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Los espejos de Botero


ES un arte que duele. Uno no puede pasar indiferente frente a los cuadros que Fernando Botero expone en Panamá, pues si usted no se conmueve es que es de piedra y no un ser humano. La violencia que muestran las pinturas de este colombiano no son imaginadas ni inventadas pues como el artista confiesa "en vista de la magnitud del drama que vive Colombia, llegó el momento en el que sentí la obligación moral de dejar un testimonio sobre un momento tan irracional de nuestra historia".
La violencia colombiana tiene muchas cabezas que actúan en forma desigual y combinada como un gran flagelo social: Es una violencia socio-económica que tiene su asiento en la pobreza y exclusión social. La violencia de la delincuencia común exacerbada. La violencia de los grupos insurgentes (30 mil hombres en armas). La violencia contrainsurgente de los paramilitares y sus apoyos. La violencia del narcotráfico con sus ejércitos privados. La violencia contrainsurgente y antinarcotráfico, reforzada por la inversión militar extraregional.
"Sería necio pensar que los orígenes de tales manifestaciones... fuesen el resultado de las mismas causas, consecuencias de los mismos procesos o, al menos, gritos comunes ante privaciones similares. Nada de eso. Mientras el país se mueve, y cambia su realidad, la violencia permanece, latente, pertinaz. Sobrevive la violencia en sus odios y en sus fantasmas, en los ganadores y en los perdedores (como si con ella no todos perdieran)... Ni siquiera las generaciones de Colombianos que han vivido en paz se han librado de su espectro: en los odios de sus padres y de sus abuelos, en la memoria de los familiares que vivían muertos en el oscuro recuerdo de fotos en la sala, en las injusticias de los "victoriosos", en todo aquello persistía un aire a pólvora y a tierra húmeda que enrarecía el establecimiento de toda institucionalización." (Guillermo Tell Aveledo).
Según diversos estudios América Latina y el Caribe es la región más violenta del mundo con una tasa de homicidios de 20 por cada cien mil habitantes, y la más alta de América Latina es la de Colombia. La tasa de homicidios por cada cien mil habitantes se ha triplicado en los últimos quince años. Solo como ejemplo, entre 1989 y 2000 fueron asesinados numerosos líderes: 138 alcaldes, 569 parlamentarios y concejales, 174 funcionarios públicos, 1,037 dirigentes políticos y 4 candidatos presidenciales.
Según el diario El Tiempo ocurrió un secuestro cada dos horas en el año 2000, y un secuestro cada tres horas en cinco años anteriores.
El impacto de estos hechos sobre la población colombiana es mayúsculo, pues de acuerdo a una encuesta publicada en la revista colombiana Semana, un 34% de las personas que han pensado en abandonar el país (56% de los encuestados) tienen en la violencia uno de sus motivos principales. Las cifras abundan y le ponen número a los magistrales trazos con que el pintor denuncia y cuestiona la realidad de sus país a través de sus celebres y voluminosas formas.
Pues bien, los cuadros de Botero son más que telas pintadas, son espejos en los cuales Panamá se debe mirar, pues esas terribles escenas podrían ser nuestra realidad mediata o inmediata, dada que las diversas formas de violencia en nuestro medio crecen y toman cada día formas más descarnadas. Hay que encontrar y contrarrestar las causas reales de esa marea de violencia.
La criminalidad no se combate solo a través de paquetes de medidas duras y represivas, huérfanas de acciones preventivas, y de propuestas de resocialización y rehabilitación. Además muchas de las medidas solo apuntan a la delincuencia callejera sin atacar la corrupción de alto vuelo y la delincuencia de cuello blanco que hacen su baluarte en la impunidad.
No se puede utilizar la reacción ciudadana de miedo y horror ante la inseguridad para vender el paquete punitivo que lleva a la aceptación de muchos, pero que por ello no significa que sea la verdadera solución. La inseguridad ciudadana es un problema que no se resuelve solo con penas duras, represión, armas, policías y patrullas. Verlo así es una visión limitada que deja escapar un concepto más amplio de seguridad que radica en que existan condiciones de vida digna para todos. No se ubican ni examinan las causas estructurales de la violencia, de la ausencia de justicia social, de la necesidad de la vigencia de un poder judicial involucrado en la resolución y la agenda pendiente de la justicia legal que es un anhelo social de todos y todas.
Debemos construir la visión integral de seguridad para los habitantes, que debe significa abordar el problema integralmente y con una amplia coalición de esfuerzos pues hoy se criminaliza la pobreza y se penaliza a la juventud popular, sin ofrecer propuestas que enaltezcan sus vidas muchas veces truncadas y sometidas a la exclusión.
Hasta el 30 de abril en el Museo de Arte Contemporáneo está la exposición La Violencia en Colombia de uno de los grandes pintores de nuestro tiempo, donde Fernando Botero nos interpela y provoca con sus cuadros. Vaya a verlo (mejor en grupo o familia) Aprecie la pintura y el mensaje explícito, y debata y dialogue sobre ello, pero no solo sobre la urgencia de la paz en el país vecino sino sobre nuestro propio contexto y sus desafíos.
(raulleisr@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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