagandísticos muy censurables, dentro de un marco de respeto y tolerancia.
Don Luis Barraza de Freitas, prestigioso dirigente empresarial, fallecido recientemente, me hizo llegar el 17 de mayo de 1994 una amable nota de felicitaciones por mi comportamiento en la campaña, en la cual decía, entre otras cosas, "que el nivel de madurez política demostrado por los candidatos a la Presidencia de la República en las pasadas elecciones, así como la pureza del proceso electoral han contribuido a la consolidación de las instituciones democráticas del país". Carta en igual sentido recibí el 2 de junio de 1994 del entonces Presidente electo Dr. Ernesto Pérez Balladares "fue una campaña electoral ardua, me manifestó, pero extraordinariamente cívica en la cual todos (los candidatos presidenciales) nos esmeramos en presentarle las mayores oportunidades de trabajo a nuestro pueblo".
En esta ocasión los debates parecen inciertos. Puedo asegurarles a los que se nieguen a hacerlo que están asumiendo una posición equivocada. El pueblo es cada día más exigente y no creen en promesas, ni en planes grandiosos, pero irrealizables, sino en propuestas serias y viables. Quiere el elector ver a sus candidatos discutir y defender sus planes de gobierno y poder identificarse con los mismos. Aspira ese votante comprobar, por percepción propia en esos debates, el conocimiento, capacidad, honestidad y hasta el estilo de enfrentarse en una discusión programática de quien aspire a obtener su respaldo.
Señores candidatos los debates en una democracia son fundamentales. Los folletos y cuadernillos que recogen los planes de los candidatos, no son suficiente, son fríos, sin calor humano y carentes de personalidad. Nadie pierde con divulgar sus ideas y defenderlas con coraje, con sinceridad y pleno conocimiento. El no hacerlo abiertamente y con entusiasmo en todos los foros pondría en duda los propósitos que deben animar a quienes aspiran a ocupar la Presidencia de la República.
Los tres candidatos tienen que demostrar altura y dejar de lado la pequeñez y el cálculo. Es el pueblo quien decidirá cuál es el merecedor de su confianza y de su voto. Para ser Presidente se requiere, entre otras cosas, mucha valentía y si alguien demuestra timidez en la defensa de sus propias ideas, estará decepcionando a muchos de sus simpatizantes dejando dudas sobre su capacidad de enfrentarse a situaciones de confrontración.