Los gringos no querían a Endara
Hasta el último momento, Noriega contó el apoyo de algunos oficiales de Estados Unidos.
LOS QUE tuvimos contacto con las autoridades norteamericanas antes de la invasión, llegamos a entender que ellas preferían otra solución post-Noriega diferente a la de reconocer el triunfo de Endara en las elecciones de mayo del ´89. Quien venía a Panamá del Departamento de Estado, Michael Kozak, así como el embajador Hinton, según lo que se percibía, no confiaban en la capacidad de Endara para administrar un país en las ruinas como quedaría Panamá después de Noriega; su despreocupación por la geopolítica internacional y por los temas básicos del país, eran algunas de sus inquietudes. Preferían una especie de una Junta de Gobierno, presidida por algún empresario tipo J.J. Vallarino.
Esa impresión se reiteró en los tantos viajes que junto a Ricardo Arias Calderón, Billy Quijano, Diógenes de la Rosa (q.e.p.d.) y otros hice a Washington, para reunirnos con altos funcionarios del Departamento de Estado, entre quienes estaban Bernard Aronson y Larry Eagleburger, el último secretario de Estado de Ronald Reagan. Sin embargo, las pretensiones norteamericanas fueron ignoradas, ya que siempre apoyamos el reconocimiento de los resultados electorales de 1989, a pesar de cualquier aprehensión que tuviésemos por la poca visión política nacional e internacional de Guillermo Endara Galimany.
Democracia implicaba eso, respetar lo que había hablado el pueblo en las últimas elecciones cuando Endara aplastó a Carlos Duque, candidato de los militares; triunfo que produjo la anulación del proceso electoral. Por eso es que malamente pudo Endara, ni Arias Calderón ni Ford, pedir la invasión, como ahora sugiere -desconozco con qué propósito- un documento desclasificado del Departamento de Justicia y que dio a conocer el "Panamá América" el pasado miércoles 7 de marzo. Los gringos no lo iban a hacer caso a ningún panameño; ellos -como bien dijo al diario Mario Rognoni- invadirían Panamá cuando -sin que nadie se los pidiera- consideraran que era la única solución de salir de Noriega y acabar con las Fuerzas de Defensa. Ni siquiera los panameños que más contactos tenían en Washington, Gabriel Lewis Galindo (q.e.p.d.) y el ex director del IRHE, José Isabel Blandón, hubiesen podido convencer al Imperio de lo que debía hacer; aunque de seguro hubo quienes ingenuamente insinuaron la invasión.
Primero se tenían que poner ellos de acuerdo antes con las diferentes agencias involucradas con el tema de Panamá; era bastante difícil de lograr. Muestra de ello fueron los dos intentos de golpe militar que trataron de dar algunos oficiales de las Fuerzas de Defensa el 16 de marzo de 1988 y el 3 de octubre de 1989, confiados sus protagonistas que los norteamericanos los apoyarían. En el primero, lo frustra el Mayor Giroldi, quien al intentar dar el segundo, se cumple la promesa de asesinar a quienes trataran de hacerlo otra vez. De seguro que esos intentos golpistas criollos fueron alentados por militares norteamericanos, pero no es de extrañar que uno de ellos, informara a Noriega lo que se tramaba. Hasta el último momento, Noriega contó el apoyo de algunos oficiales de EE.UU.
Por eso, cuando leemos semejantes comentarios, producto quizás de una disparata mente de la burocracia norteamericana, sólo nos queda decir que a quién se le hubiese ocurrido que Endara pudiese tener semejante poder para "pedir" la invasión de 1989. Debemos recordar la particular manera que tenía de llamarle la atención a los gringos que, según él, no le hacían caso: ayunar por varios días dentro de la Catedral Metropolitana, en donde se llegaron a celebrar hasta Consejos de Gabinete.
