Los Derechos Humanos
El hombre en términos generales no puede negarse que atraviesa por graves coyunturas y está enfrentando difíciles dilema en este mundo cambiante.
Uno de los temas más relevantes que preocupan al mundo contemporáneo tiene relación con los Derechos Humanos, que constituyen un eslabón importante en la filosofía de la vida que ayuda a respetarnos recíprocamente y a convivir en una gradual y responsable armonía.
La vigencia de un Estado democrático, aunque ello sea, en muchos aspectos, más formal que real, plantea una realidad conflictiva entre una minoría que delinque y una mayoría que luce indefensa e impotente. Esta confrontación sugiere un problema de valores que atañe a la sociedad en pleno.
Este problema de valores consiste en que los pocos que cometen toda clase de violaciones a la Ley pueden tener más derechos que sus víctimas.
Es justo garantizarle a todo procesado el trato jurídico correspondiente, de manera oportuna y ágil. Pero iguales o más derechos deben tener a su favor quienes sí respetan el sistema de vida o sociedad.
Si en el país se agitan más comités y asociaciones para la protección y defensa de los ciudadanos, resultaría menos atractivo el bando de aquellos pocos que siempre tienen defensores gratuitos y a tiempo completo.
La alarmante criminalidad que crece en todo el país, especialmente en la ciudad capital, plantea un dilema de seguridad pública para los panameños, que ante la importancia de las autoridades para combatir el crimen; se añade los tradicionales defensores de los derechos humanos de los delincuentes.
Cuando vemos estas cosas nos preguntamos: ¿quiénes se preocupan por los derechos humanos de los desaparecidos, de los niños maltraídos o violados o por aquellos que pierden sus bienes o sufren lesiones?
Para que disfrutemos una sociedad libre y con una familia en pleno goce de su vida, es necesario que el Estado tenga y ejecute una política coherente en materia de Derechos Humanos. Por Ejemplo, que los recientes carcelarios están mal construidos y se siente la ausencia de nuevas estructuras; pero qué decir de los miles de panameños (as) que no tienen derechos a un techo digno para vivir y criar a sus hijos.
La falta de garantías del Gobierno para proporcionar la seguridad social a sus conciudadanos, merece revisar la otra cara de la moneda e insertarnos en nuevas estrategias que conlleven a controlar, al menos, los ámbitos de la violencia.
Como legisladores de la República nos preocupa la lentitud de la justicia penal, cómplice en algunas casos a la criminalidad; sin embargo consideramos que aunque esta mano de la democracia está como la canción de Shakira "Ciega, loca, sorda y mucha" caminará hacia delante para beneficios de todos los panameños.
Ante la espiral de violencia urbana, que ya empieza a ramificarse a lo largo y ancho del País, debemos adelantar medidas (familiares, cívicas y legales) para controlar la comisión de delitos y resguardar con esto el derecho de aquellos que sufren o sufrieron las acciones de los ciudadanos que están tras los muros.
Todos juntos, autoridades y sociedad civil, tenemos que encarar este reto de manera decidida y urgente, porque mañana podría ser demasiado tarde.
Uno de los temas más relevantes que preocupan al mundo contemporáneo tiene relación con los Derechos Humanos, que constituyen un eslabón importante en la filosofía de la vida que ayuda a respetarnos recíprocamente y a convivir en una gradual y responsable armonía.
La vigencia de un Estado democrático, aunque ello sea, en muchos aspectos, más formal que real, plantea una realidad conflictiva entre una minoría que delinque y una mayoría que luce indefensa e impotente. Esta confrontación sugiere un problema de valores que atañe a la sociedad en pleno.
Este problema de valores consiste en que los pocos que cometen toda clase de violaciones a la Ley pueden tener más derechos que sus víctimas.
Es justo garantizarle a todo procesado el trato jurídico correspondiente, de manera oportuna y ágil. Pero iguales o más derechos deben tener a su favor quienes sí respetan el sistema de vida o sociedad.
Si en el país se agitan más comités y asociaciones para la protección y defensa de los ciudadanos, resultaría menos atractivo el bando de aquellos pocos que siempre tienen defensores gratuitos y a tiempo completo.
La alarmante criminalidad que crece en todo el país, especialmente en la ciudad capital, plantea un dilema de seguridad pública para los panameños, que ante la importancia de las autoridades para combatir el crimen; se añade los tradicionales defensores de los derechos humanos de los delincuentes.
Cuando vemos estas cosas nos preguntamos: ¿quiénes se preocupan por los derechos humanos de los desaparecidos, de los niños maltraídos o violados o por aquellos que pierden sus bienes o sufren lesiones?
Para que disfrutemos una sociedad libre y con una familia en pleno goce de su vida, es necesario que el Estado tenga y ejecute una política coherente en materia de Derechos Humanos. Por Ejemplo, que los recientes carcelarios están mal construidos y se siente la ausencia de nuevas estructuras; pero qué decir de los miles de panameños (as) que no tienen derechos a un techo digno para vivir y criar a sus hijos.
La falta de garantías del Gobierno para proporcionar la seguridad social a sus conciudadanos, merece revisar la otra cara de la moneda e insertarnos en nuevas estrategias que conlleven a controlar, al menos, los ámbitos de la violencia.
Como legisladores de la República nos preocupa la lentitud de la justicia penal, cómplice en algunas casos a la criminalidad; sin embargo consideramos que aunque esta mano de la democracia está como la canción de Shakira "Ciega, loca, sorda y mucha" caminará hacia delante para beneficios de todos los panameños.
Ante la espiral de violencia urbana, que ya empieza a ramificarse a lo largo y ancho del País, debemos adelantar medidas (familiares, cívicas y legales) para controlar la comisión de delitos y resguardar con esto el derecho de aquellos que sufren o sufrieron las acciones de los ciudadanos que están tras los muros.
Todos juntos, autoridades y sociedad civil, tenemos que encarar este reto de manera decidida y urgente, porque mañana podría ser demasiado tarde.