Los fracasados y un ministro
EL SR. MINISTRO de Educación, luego de que un grupo de Institutores lanzó protestas en contra del presidente Bush, a causa de su visita a Panamá, y destrozó una bandera norteamericana, según informes de periódicos y televisoras, y ese ministro, decimos, manifestó que se trataba de "fracasados en varias materias". No sabemos, a ciencia cierta, que se trataba o no de alumnos fracasados, pues aunque nosotros fuimos institutores ( 1934-1940) y ex universitarios (1941-1945), nada podemos decir sobre el particular, salvo que las estadísticas del Ministerio señalan miles de reprobados. Sin embargo, comparamos lo explicado por el jefe del Ramo educativo, con lo que sucede hoy en nuestro país, y no encontramos muchas diferencias.
Pienso que la economía del país ha fracasado, pues no es una economía desarrollada, sino incapaz de suministrar empleos al alto porcentaje de desempleados que deambulan por nuestras calles. Es una economía lánguida e ineficiente, en su mayor parte, debido al modelo económico seguido por el país en la materia, pues a pesar de disponer de una región de tránsito de pasajeros y mercaderías extranjeras, no encuentra modo de superarse, dicho en términos globales.
Está fracasada la educación nacional, debido a que ni el ministerio del ramo, ni la sociedad panameña, se han interesado firmemente, por superar sus numerosas y conocidas fallas, de egresados con graves deficiencias, en su mayoría, y de un alto porcentaje de fracasos y pésimo nivel educativo.
Están fracasados los servicios públicos en general, a causa de los numerosos gobiernos que se suceden en la cosa pública (algunas personas llaman a tal proceso "nuestra democracia" y se regocijan de ella). No existen planes para que cada Gobierno se guíe por los anteriores, y la reforma general del Estado podría ser, como debe serlo, constante y continua, si es que deseamos perfeccionar, o al menos, superar a nuestro país.
Numerosas personas se quejan de que ellas y hasta todo el país no se han beneficiado orgánicamente de los ingresos crecientes del Canal, generados automáticamente por los aumentos progresivos de peajes, y lo que ocurre es que ni nuestro pueblo, en general, ni los gobiernos, en particular, se prepararon para recibir el funcionamiento panameño del Canal, con planes bien elaborados, a fin de que la vía acuática se convirtiera en el motor de la economía panameña no de un día para otro, sino con una planificación que fuera más allá de lo que hizo la reserva militar de que formaba parte el Canal, con la presencia de bases militares norteamericanas con toda la zona de tierras canaleras. Todo ello ha permitido que, al menos por ahora, los dineros excedentes, año con año, con la operación panameña de la vía acuática transoceánica, pasan automáticamente al Tesoro Público, por disponerlo así la Constitución, desde mil novecientos noventa y tantos, cuando se aprobó el nuevo Título constitucional, al grito oficioso y oficial de que " la política no debe entrometerse en el Canal" y lo que hicieron los políticos con el Canal y su Título, fue colocar toda la zona canalera bajo la autoridad nominadora del Organo Ejecutivo y la aprobación legislativa del Organo legiferante, convirtiendo tal funcionamiento en pasto de la politiquería institucionalizada, propiedad de los partidos políticos existentes.
De la administración de justicia no nos ocuparemos, como fracaso, porque algunos sectores económicos ya la han señalado como el enemigo político número uno del país, lo que es verdad, aunque no señalan a los demás sectores gubernamentales que continuaban podridos como siempre, nombrando a sus "compañeritos pío-pío", para que manden en el país.
La lista es larga y no necesitamos terminarla, porque el "pueblo de arriba" y "el pueblo de abajo", saben muy bien que vivimos en "jauja", como si fuera la "Patria Boba de 1903", como si no hubiera aumentado diez veces la población panameña desde entonces, que ya no es la ciudad de "adentro" que independizó Manuel Amador Guerrero y sus "conjurados" de entonces.
Ya es tiempo y tamaño par terminar este artículo, pero subrayando nuestro punto de vista general, consistente en que los problemas nacionales ha venido proliferando, con el aumento vegetativo de la población (hay ya tres millones de habitantes) y nadie pensó en que seguiría incrementándose, en género (para las feministas) y su número en general. Así que la principal característica del funcionamiento de la sociedad panameña, a lo largo de todo el país y de todo el siglo, es la que nadie se preocupa, en realidad, por una solución planificada de nuestros conocidos y propios problemas, encogiéndonos de hombros ante ellos, al compás del viejo adagio de que "el que viene atrás que arrempuje", como lo dice el pueblo en su fuerte lenguaje de erres y más erres, porque sufre todos los días y lo único que hace es machacar con las erres, a ver si alguien se compadece aquí por nosotros, y haga algo para comenzar por el principio, tarea que, sobre todo compete a lo que saben más, a los intelectuales panameños que deben organizarse para que Panamá, con sus grandes perspectivas y posibilidades, comience a ser lo que nunca ha sido y ha debido ser. Única tangente para estar de acuerdo, siquiera en parte, con el Sr. Ministro de Educación, viendo la paja en el ojo ajeno y disimulando el tuco de leña en el ojo propio, ya que hoy seguimos convertidos en "en el país de los fracasos", así como de los fracasados.
