Los foros internacionales y el "Plan Colombia"
El gobierno panameño rechazó, la semana pasada, el llamado "Acuerdo de Fuerzas Visitantes", que institucionalizaba la presencia militar de los Estados Unidos en nuestro país, en franca contradicción con disposiciones de la Constitución Nacional y de Tratados Internacionales.
El vicecanciller, Harmodio Arias Cerjack, lo hizo constar verticalmente en declaraciones que fueron publicadas en El Panamá América el martes pasado. Hizo énfasis en que debe entenderse que la propuesta de Fuerzas Visitantes no es aceptable y que así se lo comunicó al embajador Simón Ferro y al Departamento de Estado.
En armónica coincidencia con la postura de la Cancillería, que lleva el sello de aprobación de la presidenta Mireya Moscoso, el director Ejecutivo del Consejo de Seguridad Pública y Defensa Nacional, Pablo Quintero Luna, fijó de manera inequívoca la posición de que es prudente alejarse del conflicto interno de Colombia, porque "no podemos entrar a un conflicto que puede tener consecuencias nefastas para Panamá".
A contrario sensu las Fuerzas Visitantes Norteamericanas representarían un involucramiento en el "Plan Colombia", financiado predominantemente por los Estados Unidos y aprobado por el Congreso norteamericano, a pocos pasos de la sede de la Organización de Estados Americanos, que algo tiene que decir y hacer con respecto a las consecuencias de todo tipo que tendrá el "Plan Colombia" en la región.
Quintero Luna, con buen juicio, señaló que el Ministerio de Relaciones Exteriores debe hacer las gestiones necesarias para que los miembros de la Organización de las Naciones Unidas a través de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), establezcan los procedimientos para detener el éxodo masivo, que se pueda dar al implementarse el "Plan Colombia". Una gestión tal de la Cancillería requiere desarrollar una acción diplomática coherente y vigorosa ante los órganos internacionales competentes, y singularmente ante la Organización de las Naciones Unidas que este año celebra la Cumbre del Milenio en sus reuniones de la Asamblea del Milenio, el 5 de septiembre, y de la Cumbre del Consejo de Seguridad, el 7 de septiembre.
El rumbo trazado es correcto, y debemos velar por que se mantenga con firmeza, transparencia y credibilidad. La responsabilidad por los efectos perjudiciales transfronterizos que se causen a los países vecinos, a causa de la ejecución del "Plan Colombia", radica en Colombia y en los Estados Unidos.
Panamá, Ecuador, Perú, Venezuela y el Brasil, que tienen fronteras con Colombia, deberían reunirse como miembros del Grupo de Río, al cual pertenece también Colombia, para concertar una acción conjunta que abra el camino para un diálogo con los Estados Unidos y con los órganos del sistema de las Naciones Unidas, que desemboque en una coordinación eficaz de soluciones, con el financiamiento internacional correspondiente.
La insistencia de los Estados Unidos en solicitar un status especial para la presencia militar norteamericana en territorio nacional, así como las reacciones de rechazo, manifestadas por el Gobierno panameño, nos mueven a hilvanar algunas reflexiones.
Cuando tuvieron que salir del Africa, del Asia y del Caribe, los imperios coloniales buscaron y encontraron fórmulas o subterfugios para dejar en las ex - colonias, una presencia poderosa e influyente, aunque disfrazada. Constataron que no era eterno el poder que les permitió ser soberanos en tierras ajenas y sobre pueblos lejanos y concibieron que la supervivencia de aspectos importantes de influencia y presión dependía de una adecuación.
La política exterior de las grandes potencias dirigidas a que éstas perduren como tales y no desaparezcan como dinosaurios, actúa poniendo en práctica sucesivas metamorfosis. Por esta razón, en los países que han estado sujetos al colonialismo, un conjunto de indicios llevan a corroborar la existencia de conjuras neocolonialistas.
La organización actual del mundo, cuya característica más notable es la globalización, hace innecesario que los centros de poder que perduran muestren todos los días su marca inconfundible.
La globalización es el escenario que permite a las potencias mundiales, y desde luego a la única hiperpotencia, reafirmar como si lo reinventaran políticamente, el principio de Lavoisier sobre la conservación de la materia: "Nada se pierde, todo se transforma".
Desde hace por lo menos 3 años, los Estados Unidos tratan de transformar la presencia que tuvieron en Panamá durante casi todo el siglo XX y que cesó el 31 de diciembre de 1999. El primer intento estuvo representado en el proyecto para establecer el CMA.
