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Los desafíos de Martín


Dios está soplando a favor de Martín Torrijos, y no por obra y gracia de ningún predicador. Las encuestas, esas tendencias o intenciones coquetas, escurridizas, cambiantes, le favorecen hoy ampliamente (a pesar de las rabias de José Miguel Alemán, quien sólo desea mirar al candidato perredista como "un chiquillo con ínfulas de presidente", como si él no pudiera ser llamado un "niño consentido de papá rico").
Naturalmente, a 12 largos meses de las elecciones, esas fotos que son las encuestas pueden cambiar, moverse, especialmente cuando se defina el cuadro firme de quiénes son los candidatos presidenciales.
Tenemos varios factores políticos determinantes: cuál será el candidato arnulfista en definitiva, cuáles sus perfiles para consolidar sus propios votos, atraer independientes y billete para campaña; y otro asunto importantísimo es hacia dónde toma, finalmente, el MOLIRENA que, aunque sabemos que no tiene vocación como para abandonar sus cuotas de poder actual, sin embargo ha dejado entrever por medio de su presidente, Don "Maco" Rosas, "estar sopesando todas las posibilidades electorales, incluso con el PRD".
Martín tiene que saber, y ya se lo demostró la elección pasada, que lo único seguro que tiene son los votos de sus coopartidarios y simpatizantes, que números más números menos oscilan por un 35% del electorado. Ese 10 a 12% que les hace falta, y que hoy le hace un guiño de ojo, es un electorado que se suma y se resta con facilidad, según los vientos que sientan; es decir, son unos 50 mil a 250 mil votos aproximadamente que no son de fiar, y son precisamente los que necesita para ganar. No son de fiar por varias razones: no son perredés, no son "torrijistas" (aunque tampoco deben ser anti), nada le deben, nada importante pueden esperar, no tienen asientos fijos en la fiesta y serán impactados a votar según percepciones especialísimas, heterogéneas, variantes y caprichosas, incluso.
En el arnulfismo las cosas, en mi opinión, variarán mucho una vez definido el candidato: Creo que mantendrán un 15% a 18% del electorado, su cuota natural, pero tal cosa dependerá del daño que les haga la candidatura de Guillermo Endara (quien, por su parte, debe sentirse feliz con la intención de voto alta, entre un 25 a 30% ahora mismo).
Lo que debe significar la diferencia en el arnulfismo será cuál de los aspirantes actuales es elegido por Doña Mireya y sus convencionales que ella, indudablemente, domina. En mi opinión, para "los independientes" no es lo mismo que salga un adusto y seco Víctor Juliao o una figura sin pegada, con sabor a perdedor, como la de José Miguel, que la del ambicioso joven legislador y atleta de aventuras peligrosas Marco Ameglio.
De ellos, el más peligroso para Torrijos y Endara, en mi concepto, es Ameglio, porque le coloca a Martín especialmente un modelo generacional parecido al de él: joven empresario, y con la ñapa del billete familiar y el que puede recoger entre sus pares. Creo que por algo, en sus reuniones, hemos visto a Ivonne Young; al secretario general del Partido Arnulfista, Carlos Raúl Piad; y al propio Germán Vergara, presidente de dicho colectivo político.
Con las máquinas del gobierno, siempre se ha sabido, se hace muchísimo. Por ello, el que crea que en los números de mayo de 2003 ese partido se quedará con el 5 ó 6 por ciento que hoy suman sus precandidatos, es muy ingenuo.
Pienso que con la candidatura de Endara, y la que muestre oficialmente el arnulfismo, el perredé debe esperar, con lógica, una baja relativa en las encuestas, donde suban los números del arnulfismo, se mantenga o suba un poquito los de Endara, y descienda algo los del perredé, y el candidato ganador del torneo venidero se sitúe por el orden de un 42%. Dicho en términos de cábala, los resultados podrían ser, según las actuales tendencias, más o menos así: Martín Torrijos 42%, Guillermo Endara 32%, el candidato arnulfista 15%.
Un aproximado de 7% de abstención y un 3% de votos nulos, harían el resultado final. Pero, como ya lo ha dicho la historia, en las elecciones como en el fútbol, todo lo define el último silbato. Y hasta aquel día de las maracas, toda celebración anticipada podría convertirse en una mueca dolorosa. Lo único seguro es lo inseguro que es la política.

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