Pienso que la economía del país ha fracasado, pues no es una economía desarrollada, sino incapaz de suministrar empleos al alto porcentaje de desempleados que deambulan por nuestras calles. Es una economía lánguida e ineficiente, en su mayor parte, debido al modelo económico seguido por el país en la materia, pues a pesar de disponer de una región de tránsito de pasajeros y mercaderías extranjeras, no encuentra modo de superarse, dicho en términos globales.
Está fracasada la educación nacional, debido a que ni el ministerio del ramo, ni la sociedad panameña, se han interesado firmemente, por superar sus numerosas y conocidas fallas, de egresados con graves deficiencias, en su mayoría, y de un alto porcentaje de fracasos y pésimo nivel educativo.
Están fracasados los servicios públicos en general, a causa de los numerosos gobiernos que se suceden en la cosa pública (algunas personas llaman a tal proceso "nuestra democracia" y se regocijan de ella). No existen planes para que cada Gobierno se guíe por los anteriores, y la reforma general del Estado podría ser, como debe serlo, constante y continua, si es que deseamos perfeccionar, o al menos, superar a nuestro país.
Numerosas personas se quejan de que ellas y hasta todo el país no se han beneficiado orgánicamente de los ingresos crecientes del Canal, generados automáticamente por los aumentos progresivos de peajes, y lo que ocurre es que ni nuestro pueblo, en general, ni los gobiernos, en particular, se prepararon para recibir el funcionamiento panameño del Canal, con planes bien elaborados, a fin de que la vía acuática se convirtiera en el motor de la economía panameña no de un día para otro, sino con una planificación que fuera más allá de lo que hizo la reserva militar de que formaba parte el Canal, con la presencia de bases militares norteamericanas con toda la zona de tierras canaleras. Todo ello ha permitido que, al menos por ahora, los dineros excedentes, año con año, con la operación panameña de la vía acuática transoceánica, pasan automáticamente al Tesoro Público, por disponerlo así la Constitución, desde mil novecientos noventa y tantos, cuando se aprobó el nuevo Título constitucional, al grito oficioso y oficial de que " la política no debe entrometerse en el Canal" y lo que hicieron los políticos con el Canal y su Título, fue colocar toda la zona canalera bajo la autoridad nominadora del Organo Ejecutivo y la aprobación legislativa del Organo legiferante, convirtiendo tal funcionamiento en pasto de la politiquería institucionalizada, propiedad de los partidos políticos existentes.
De la administración de justicia no nos ocuparemos, como fracaso, porque algunos sectores económicos ya la han señalado como el enemigo político número uno del país, lo que es verdad, aunque no señalan a los demás sectores gubernamentales que continuaban podridos como siempre, nombrando a sus "compañeritos pío-pío", para que manden en el país.
La lista es larga y no necesitamos terminarla, porque el "pueblo de arriba" y "el pueblo de abajo", saben muy bien que vivimos en "jauja", como si fuera la "Patria Boba de 1903", como si no hubiera aumentado diez veces la población panameña desde entonces, que ya no es la ciudad de "adentro" que independizó Manuel Amador Guerrero y sus "conjurados" de entonces.
Ya es tiempo y tamaño par terminar este artículo, pero subrayando nuestro punto de vista general, consistente en que los problemas nacionales ha venido proliferando, con el aumento vegetativo de la población (hay ya tres millones de habitantes) y nadie pensó en que seguiría incrementándose, en género (para las feministas) y su número en general. Así que la principal característica del funcionamiento de la sociedad panameña, a lo largo de todo el país y de todo el siglo, es la que nadie se preocupa, en realidad, por una solución planificada de nuestros conocidos y propios problemas, encogiéndonos de hombros ante ellos, al compás del viejo adagio de que "el que viene atrás que arrempuje", como lo dice el pueblo en su fuerte lenguaje de erres y más erres, porque sufre todos los días y lo único que hace es machacar con las erres, a ver si alguien se compadece aquí por nosotros, y haga algo para comenzar por el principio, tarea que, sobre todo compete a lo que saben más, a los intelectuales panameños que deben organizarse para que Panamá, con sus grandes perspectivas y posibilidades, comience a ser lo que nunca ha sido y ha debido ser. Única tangente para estar de acuerdo, siquiera en parte, con el Sr. Ministro de Educación, viendo la paja en el ojo ajeno y disimulando el tuco de leña en el ojo propio, ya que hoy seguimos convertidos en "en el país de los fracasos", así como de los fracasados.