En el curso de las últimas semanas, los tenores o barítonos de la política interior y de la política exterior panameñas han dado más de un cambio de registro vocal, para explicar las vicisitudes de lo que, desde el CMA, es en esencia la misma cosa. Los cambios, las transformaciones que se han intentado tienen aún el hilo tan grueso que hacen imposible coser el forro del Caballo de Troya.
El último intento tenía el nombre de "Acuerdo de Fuerzas Visitantes". Las parcas explicaciones de su rechazo, expuestas por el vicecanciller Arias Cerjack, se refieren a que no se ajusta la realidad nacional y porque en este país no hay militares. Lo esencial es que Panamá, hasta ahora, se ha negado a las propuestas para restablecer en nuestro territorio formas nuevas, inaceptables, de presencias militares que resultaron históricamente dolorosas.
La "Política del Garrote" fue remplazada en los Estados Unidos por la política de la zanahoria - el garrote estaba oculto. Esa política tiene sus orígenes en el estímulo o reflejo más fuerte del pueblo de los Estados Unidos: la movilización del hombre por su creación. Esa movilización es hermana de otra: la movilización del asno por la zanahoria, que a veces nunca llega a comer, o si la come, se queda con hambre.
En Panamá, tenemos que ser fieles a nuestros propios reflejos o estímulos. Debemos ejercer nuestra soberanía con la fuerza y convicción de un carácter nacional que no debe mostrar debilidades.
Panamá, como cualquier otro país sometido a presiones impregnadas de resabios tutelares, no debe olvidar que el colonialismo murió cuando los pueblos sometidos encontraron sus propias armas, que no eran solamente cañones.
Los panameños tenemos nuestros propios reflejos, nuestros propios estímulos. Los Estados Unidos deben comprenderlo. A la vez nuestros gobernantes deben ser consecuentes con nuestro interés nacional.
Los personeros del Gobierno, al mismo tiempo que deben tener los pies bien puestos sobre la tierra, no deben tener la cabeza muy cerca del suelo. No deben aceptar presiones ni cometer errores. Deben cultivar el orgullo de ser panameños. Afirmar la dignidad y el decoro nacional en el honor y el ejemplo de los grandes hombres y de los grandes hechos de nuestra historia.
El vicecanciller, Harmodio Arias Cerjack, lo hizo constar verticalmente en declaraciones que fueron publicadas en El Panamá América el martes pasado. Hizo énfasis en que debe entenderse que la propuesta de Fuerzas Visitantes no es aceptable y que así se lo comunicó al embajador Simón Ferro y al Departamento de Estado.
En armónica coincidencia con la postura de la Cancillería, que lleva el sello de aprobación de la presidenta Mireya Moscoso, el director Ejecutivo del Consejo de Seguridad Pública y Defensa Nacional, Pablo Quintero Luna, fijó de manera inequívoca la posición de que es prudente alejarse del conflicto interno de Colombia, porque "no podemos entrar a un conflicto que puede tener consecuencias nefastas para Panamá".
A contrario sensu las Fuerzas Visitantes Norteamericanas representarían un involucramiento en el "Plan Colombia", financiado predominantemente por los Estados Unidos y aprobado por el Congreso norteamericano, a pocos pasos de la sede de la Organización de Estados Americanos, que algo tiene que decir y hacer con respecto a las consecuencias de todo tipo que tendrá el "Plan Colombia" en la región.
Quintero Luna, con buen juicio, señaló que el Ministerio de Relaciones Exteriores debe hacer las gestiones necesarias para que los miembros de la Organización de las Naciones Unidas a través de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), establezcan los procedimientos para detener el éxodo masivo, que se pueda dar al implementarse el "Plan Colombia". Una gestión tal de la Cancillería requiere desarrollar una acción diplomática coherente y vigorosa ante los órganos internacionales competentes, y singularmente ante la Organización de las Naciones Unidas que este año celebra la Cumbre del Milenio en sus reuniones de la Asamblea del Milenio, el 5 de septiembre, y de la Cumbre del Consejo de Seguridad, el 7 de septiembre.
El rumbo trazado es correcto, y debemos velar por que se mantenga con firmeza, transparencia y credibilidad. La responsabilidad por los efectos perjudiciales transfronterizos que se causen a los países vecinos, a causa de la ejecución del "Plan Colombia", radica en Colombia y en los Estados Unidos.
