Los garantes de la salud moral
"Finis coronat opus" ("El fin corona el esfuerzo"). Definitivamente, cualquier aspecto problemático del complejo sistema de nuestro mundo actual pone sobre la mesa el tema de la justicia. Pero, adviértase, no se trata aquí de exponer inciertas o relativas comparaciones entre tiempos históricos distintos o sistemas culturales diversos. Ese es un campo superlativamente desbrozado por el conspicuo investigador galo, Ferdinand Braudel. Nos interesa remitirnos al pensamiento recio, sin encajes, de un joven pensador, galo también, catedrático de la Universidad de Grenoble, opositor a ultranza de la Apologética vaticana y, además, crítico un tanto mordaz de los actuales y más autorizados cultores de la política.
Entusiasta, eso sí, en demolerlo todo, insertos como estamos, según dice, en una vorágine de cambios sin precedentes en la vida del socius: familia, iglesia, club social, gremios profesionales, sindicatos, mercado, ámbitos científicos y tecnológicos, literatura, artes plásticas, relaciones internacionales, política, etc., y, desde luego, filosofía, hoy goza de un prestigio excepcional, como es excepcional, también, su aristarquia académica y el controversial y consagrado fruto de su mentefactura, e.gr., "La era del vacío", "El imperio de lo efímero" y "El crepúsculo del deber" ("La ética indolora"). Guilles Lipovestky, quizás más conocido por la contundente identidad, asaz respetada, además, como "El campeón de la Etica Impura".
En la sociedad capitalista como la nuestra, no hay una sola cosa, inclusive el pensar y el hacer, que no se encuentre matizado por la moda: vestuario, auto, decoración hogareña, cosméticos, electrodomésticos, libros, teatro, diversiones, dietas, estrés, anticonceptivos, cirugía estética, deudas, en fin, una vida variable como las modas.
Pero, afortunadamente, las sociedades actúan contra la corrupción no sólo del lumpen, sino también en los estratos de la "alta sociedad"; no sólo en América, sino también en Europa, Asia, Africa y Oceanía. La "globalización" que le dicen. Pero, según Lipovertsky, en esto hay una paradoja y una situación contradictoria. Se dice que no hay una ética pública; que los políticos se dejan comprar; que se han perdido los valores morales. La democracia sería tan sólo una vitrina, una fachada tras de la cual sólo existe el propio interés. "Esa es -dice- una primera lectura que no comparto".
Pero hoy, sin embargo, los ciudadanos actúan de un modo que no era habitual. Antes -dice Lipovetsky- los grandes atracos al erario, a las empresas privadas, se callaban. Pero, ahora, todo se sabe y es juzgado (Eso opina él; ¿nos hemos explicado, amable lector?). Por eso los gobiernos corruptos buscan domar al Poder Judicial y a la prensa. Y asegura, sin más: "La cantidad de corruptos que hoy aparecen ante la justicia marca el índice de salud moral o ética de una sociedad y no su grado de corrupción. Un país donde no hay juicios por corrupción no es un país moral; es una nación atrasada donde la justicia y la prensa no cumplen su papel". Y..."Por cierto, observa Lipovetsky, los juicios deben llegar a su fin, es decir, a la condena de los culpables. No basta con hacer ruido; hay que poner en la cárcel a los culpables". Por último observa "El Campeón de la Etica Impura"- "La verdadera fuerza, el verdadero poder, está en la justicia y en los medios".
La ética presente, nos asegura Lipovetsky, "es y debe ser impura, interesada. Para solucionar los grandes conflictos sociales tendremos que ensuciarnos las manos". Y agrega: "La economía de mercado es un buen medio de control ético. Y otro tanto pasa con la justicia. Las leyes de mercado han llegado a ser leyes morales".
Ahora se puede hacer un acto de caridad que es una acción moral -enviando nuestra contribución, v.gr., al Teletón de los 20-30. ¿No es así? Debemos aclarar, al amable lector, que esta glosa no es más que un constreñido sumario de la mentefactura filosófica del conspicuo catedrático galo de la Universidad de Grenoble.
Finalmente, debemos destacar, en aras de la más acentuada comprensión del asiduo lector que, en lo concerniente al estudio de la actividad práctica del ser humano, i.e., la ética o moral es un campo en el cual el aprendizaje no tiene pausa, ni límites, e inclusive, con una variedad de matices de acuerdo con la concepción que de aquella se adopte y, además, de su carácter, per se; existe, en orden a este último, una ética teórica y una ética práctica.
A la ética del placer se le llama hedonismo; a la del interés, utilitarismo. La moral del deber se le denomina también, moral de la honestidad o del bien. A la moral de Kant se le llama, algunas veces, moral formal o formalismo moral. En fin, la palabra ética se emplea como sinónimo de moral. Y moralidad significa carácter moral de nuestras acciones.