Más que preocuparnos a estas alturas por un suceso que se dio hace más de 17 años, supuestamente para "establecer la democracia en Panamá", nos debe llamar la atención lo que la clase política ha estado haciendo desde 1989 al presente, para deteriorar cada vez las instituciones democráticas. Sino, que le pregunten a la gente cuántos diputados y representantes de corregimiento ocupan hoy sus curules producto de la ayuda gubernamental ilegal que recibieron en las elecciones pasadas, y cuántos del actual gobierno sueñan y se babean con elegirse o reelegirse en el 2009 con apoyo de los dineros públicos.
gcochez@cableonda.net
LOS QUE tuvimos contacto con las autoridades norteamericanas antes de la invasión, llegamos a entender que ellas preferían otra solución post-Noriega diferente a la de reconocer el triunfo de Endara en las elecciones de mayo del ´89. Quien venía a Panamá del Departamento de Estado, Michael Kozak, así como el embajador Hinton, según lo que se percibía, no confiaban en la capacidad de Endara para administrar un país en las ruinas como quedaría Panamá después de Noriega; su despreocupación por la geopolítica internacional y por los temas básicos del país, eran algunas de sus inquietudes. Preferían una especie de una Junta de Gobierno, presidida por algún empresario tipo J.J. Vallarino.
Esa impresión se reiteró en los tantos viajes que junto a Ricardo Arias Calderón, Billy Quijano, Diógenes de la Rosa (q.e.p.d.) y otros hice a Washington, para reunirnos con altos funcionarios del Departamento de Estado, entre quienes estaban Bernard Aronson y Larry Eagleburger, el último secretario de Estado de Ronald Reagan. Sin embargo, las pretensiones norteamericanas fueron ignoradas, ya que siempre apoyamos el reconocimiento de los resultados electorales de 1989, a pesar de cualquier aprehensión que tuviésemos por la poca visión política nacional e internacional de Guillermo Endara Galimany.
Democracia implicaba eso, respetar lo que había hablado el pueblo en las últimas elecciones cuando Endara aplastó a Carlos Duque, candidato de los militares; triunfo que produjo la anulación del proceso electoral. Por eso es que malamente pudo Endara, ni Arias Calderón ni Ford, pedir la invasión, como ahora sugiere -desconozco con qué propósito- un documento desclasificado del Departamento de Justicia y que dio a conocer el "Panamá América" el pasado miércoles 7 de marzo. Los gringos no lo iban a hacer caso a ningún panameño; ellos -como bien dijo al diario Mario Rognoni- invadirían Panamá cuando -sin que nadie se los pidiera- consideraran que era la única solución de salir de Noriega y acabar con las Fuerzas de Defensa. Ni siquiera los panameños que más contactos tenían en Washington, Gabriel Lewis Galindo (q.e.p.d.) y el ex director del IRHE, José Isabel Blandón, hubiesen podido convencer al Imperio de lo que debía hacer; aunque de seguro hubo quienes ingenuamente insinuaron la invasión.
Primero se tenían que poner ellos de acuerdo antes con las diferentes agencias involucradas con el tema de Panamá; era bastante difícil de lograr. Muestra de ello fueron los dos intentos de golpe militar que trataron de dar algunos oficiales de las Fuerzas de Defensa el 16 de marzo de 1988 y el 3 de octubre de 1989, confiados sus protagonistas que los norteamericanos los apoyarían. En el primero, lo frustra el Mayor Giroldi, quien al intentar dar el segundo, se cumple la promesa de asesinar a quienes trataran de hacerlo otra vez. De seguro que esos intentos golpistas criollos fueron alentados por militares norteamericanos, pero no es de extrañar que uno de ellos, informara a Noriega lo que se tramaba. Hasta el último momento, Noriega contó el apoyo de algunos oficiales de EE.UU.
Por eso, cuando leemos semejantes comentarios, producto quizás de una disparata mente de la burocracia norteamericana, sólo nos queda decir que a quién se le hubiese ocurrido que Endara pudiese tener semejante poder para "pedir" la invasión de 1989. Debemos recordar la particular manera que tenía de llamarle la atención a los gringos que, según él, no le hacían caso: ayunar por varios días dentro de la Catedral Metropolitana, en donde se llegaron a celebrar hasta Consejos de Gabinete.
Más que preocuparnos a estas alturas por un suceso que se dio hace más de 17 años, supuestamente para "establecer la democracia en Panamá", nos debe llamar la atención lo que la clase política ha estado haciendo desde 1989 al presente, para deteriorar cada vez las instituciones democráticas. Sino, que le pregunten a la gente cuántos diputados y representantes de corregimiento ocupan hoy sus curules producto de la ayuda gubernamental ilegal que recibieron en las elecciones pasadas, y cuántos del actual gobierno sueñan y se babean con elegirse o reelegirse en el 2009 con apoyo de los dineros públicos.
gcochez@cableonda.net