Panamá, Ecuador, Perú, Venezuela y el Brasil, que tienen fronteras con Colombia, deberían reunirse como miembros del Grupo de Río, al cual pertenece también Colombia, para concertar una acción conjunta que abra el camino para un diálogo con los Estados Unidos y con los órganos del sistema de las Naciones Unidas, que desemboque en una coordinación eficaz de soluciones, con el financiamiento internacional correspondiente.
La insistencia de los Estados Unidos en solicitar un status especial para la presencia militar norteamericana en territorio nacional, así como las reacciones de rechazo, manifestadas por el Gobierno panameño, nos mueven a hilvanar algunas reflexiones.
Cuando tuvieron que salir del Africa, del Asia y del Caribe, los imperios coloniales buscaron y encontraron fórmulas o subterfugios para dejar en las ex - colonias, una presencia poderosa e influyente, aunque disfrazada. Constataron que no era eterno el poder que les permitió ser soberanos en tierras ajenas y sobre pueblos lejanos y concibieron que la supervivencia de aspectos importantes de influencia y presión dependía de una adecuación.
La política exterior de las grandes potencias dirigidas a que éstas perduren como tales y no desaparezcan como dinosaurios, actúa poniendo en práctica sucesivas metamorfosis. Por esta razón, en los países que han estado sujetos al colonialismo, un conjunto de indicios llevan a corroborar la existencia de conjuras neocolonialistas.
La organización actual del mundo, cuya característica más notable es la globalización, hace innecesario que los centros de poder que perduran muestren todos los días su marca inconfundible.
La globalización es el escenario que permite a las potencias mundiales, y desde luego a la única hiperpotencia, reafirmar como si lo reinventaran políticamente, el principio de Lavoisier sobre la conservación de la materia: "Nada se pierde, todo se transforma".
Desde hace por lo menos 3 años, los Estados Unidos tratan de transformar la presencia que tuvieron en Panamá durante casi todo el siglo XX y que cesó el 31 de diciembre de 1999. El primer intento estuvo representado en el proyecto para establecer el CMA.
En el curso de las últimas semanas, los tenores o barítonos de la política interior y de la política exterior panameñas han dado más de un cambio de registro vocal, para explicar las vicisitudes de lo que, desde el CMA, es en esencia la misma cosa. Los cambios, las transformaciones que se han intentado tienen aún el hilo tan grueso que hacen imposible coser el forro del Caballo de Troya.
El último intento tenía el nombre de "Acuerdo de Fuerzas Visitantes". Las parcas explicaciones de su rechazo, expuestas por el vicecanciller Arias Cerjack, se refieren a que no se ajusta la realidad nacional y porque en este país no hay militares. Lo esencial es que Panamá, hasta ahora, se ha negado a las propuestas para restablecer en nuestro territorio formas nuevas, inaceptables, de presencias militares que resultaron históricamente dolorosas.
La "Política del Garrote" fue remplazada en los Estados Unidos por la política de la zanahoria - el garrote estaba oculto. Esa política tiene sus orígenes en el estímulo o reflejo más fuerte del pueblo de los Estados Unidos: la movilización del hombre por su creación. Esa movilización es hermana de otra: la movilización del asno por la zanahoria, que a veces nunca llega a comer, o si la come, se queda con hambre.
En Panamá, tenemos que ser fieles a nuestros propios reflejos o estímulos. Debemos ejercer nuestra soberanía con la fuerza y convicción de un carácter nacional que no debe mostrar debilidades.
Panamá, como cualquier otro país sometido a presiones impregnadas de resabios tutelares, no debe olvidar que el colonialismo murió cuando los pueblos sometidos encontraron sus propias armas, que no eran solamente cañones.
Los panameños tenemos nuestros propios reflejos, nuestros propios estímulos. Los Estados Unidos deben comprenderlo. A la vez nuestros gobernantes deben ser consecuentes con nuestro interés nacional.
Los personeros del Gobierno, al mismo tiempo que deben tener los pies bien puestos sobre la tierra, no deben tener la cabeza muy cerca del suelo. No deben aceptar presiones ni cometer errores. Deben cultivar el orgullo de ser panameños. Afirmar la dignidad y el decoro nacional en el honor y el ejemplo de los grandes hombres y de los grandes hechos de nuestra historia.