De manera que el concepto de "moral impura" con que Lipovetsky ha bautizado su "paradigma", introduce un nuevo carácter de moral práctica, que hoy podría aplicarse a una sociedad tan asolada y desolada por la corrupción y la violencia, como la nuestra.
Nada más. Nada menos.
Entusiasta, eso sí, en demolerlo todo, insertos como estamos, según dice, en una vorágine de cambios sin precedentes en la vida del socius: familia, iglesia, club social, gremios profesionales, sindicatos, mercado, ámbitos científicos y tecnológicos, literatura, artes plásticas, relaciones internacionales, política, etc., y, desde luego, filosofía, hoy goza de un prestigio excepcional, como es excepcional, también, su aristarquia académica y el controversial y consagrado fruto de su mentefactura, e.gr., "La era del vacío", "El imperio de lo efímero" y "El crepúsculo del deber" ("La ética indolora"). Guilles Lipovestky, quizás más conocido por la contundente identidad, asaz respetada, además, como "El campeón de la Etica Impura".
En la sociedad capitalista como la nuestra, no hay una sola cosa, inclusive el pensar y el hacer, que no se encuentre matizado por la moda: vestuario, auto, decoración hogareña, cosméticos, electrodomésticos, libros, teatro, diversiones, dietas, estrés, anticonceptivos, cirugía estética, deudas, en fin, una vida variable como las modas.
Pero, afortunadamente, las sociedades actúan contra la corrupción no sólo del lumpen, sino también en los estratos de la "alta sociedad"; no sólo en América, sino también en Europa, Asia, Africa y Oceanía. La "globalización" que le dicen. Pero, según Lipovertsky, en esto hay una paradoja y una situación contradictoria. Se dice que no hay una ética pública; que los políticos se dejan comprar; que se han perdido los valores morales. La democracia sería tan sólo una vitrina, una fachada tras de la cual sólo existe el propio interés. "Esa es -dice- una primera lectura que no comparto".
Pero hoy, sin embargo, los ciudadanos actúan de un modo que no era habitual. Antes -dice Lipovetsky- los grandes atracos al erario, a las empresas privadas, se callaban. Pero, ahora, todo se sabe y es juzgado (Eso opina él; ¿nos hemos explicado, amable lector?). Por eso los gobiernos corruptos buscan domar al Poder Judicial y a la prensa. Y asegura, sin más: "La cantidad de corruptos que hoy aparecen ante la justicia marca el índice de salud moral o ética de una sociedad y no su grado de corrupción. Un país donde no hay juicios por corrupción no es un país moral; es una nación atrasada donde la justicia y la prensa no cumplen su papel". Y..."Por cierto, observa Lipovetsky, los juicios deben llegar a su fin, es decir, a la condena de los culpables. No basta con hacer ruido; hay que poner en la cárcel a los culpables". Por último observa "El Campeón de la Etica Impura"- "La verdadera fuerza, el verdadero poder, está en la justicia y en los medios".
La ética presente, nos asegura Lipovetsky, "es y debe ser impura, interesada. Para solucionar los grandes conflictos sociales tendremos que ensuciarnos las manos". Y agrega: "La economía de mercado es un buen medio de control ético. Y otro tanto pasa con la justicia. Las leyes de mercado han llegado a ser leyes morales".
Ahora se puede hacer un acto de caridad que es una acción moral -enviando nuestra contribución, v.gr., al Teletón de los 20-30. ¿No es así? Debemos aclarar, al amable lector, que esta glosa no es más que un constreñido sumario de la mentefactura filosófica del conspicuo catedrático galo de la Universidad de Grenoble.
Finalmente, debemos destacar, en aras de la más acentuada comprensión del asiduo lector que, en lo concerniente al estudio de la actividad práctica del ser humano, i.e., la ética o moral es un campo en el cual el aprendizaje no tiene pausa, ni límites, e inclusive, con una variedad de matices de acuerdo con la concepción que de aquella se adopte y, además, de su carácter, per se; existe, en orden a este último, una ética teórica y una ética práctica.
A la ética del placer se le llama hedonismo; a la del interés, utilitarismo. La moral del deber se le denomina también, moral de la honestidad o del bien. A la moral de Kant se le llama, algunas veces, moral formal o formalismo moral. En fin, la palabra ética se emplea como sinónimo de moral. Y moralidad significa carácter moral de nuestras acciones.
De manera que el concepto de "moral impura" con que Lipovetsky ha bautizado su "paradigma", introduce un nuevo carácter de moral práctica, que hoy podría aplicarse a una sociedad tan asolada y desolada por la corrupción y la violencia, como la nuestra.
Nada más. Nada menos.