Los errores en Kosovo
Washington /AIPE.- El camino al infierno está empedrado con buenas intenciones. Ese es el camino en que avanzamos en Yugoslavia y es necesario que los líderes republicanos nos muestren un mejor destino.
El hecho de que tantos congresistas republicanos apoyan la fracasada política de la Casa Blanca hace que las críticas no sean partidistas. Pero hay que impedir que Kosovo se convierta en el peor fracaso de nuestra política internacional desde Bahía de Cochinos.
Debemos tener el coraje y la inteligencia para detener la carnicería de esta mal concebida guerra y proceder a construir una solución diplomática.
Lo difícil es lograrlo sin premiar el despreciable comportamiento de Milosevic y al mismo tiempo mantener la credibilidad de Estados Unidos. La alternativa es seguirnos hundiendo en este sangriento pantano, creyendo que no hay otra salida que la de continuar la guerra, no importa el costo en vidas y sufrimiento.
Se trata de difíciles planteamientos para los republicanos, quienes tienden a responder emotivamente en respaldo de nuestras tropas, cuando la vida de soldados peligran. Esa posición nos dificulta aún más conseguir una salida. Pero es necesario mostrarle al mundo que esta no será la política extranjera de Estados Unidos en el siglo XXI.
Se me ocurren sólo dos razones serias por las cuales Estados Unidos consideró transformar la OTAN de una exitosa alianza defensiva en agente de acción ofensiva. La más débil es la razón humanitaria. La situación humanitaria en Kosovo era grave, pero se convirtió en una verdadera catástrofe humana cuando comenzaron los bombardeos. Además, las violaciones a los derechos humanos en Kosovo no eran ni siquiera de la misma gravedad de las sufridas en recientes y actuales guerras civiles en otras regiones del mundo. Si son las razones humanitarias lo que justifica la intervención de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en Kosovo, entonces realmente nos convertiremos en la policía del mundo entero.
La otra razón: respaldar la expansión de la OTAN para convertirla en la fuerza policial del mundo y, para lograrlo, jugarse la credibilidad de Estados Unidos. Eso significa que ahora hay que proceder a obtener la victoria a cualquier precio, para preservar nuestra credibilidad. Henry Kissinger cree que los bombardeos son un error, pero que una vez comenzados no se pueden suspender ni retirarnos de la pelea porque estaríamos estimulando el banqueo étnico en el mundo. Esa es la razón que Kissinger da para violar la soberanía serbia y crear un Kosovo independiente. Pero, al mismo tiempo, Kissinger reconoce que estaríamos entonces asumiendo el mismo papel desdeñable que antes jugaron el imperio otomano y el imperio austro-húngaro en los Balcanes. Según Kissinger no queda otra salida una vez que el presidente Clinton inició esta desastrosa intervención.
Muchos otros líderes republicanos como Elizabeth Dole, Steve Forbes, George W. Bush y John McCain también concluyen que una vez involucrados, por muy débiles que sean las razones que nos impulsaron a hacerlo, tenemos que ganar la guerra militarmente.
Por el contrario, yo estoy convencido que seguir la guerra es infinitamente más peligroso. Los otros se basan en la falsa premisa que la paz del mundo depende de que en todas partes se crea que los norteamericanos estamos dispuestos a tomar las armas para preservar la paz.
Pero la paz mundial no puede depender de las amenazas de violencia, bombardeos y fanfarroneo del presidente Clinton. Si ésta va a ser la política extranjera de Estados Unidos en el nuevo siglo, estamos en verdaderos problemas.
Armar a los guerrilleros de la KLA tampoco es la solución. Esa política tuvo éxito en Centroamérica porque nos estábamos aliando para combatir un enemigo común, el comunismo. No hay enemigo común hoy en los Balcanes. La KLA obtiene fondos del narcotráfico y, según el propio Departamento de Estado, es un grupo terrorista, por lo que el apoyo de Estados Unidos sería una invitación para que otros grupos terroristas musulmanes embistan contra cristianos. Estaríamos ni más ni menos fomentando levantamientos en Irlanda, el país Vasco, Quebec, Turquía, etc.
Creo que debemos buscar la colaboración de Rusia para terminar el conflicto y transformar la propuesta de Rambouillet en una estructura funcional. Si suspendiéramos los bombardeos, creo que Belgrado aceptaría suspender el conflicto, retirar sus soldados de Kosovo, aceptar alguna forma de cogobierno en esa provincia y el retorno de los refugiados a sus hogares. La única condición de Rambouillet que los serbios rechazaron fueron las tropas de la OTAN patrullando Kosovo.
Nuestra mejor esperanza de paz en los Balcanes es prosperidad económica en la región. Fueron las desastrosas políticas del Fondo Monetario Internacional las que crearon un polvorín en los Balcanes al fin de la Guerra Fría, llevando a Yugoslavia a la bancarrota, destruyendo su economía y creando desempleo y miseria. Debemos impedir que el FMI regrese.
Nuestro Estado Mayor se oponía a la guerra por no estar en juego ningún interés fundamental de Estados Unidos, a la vez que comprendía que el presidente Clinton exigía una solución militar a lo que en realidad es un problema político y económico. Con tan mal inspirado machismo, Estados Unidos ha contribuido a empeorar y no a mejorar la situación en Kosovo.
