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Los desocupados de Colón


Desde entonces, la zona franca, el puerto de Cristóbal y las bases militares del Atlántico, con el Fuerte Sherman a la cabeza, ayudaron a establecer un saludable equilibrio que complementaba con el tránsito naviero y la carretera transístmica Boyd Roosevelt. Colón vivió entonces momentos de gloria que terminaron con el gradual retiro norteamericano de las bases.
Los colonenses nunca se prepararon para la transición. Cuando se vieron privados del tránsito de marinos y la propina de soldados, sumados al contrabando proveniente de las bases y la Zona Libre, se dedicaron -en gran número- al asalto y robo de propios y extraños, provocando un círculo vicioso de pobreza del que no salen hasta ahora, pues entre más crímenes, habrá menos visitantes y menos empleos, lo que a su vez provoca más delito, y así sucesivamente hasta el infinito.
Por eso llegamos al estado actual; no es culpa de ningún gobierno en particular. Y en eso, sin embargo, el régimen militar que gobernó al país entre 1968 y 1989 jugó un papel funesto. Hasta que vino la globalización y cambió las reglas. El mundo y las oportunidades son para los más eficientes y más capaces.
Surgieron entonces los grupos de desempleados cuyo trabajo es manifestarse en las calles. Ninguno está preparado para nada, la mayoría carece de vocación laboral. Para los pocos que la tienen y se prepararon, hay trabajo y oportunidades. A los empresarios les agradaría contratar a personal local porque se ahorraría el costo del transporte desde la capital, el cual se incorporan a los salarios con sus costos sociales o se cubren por separado como viáticos. Pero como dijo el vicepresidente Vallarino, no están laboralmente preparados para nada.
El gobierno de la Presidenta Moscoso les ha ofrecido 800 becas de adiestramiento mientras trabajan, pero los desempleados las rechazaron. La mandataria ha advertido que no regalará el dinero a nadie, salvo que lo gane trabajando. Y le asiste en ello toda razón. Los colonenses deben fortalecer su disposición al trabajo, a la honradez y al estudio. En fin, "¡a agachar el lomo!" La violencia no conduce a nada, salvo al círculo vicioso de menos inversión, más desempleo y más pobreza.


101 años de Panamá América

 
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