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Los fallos de la Historia


Este artículo encierra una interpretación anfibológica de la Historia. Si Ismael hubiera sido hijo de Sara, la esposa legítima de Abraham y no de la esclava egipcia Agar, la historia del Medio Oriente sería distinta. La victoria de César sobre Pompeyo en Farsalia, permitió que la República romana se convirtiera en Imperio y con ello se impidió el devenir de otra historia, donde Jesús de Nazareth tal vez no hubiera sido crucificado.

Los hechos históricos no son infalibles. Con ello no quiero decir que no puedan ser juzgados como tales. Pero si existiera una justicia perfecta que no esté, ni haya sido tocada por las cosas mundanas, tampoco sería humanamente justa. En los sucesos históricos, donde la responsabilidad es compartida por actores y pastores, la justicia no puede ser ciega a la realidad ni prescindir de la interpretación ética del bien mayor, o del mal menor, en la disyuntiva de decidir entre el beneficio común y el de los individuos.

No se puede olvidar la Historia. Pero tampoco podemos ponerla en el banquillo de los acusados, ni judicializar sus hechos, así como tampoco podemos enjuiciar la genética por los defectos que heredamos. La Historia se asume y se consume con el objeto de no repetir errores. Los émulos de Hitler, Stalin, Videla, Pinochet y Franco, por citar a los más conspicuos representantes de esa laya, son genocidas en cualquier lugar donde se encuentren. Pero no por eso debemos enjuiciar la historia de sus pueblos, aunque todos seamos de algún modo responsables.

Sobre la acusación de prevaricato contra el juez Garzón interpuesta por la Falange Española y Manos Limpias, cito: "Es sencillamente irrelevante que la investigación del juez Garzón haya infringido o no la legislación nacional española, pues la legislación misma infringe el derecho internacional. Jamás debe tratarse como delito la investigación de violaciones de derechos humanos cometidas en el pasado obviando una ley de amnistía aplicada a delitos de derecho internacional, como desaparición forzada, ejecución extrajudicial y tortura." Widney Brown, Senior Director of Amnesty International, London.

Más allá del mérito legal que tenga y de las intenciones de parte y parte, yo creo que se debe respetar el dolor del pueblo español, sin distinción de banderas políticas ni de causas justas. Volver a abrir viejas heridas es algo que no puede ser beneficioso para hijos y entenados, ni para aquellas naciones que han pasado por la amarga experiencia de su extinción. Tal como ha sucedido con la Yugoslavia de Tito o con Cartago, cuando Escipión hiciera realidad la condena de Catón: “Ceterum censeo Carthaginem esse delendam” (Y además opino que Cartago debe ser destruida). Cartago ya no existe. Hoy, los nietos de aquellos muertos, debemos impedir que también muera la España que los cobija.

101 años de Panamá América

 
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