Los dos millones y medio de la esperanza
La oposición venezolana logró por fin validar casi dos millones y medio de firmas necesarias para realizar el próximo 8 de agosto el ansiado referéndum revocatorio donde estará en juego la presidencia del mandatario Hugo Chávez. El hecho fue reconocido por el Consejo Nacional Electoral, que antes había invalidado un primer intento por reunir el mínimo de firmas necesario, alegando irregularidades. Este primer rechazo había provocado masivas manifestaciones y choques callejeros que pusieron el país al borde de una guerra civil y riesgo de una intervención extranjera.
La Constitución Bolivariana, impulsada por el propio Chávez, incluye el novedoso mecanismo de la revocatoria del mandato presidencial por referéndum siempre que se reúna al menos un 20% del total de electores. Para que opere la salida del poder del presidente, sería necesario no sólo una mayoría de votos, sino que supere la cifra de sufragios obtenidos por el mandatario para ganar la Presidencia, o sea, superar los 3.76 millones de votos en el referéndum, a más de ganarlo.
De emerger victoriosa la oposición en el referéndum y ser revocado el poder de Chávez, correspondería al vicepresidente Rangel completar el resto de los seis años de mandato de Chávez, lo cual no es del agrado de la oposición, que habría preferido que se convocara a nuevas elecciones. En uno y otro caso, de perder el referéndum, Chávez tendría que irse.
Acceder a la consulta no fue obra de iluminación del entendimiento del presidente, sino el resultado de fortísimas presiones internacionales, sobre todo de la Organización de Estados Americanos (OEA), cuyo papel a favor de Chávez y la institucionalidad democrática fue decisiva para frustrar el golpe de estado que hace dos años sufriera el mandatario. Habiendo negado la OEA toda legitimidad a los golpistas, el movimiento se ahogó entre sus propias filas.
En fin, el presidente Chávez va de mala gana hacia el referéndum revocatorio. Será irónicamente el primero en probar la fórmula de su propio recetario constitucional. Pero ha de estar claro en que es tan sólo una esperanza de días mejores, porque del pueblo venezolano dependerá quién gana. Chávez ha perdido un asalto, no la pelea. Hay mucho por hacer.
Lejos de nuestro pensamiento pedagógico el concebir que la producción de la riqueza es menguada faena y despreciable. La riqueza y bienestar social son necesarios para el logro del armónico progreso de los pueblos, pero ellos deben ser el vehículo de oro para la rápida movilización del pensamiento y no del pesado lastre que entorpezca el dilatado vuelo del espíritu.
Y, puesto que de la producción de la riqueza hemos hablado, es fácil comprender que para constituir la prosperidad pública no basta el capital ni las obras materiales construidas si no se capacita el elemento humano para su aprovechamiento; no bastan los recursos naturales si nuestro pueblo es inhábil para explotarlos debidamente. De ahí por que tantas veces hayamos afirmado que la Planificación Integral de la Educación Panameña constituye la base científica de la reconstrucción económica y social del país.
La mejor solución a los graves problemas nacionales es: ¡Educar!
La Constitución Bolivariana, impulsada por el propio Chávez, incluye el novedoso mecanismo de la revocatoria del mandato presidencial por referéndum siempre que se reúna al menos un 20% del total de electores. Para que opere la salida del poder del presidente, sería necesario no sólo una mayoría de votos, sino que supere la cifra de sufragios obtenidos por el mandatario para ganar la Presidencia, o sea, superar los 3.76 millones de votos en el referéndum, a más de ganarlo.
De emerger victoriosa la oposición en el referéndum y ser revocado el poder de Chávez, correspondería al vicepresidente Rangel completar el resto de los seis años de mandato de Chávez, lo cual no es del agrado de la oposición, que habría preferido que se convocara a nuevas elecciones. En uno y otro caso, de perder el referéndum, Chávez tendría que irse.
Acceder a la consulta no fue obra de iluminación del entendimiento del presidente, sino el resultado de fortísimas presiones internacionales, sobre todo de la Organización de Estados Americanos (OEA), cuyo papel a favor de Chávez y la institucionalidad democrática fue decisiva para frustrar el golpe de estado que hace dos años sufriera el mandatario. Habiendo negado la OEA toda legitimidad a los golpistas, el movimiento se ahogó entre sus propias filas.
En fin, el presidente Chávez va de mala gana hacia el referéndum revocatorio. Será irónicamente el primero en probar la fórmula de su propio recetario constitucional. Pero ha de estar claro en que es tan sólo una esperanza de días mejores, porque del pueblo venezolano dependerá quién gana. Chávez ha perdido un asalto, no la pelea. Hay mucho por hacer.
Lejos de nuestro pensamiento pedagógico el concebir que la producción de la riqueza es menguada faena y despreciable. La riqueza y bienestar social son necesarios para el logro del armónico progreso de los pueblos, pero ellos deben ser el vehículo de oro para la rápida movilización del pensamiento y no del pesado lastre que entorpezca el dilatado vuelo del espíritu.
Y, puesto que de la producción de la riqueza hemos hablado, es fácil comprender que para constituir la prosperidad pública no basta el capital ni las obras materiales construidas si no se capacita el elemento humano para su aprovechamiento; no bastan los recursos naturales si nuestro pueblo es inhábil para explotarlos debidamente. De ahí por que tantas veces hayamos afirmado que la Planificación Integral de la Educación Panameña constituye la base científica de la reconstrucción económica y social del país.
La mejor solución a los graves problemas nacionales es: ¡Educar!