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Los factores de corrupción


Algunas de las causas de la degradación moral que ha estado sufriendo la sociedad panameña son, sin duda externas, como el flujo de dinero sucio, la afluencia de capitales dudosos y de tramposos internacionales que siempre sobreviene después de conflagraciones como la que sufrió nuestro país en 1989, y además la influencia de los grandes escándalos en Estados Unidos, en el Japón y en Europa.
No obstante, hay dos factores internos que indudablemente han contribuido a que el proceso de diseminación de la corrupción se haya dado con tanta rapidez y con tanto alcance, y cobrar conciencia de ellos puede ayudarnos a darle un cambio radical a la dirección que ahora llevamos.
El reducido tamaño de la economía panameña y la poca variedad de la producción nacional, son explicables por la dependencia excesiva en el rendimiento de las bases militares de Estados Unidos y de la administración del Canal como fuente de plazas de trabajo y como inyección permanente de divisas, orientadas particularmente a la economía subterránea de la diversión, la prostitución, el licor y las drogas también. Esto condujo a que fuera generalizándose la noción de que el gobierno y la política son para enriquecerse sin problemas y en poco tiempo. El fenómeno se remonta a 1964 cuando el gran fraude electoral contra Arnulfo Arias tuvo como consecuencia el comienzo de la preeminencia de los militares.
Más de tres décadas llevamos, pues, por este camino. Y con el transcurso del tiempo fue creciendo la cantidad de personajes que están por encima de la ley, y que no siente el menor respeto por las más elementales normas de la decencia y de las bases más sencillas de una ética de convivencia social.
Hace poco, en una conferencia en España que la televisión local transmitió, el escritor peruano Mario Vargas Llosa nos dio, en muy pocas palabras, una enorme luz sobre lo que está ocurriendo. En efecto, dijo que en las tiranías contemporáneas, la corrupción abarca a los victimarios y a las víctimas. Desde arriba hacia abajo, como una gran pirámide infectada, la corrupción se riega y campea, alimentada y fomentada en la impunidad, por quienes están por encima de la ley.


101 años de Panamá América

 
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