Ex candidato a la vicepresidencia de Estados Unidos en la última elección.
El hecho de que tantos congresistas republicanos apoyan la fracasada política de la Casa Blanca hace que las críticas no sean partidistas. Pero hay que impedir que Kosovo se convierta en el peor fracaso de nuestra política internacional desde Bahía de Cochinos.
Debemos tener el coraje y la inteligencia para detener la carnicería de esta mal concebida guerra y proceder a construir una solución diplomática.
Lo difícil es lograrlo sin premiar el despreciable comportamiento de Milosevic y al mismo tiempo mantener la credibilidad de Estados Unidos. La alternativa es seguirnos hundiendo en este sangriento pantano, creyendo que no hay otra salida que la de continuar la guerra, no importa el costo en vidas y sufrimiento.
Se trata de difíciles planteamientos para los republicanos, quienes tienden a responder emotivamente en respaldo de nuestras tropas, cuando la vida de soldados peligran. Esa posición nos dificulta aún más conseguir una salida. Pero es necesario mostrarle al mundo que esta no será la política extranjera de Estados Unidos en el siglo XXI.
Se me ocurren sólo dos razones serias por las cuales Estados Unidos consideró transformar la OTAN de una exitosa alianza defensiva en agente de acción ofensiva. La más débil es la razón humanitaria. La situación humanitaria en Kosovo era grave, pero se convirtió en una verdadera catástrofe humana cuando comenzaron los bombardeos. Además, las violaciones a los derechos humanos en Kosovo no eran ni siquiera de la misma gravedad de las sufridas en recientes y actuales guerras civiles en otras regiones del mundo. Si son las razones humanitarias lo que justifica la intervención de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en Kosovo, entonces realmente nos convertiremos en la policía del mundo entero.
La otra razón: respaldar la expansión de la OTAN para convertirla en la fuerza policial del mundo y, para lograrlo, jugarse la credibilidad de Estados Unidos. Eso significa que ahora hay que proceder a obtener la victoria a cualquier precio, para preservar nuestra credibilidad. Henry Kissinger cree que los bombardeos son un error, pero que una vez comenzados no se pueden suspender ni retirarnos de la pelea porque estaríamos estimulando el banqueo étnico en el mundo. Esa es la razón que Kissinger da para violar la soberanía serbia y crear un Kosovo independiente. Pero, al mismo tiempo, Kissinger reconoce que estaríamos entonces asumiendo el mismo papel desdeñable que antes jugaron el imperio otomano y el imperio austro-húngaro en los Balcanes. Según Kissinger no queda otra salida una vez que el presidente Clinton inició esta desastrosa intervención.
Muchos otros líderes republicanos como Elizabeth Dole, Steve Forbes, George W. Bush y John McCain también concluyen que una vez involucrados, por muy débiles que sean las razones que nos impulsaron a hacerlo, tenemos que ganar la guerra militarmente.
Por el contrario, yo estoy convencido que seguir la guerra es infinitamente más peligroso. Los otros se basan en la falsa premisa que la paz del mundo depende de que en todas partes se crea que los norteamericanos estamos dispuestos a tomar las armas para preservar la paz.
Pero la paz mundial no puede depender de las amenazas de violencia, bombardeos y fanfarroneo del presidente Clinton. Si ésta va a ser la política extranjera de Estados Unidos en el nuevo siglo, estamos en verdaderos problemas.
Armar a los guerrilleros de la KLA tampoco es la solución. Esa política tuvo éxito en Centroamérica porque nos estábamos aliando para combatir un enemigo común, el comunismo. No hay enemigo común hoy en los Balcanes. La KLA obtiene fondos del narcotráfico y, según el propio Departamento de Estado, es un grupo terrorista, por lo que el apoyo de Estados Unidos sería una invitación para que otros grupos terroristas musulmanes embistan contra cristianos. Estaríamos ni más ni menos fomentando levantamientos en Irlanda, el país Vasco, Quebec, Turquía, etc.
Creo que debemos buscar la colaboración de Rusia para terminar el conflicto y transformar la propuesta de Rambouillet en una estructura funcional. Si suspendiéramos los bombardeos, creo que Belgrado aceptaría suspender el conflicto, retirar sus soldados de Kosovo, aceptar alguna forma de cogobierno en esa provincia y el retorno de los refugiados a sus hogares. La única condición de Rambouillet que los serbios rechazaron fueron las tropas de la OTAN patrullando Kosovo.
Nuestra mejor esperanza de paz en los Balcanes es prosperidad económica en la región. Fueron las desastrosas políticas del Fondo Monetario Internacional las que crearon un polvorín en los Balcanes al fin de la Guerra Fría, llevando a Yugoslavia a la bancarrota, destruyendo su economía y creando desempleo y miseria. Debemos impedir que el FMI regrese.
Nuestro Estado Mayor se oponía a la guerra por no estar en juego ningún interés fundamental de Estados Unidos, a la vez que comprendía que el presidente Clinton exigía una solución militar a lo que en realidad es un problema político y económico. Con tan mal inspirado machismo, Estados Unidos ha contribuido a empeorar y no a mejorar la situación en Kosovo.
Ex candidato a la vicepresidencia de Estados Unidos en la última elección.