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Los Gordos


Querido Director,

A lo largo de los siglos y en su momento, todas las razas, etnias, religiones, ideologías políticas o filosóficas, han sido alguna vez perseguidas, masacradas, arrinconadas u olvidadas. Desde la segunda mitad del siglo XX hay sobre todo en el mundo occidental, una millonaria parte de la población que sufre persecución encubierta, difamación, desprestigio social y un constante acoso mediático que son Los Gordos. Tengo para mí, Señor Director, que ya es muy frustrante cuando llega el día en que el botón del pantalón no abrocha, no puede uno agacharse para atar los zapatos, no se cabe bien en los asientos del cine o del avión o simplemente parece que las camisas han disminuido de talla y saltan los botones. Las causas pueden ser múltiples, unas queridas y otras no, pero al final el resultado es el mismo: se está en el grupo de los gordos. A partir de este momento, en casi todos los casos se inicia un proceso de acomplejamiento que muchas veces termina en depresiones, conflictos familiares y en general, en una cierta vergüenza, agravada porque lo primero que le dicen a uno antes de darle la mano es: "¡cuánto has engordado, qué barriga tienes!" Curiosamente, en la mayoría de los casos, este cerco al que está sometido el gordo, provoca una reacción contraria e inmediatamente procede a comer y beber más.

Hoy, Señor director, me dispongo a defender a los gordos y así le quiero resaltar que cuando se asumen con tranquilidad y deportividad los kilos de más y no se quiere aparentar estar delgado, se deriva hacia una vida tranquila y provechosa e incluso aunque la gente ahora no lo crea, hay una parte de la población femenina, que cuando el gordo no tiene complejo, es culto y simpático, caen con facilidad en sus encantos. Le podría citar gordos ilustres de la Historia: Napoleón, Churchill, Helmut Kohl, Amíntore Fanfanni, Pavarotti, Charles Laughton, Marlon Brandon, etc.. Piense que al ser tantos millones los acosados por las modas, las dietas, los ejemplos de la vida social rosa, en un momento determinado, Dios no lo quiera, se podría producir una rebelión mundial de gordos y si triunfase, imponer por la fuerza, todo lo contrario: comidas con grasa, eliminación de los medicamentos adelgazantes, cierre gubernativo de los gimnasios y ¡por fin! La obligación a todos los modistos del mundo de que la talla más pequeña fuese la XL. ¿Qué pasaría? Yo se lo cuento; que todos los millones de delgados, llevados por las nuevas leyes, el acoso mediático y los modistos se volverían en pocos meses, como mínimo, semi-gordos. Dejemos a los gordos en paz. Que disfruten de sus apetencias, que cumplan las leyes como cualquier ciudadano, que paseen sin mirarse en los escaparates y si quieren viajar en Iberia en clase turista, que compren dos asientos.

Usted sabe que la fiesta de los toros es muy popular en España, hasta el punto de que se celebran no menos de tres mil festejos al año, contando las varias categorías. Una de las imágenes más clásicas del mundo de los toros es la de un español, bien gordito, con traje y corbata, que fumando un gran cigarro puro, asiste a una corrida de toros en la Plaza de Las Ventas en Madrid. Estoy seguro que muchos panameños habrán comprobado esta escena. Ahora, el gobierno de la Comunidad de Cataluña, integrado por una coalición de socialistas, independentistas y comunistas, ha sacado adelante una ley que prohíbe las corridas de toros en todo el territorio de esa comunidad, alegando motivos semi-humanitarios. Así que a partir de ahora, todos los aficionados catalanes y los miles de turistas, entre ellos muchos hispanoamericanos, tendrán que ir a otras ciudades, preferentemente Madrid y Sevilla para ver y disfrutar una buena corrida de toros que no se podrá ver en Barcelona. Fue, precisamente en Barcelona, donde se produjo esta historia que le voy a contar: En la contrabarrera del tendido 9 (sombra), asistían a una corrida de primer nivel una diplomática de un país hermano hispanoamericano acompañada de su marido, a la derecha de la señora, estaba sentado uno de esos personaje arriba señalados, que les explicaba todos los lances de la lidia, las características del toro, el nombre de cada pase y los tercios (picadores, banderillas y faena de matar). En un momento de la lidia, el español se dio cuenta de que la señora no miraba a la lejana zona donde estaba el toro, sino a los toreros más cercanos y cuando le insistía en que se fijase en la faena del torero ella contestó: "¿Cómo pinche quiere que mire al toro si tengo tan cerca el paquete de los toreros?" Con esto le quiero resaltar que todo lo que rodea a la fiesta de los toros, llamada Fiesta Nacional, es distinto e interesante. Ahora hay una figura incontestable en España, se llama José Tomás, del que le hablaré en otro momento, pero le adelanto: es de Madrid, republicano confeso y no deja que sus corridas sean televisadas. Allá por donde va, llena las plazas con meses de antelación y en la reventa las entradas se han llegado a pagar a 3.000 Euros.

101 años de Panamá América

 
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