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A los funcionarios de la Patria Nueva


Lo primero que debe hacer un gobierno bien intencionado es ordenar, para luego desarrollar. Sin orden no concebimos la idea de desarrollo, ya que éste entonces no seria efectivo. Una vez se haya ordenado el país, se podrá empezar a desarrollar plenamente.
Tengamos presente que en las actuales condiciones por las que atraviesa el país, es imperativo que cada ciudadano tenga bien claro cuáles son sus funciones y de qué manera debe cumplirlas; no debemos so pretexto de nada, promover la improvisación. Un ejemplo que nos llama mucho la atención en nuestro diario bregar, es el hecho que se pretenda justificar violar la ley, con la excusa de que están generando fuentes de empleo. Por ejemplo es muy común que se altere la línea de construcción y que nadie diga nada, ya que nos acostumbramos a no respetar los patrones establecidos, aduciendo: "si él lo hizo, yo por qué no puedo", y se convierte esto en un círculo vicioso que no tiene fin. No es tarea fácil exigir que las normas se cumplan, pero de lo contrario se convertirá en una anarquía.
Esa mala práctica del juega vivo tiene que eliminarse para que cumplamos las leyes, y tengamos mayor beneficio para todos por igual. El gran secreto está en la educación, empecemos por enseñar a esta nueva generación que no es correcto esta manera vil y mezquina de pensar.
No deja de inquietarnos el desorden predominante, nadie quiere cumplir bien sus funciones, todos estamos acostumbrados a tener a alguien que nos vigile, supervise como si no supiéramos cuáles son las normas de conducta correcta. Enseguida que este vigilante se aleja, empezamos a realizar nuestras tareas como nos plazca. Esta perjudicial práctica no puede continuar.
Ubiquemos lo incorrecto, lo indeseable y sólo así nos convertiremos en un país en donde florezca el turismo, la inversión, etc. Una vez logremos que impere el orden, entonces así podremos atacar males como la pobreza, el analfabetismo, las epidemias, el crimen organizado, la corrupción, entre otros. No debemos permitir que estos males se apoderen de nuestro Panamá. Si sabemos el remedio, entonces qué estamos esperando. A veces nos da la impresión que estos malos actos no son coincidencia ni descuido generalizado, si no que hay una mano negra detrás conspirando contra Panamá, lo importante es ver al país hundido en el fango, que la ignorancia, la ruina y la miseria se apoderen de mi tierra. Se hace sentir lo que dijera Darcy Ribeiro: "El sistema político de la América Latina de nuestros días está inmerso en la conspiración. Conspiran los gobiernos para mantenerse en el poder. Conspiran los civiles y los militares... Esta irrupción sediciosa no es una enfermedad en sí, sino el síntoma de un mal más grave: la absolescencia de la estructura de poder".
¿Encuéntrase actualmente el país en manos de verdaderos administradores? Este ha sido uno de los males que más daño nos ha hecho desde principio de siglo. El amiguismo político, el parentesco, han prevalecido sobre la capacidad, la técnica y el concurso. A los panameños capaces con la voluntad de sacar el país hacia delante, los han tenido relegados. Y esto es así ya que prefieren al que figura y no sirve, apadrinando de este modo la corrupción. Es nuestro deber denunciar y combatir la bellaquería política. Debe ser tarea de todos los panameños ordenar la Nación, no solamente le compete a los políticos, ni a los que ocupan puestos de mayor o menor jerarquía. Aquel que piensa que esto no le compete, ni le debe interesar, porque él cumple otras funciones en las cuales se desempeña con gran éxito y que no tiene tiempo para inmiscuirse en el acontecer nacional, le decimos parafraseando a ese gran líder latinoamericano Eloy Alfaro: "Los hombres indiferentes a la desventura de la nación, aunque sea privadamente laborioso, son los auxiliares inconsciente de las desgracias y corrupciones de los pueblos".
A los nuevos administradores públicos del próximo gobierno que se instala el 1 de septiembre, le decimos ordenen, y al servidor público que está haciendo bien su trabajo, permítanle continuar, sin embargo al que no sirve reemplacenlo no necesariamente por un copartidario que necesita trabajo, si no por alguien capaz que sepa ocupar el puesto con voluntad de trabajo y sobre todo con honestidad, ya que ordenar no es despedir a un funcionario por otro igual o peor. Solo así veremos la "Fundación de una Patria Nueva más justa que hoy...".

101 años de Panamá América

 
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