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Los gestores de 1903


Sacerdote de la Iglesia católica

Los gestores del movimiento separatista de 1903 son descendientes de los istmeños que habían visto burladas sus ansias acerca de un derrotero mejor, luego de la Independencia del 28 de noviembre de 1821.

La ruina que imperaba en Panamá en los albores del siglo XX era irreversible, agravada por la debacle del canal istmeño.

La denominada “Guerra de los mil días” se tornó en un escenario en donde las huestes liberales locales afloraron el deseo de la autonomía, cercenando cuando ya al avanzar el decenio de l86O, se constataba que el Estado Federal de Panamá no existía como se aguardaba.

Pero en ese momento, a los Estados Unidos de Norteamérica no les interesaban los postulados de los istmeños. Con tal de ganar la “quietud” en Panamá, los neogranadinos pactan el final del conflicto bélico con los estadounidenses, con la condición de empezar la conversación sobre retomar las obras del canal interoceánico.

La anarquía y el caudillismo siempre reinante en Bogotá impiden la ratificación del Tratado Herrán-Hay; es allí cuando Washington mira hacia la idea de fundar una república en el Istmo; anhelo vibrante en los panameños.

República no equivale a patria, la nacionalidad panameña posee sus raíces propias en el acto creacional político del 15 de agosto de 1519.

Decir que el querer separatista panameño fue obra de Teodoro Roosevelt es una necedad pueril.

Durante un año entero, el Estado Libre del Istmo (184O) testimonió ante el mundo el clamor de nuestros antepasados, antes de que Roosevelt naciera...

Los gestores de 1903 sabían que negociar con el poderoso país norteño implicaría secuelas; pero no había otra alternativa. ¿Qué otro Estado poderoso hubiese acudido a protegernos en esa coyuntura histórica?

Si Panamá estuvo “atada” a la Colombia que surgió con la muerte de Bolívar, fue porque no contaba con un ejército propio que lo defendiera.

Comparo el actuar de José Agustín Arango y compañeros con la misma situación de aquellos padres de familia que por ofrecerles a sus esposas e hijos un techo seguro, se endeudan por años, con todas las carencias respectivas pagando, sí, pero dentro de una casa propia.

Los inconvenientes de hacer alianza con los Estados Unidos asomaron pronto; pero Panamá ya poseía una voz ante la comunidad internacional que, con el aporte de cada generación, ha permitido la consolidación del binomio nacionalidad-territorio.

Un par de elementos sí les critico a los señores de 1903:

Uno, la exagerada desproporción en celebrar las efemérides de 1903, en detrimento del verdadero acto de independencia respecto a España (1821), quizás por honrar sus nombres y “saludar” al poder norteamericano, que en su protagonismo oportunista ahora era visto como “libertador”.

Dos, la ignorancia consciente o no del término Istmo en la Constitución de 1904, expresión geográfico-histórica que nos liga a nuestros antepasados coloniales. Nuestro nombre oficial debería ser el de República del Istmo de Panamá. El artículo l de la Carta Magna yace incompleto…

Cuando Tomás Herrera declara El Estado Libre del Istmo, ¿por qué los demás departamentos de Nueva Granada no hacen otro tanto? Porque sencillamente ellos siempre se sintieron parte de esa entidad política, no así los panameños.

¿Podía pedírsele sentimientos istmeños a Philip Bunau-Varilla? No, porque él era francés y velaba por los intereses de la malograda Compañía del Canal Interoceánico.

¿Se le exigiría evocaciones istmeñas a Roosevelt y a los estadounidenses aquí establecidos en el siglo XX? No, porque ellos no respondían al patriotismo panameño, sino a su mirada hegemónica.

Los gestores del movimiento separatista de 1903 hicieron lo que su hora les dictaba; y hoy elevo a Dios gratitud por ellos, porque a nivel nacional nuestros antepasados correspondieron unánimemente a nuestras iniciativas riesgosas. Ahora, a nosotros nos toca realizar nuestra parte en bien del país que amamos.

¡Que viva la República del Istmo de Panamá!

101 años de Panamá América

 
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