Los gastos en el Seguro Social
Hemos dicho que es menester adoptar un sistema de cotización que estimule los aportes y no lo desaliente. Uno que combine elementos de solidaridad con otro voluntario individual, es una salida. Habría en este último caso que elevar el actual techo de las pensiones como compensación para cotizantes mayores. Parte de los réditos de este aporte extraordinario podría destinarse a incrementar el fondo común y otra para mejorar la calidad de los servicios. Pero la cotización que es la principal fuente de los recursos del Seguro Social no es el único factor a considerar en la problemática de la institución. Se requiere también examinar con lupa sus egresos, lo que tampoco implica mayor esfuerzo porque las cifras están a mano.
Tres son los tragantes de gastos del Seguro Social. Uno son las pensiones, otro los costos de servicios de salud y otro su frondosa planilla y gastos de operación. Cualquier ahorro sustancial en estos rubros puede salvar la institución y estabilizarla por varios años hasta que podamos replantear nuevamente su realidad cambiante. Las pensiones que paga la entidad deben revisarse. El número actual de 180 meses o quince años de cotización para gozar de una pensión completa tiene que elevarse. Igual la edad que irresponsablemente se ha reducido para algunos empleados públicos. Las edades de 62 y 57 años de jubilación para hombres y mujeres que llenen la cuota mínima es una edad muy temprana frente al actual aumento de las expectativas de vida.
Se objeta que el aumento de la edad perjudica a los cotizantes más pobres que trabajan en labores de gran demanda y desgaste físico como la construcción y quizás tengan razón. Pero no es la regla y tampoco es cierto que ellos tengan menor expectativa de vida. Un estilo de vida sedentario, bajo aire acondicionado, reduce tales expectativas frente a un obrero que se ve precisado a ejercitarse a diario como parte de su trabajo. El hecho es que hay, como promedio, que aumentar la edad, como ocurre en la mayoría de los países ricos.
Los costos de los servicios de salud pueden también reducirse sustancialmente si se subcontrata en hospitales y laboratorios privados a menor costo. Los ahorros podrían ser superiores al 50%. Bajo la administración Martinelli se precisó por ejemplo que una cama por paciente costaba al Seguro casi el doble que en un hospital privado. Si es así, mejor sería que el Seguro enviara a sus asegurados a un hospital particular y pagara a éste por ello, ahorrándose el costo de construir y operar hospitales propios que por más que se esmere, serán siempre ineficientes. En estos momentos, producto de la crisis, hay una gran capacidad hospitalaria privada ociosa, que bien podría aprovecharse.
La planilla y los aumentos automáticos producto de pasadas negociaciones sin ninguna relación con la calidad del desempeño del personal es también un disparate. La Caja podría operar mejor con un tercio del personal que ahora emplea. El sistema de compras a su vez debe ser simplificado y eliminar los bastiones de corrupción que se traduce en sobreprecio.
Tres son los tragantes de gastos del Seguro Social. Uno son las pensiones, otro los costos de servicios de salud y otro su frondosa planilla y gastos de operación. Cualquier ahorro sustancial en estos rubros puede salvar la institución y estabilizarla por varios años hasta que podamos replantear nuevamente su realidad cambiante. Las pensiones que paga la entidad deben revisarse. El número actual de 180 meses o quince años de cotización para gozar de una pensión completa tiene que elevarse. Igual la edad que irresponsablemente se ha reducido para algunos empleados públicos. Las edades de 62 y 57 años de jubilación para hombres y mujeres que llenen la cuota mínima es una edad muy temprana frente al actual aumento de las expectativas de vida.
Se objeta que el aumento de la edad perjudica a los cotizantes más pobres que trabajan en labores de gran demanda y desgaste físico como la construcción y quizás tengan razón. Pero no es la regla y tampoco es cierto que ellos tengan menor expectativa de vida. Un estilo de vida sedentario, bajo aire acondicionado, reduce tales expectativas frente a un obrero que se ve precisado a ejercitarse a diario como parte de su trabajo. El hecho es que hay, como promedio, que aumentar la edad, como ocurre en la mayoría de los países ricos.
Los costos de los servicios de salud pueden también reducirse sustancialmente si se subcontrata en hospitales y laboratorios privados a menor costo. Los ahorros podrían ser superiores al 50%. Bajo la administración Martinelli se precisó por ejemplo que una cama por paciente costaba al Seguro casi el doble que en un hospital privado. Si es así, mejor sería que el Seguro enviara a sus asegurados a un hospital particular y pagara a éste por ello, ahorrándose el costo de construir y operar hospitales propios que por más que se esmere, serán siempre ineficientes. En estos momentos, producto de la crisis, hay una gran capacidad hospitalaria privada ociosa, que bien podría aprovecharse.
La planilla y los aumentos automáticos producto de pasadas negociaciones sin ninguna relación con la calidad del desempeño del personal es también un disparate. La Caja podría operar mejor con un tercio del personal que ahora emplea. El sistema de compras a su vez debe ser simplificado y eliminar los bastiones de corrupción que se traduce en sobreprecio.