Los héroes anónimos
Todas las noches cuando sentimos la necesidad de dormir, descansar, y sobre todo dejar de pensar, cerramos los ojos, como si ello implicase una abstracción total en nuestro pensamiento y nuestro ser. Y allí realizamos el acto de soñar.
No cabe duda que todas las noches soñamos, nos acordemos o no, lo deseemos o no, disfrutemos o no, la realidad es que soñamos. Y al soñar escapamos de la realidad que otros forjan con su sacrificado trabajo nocturno para que al despertar tengamos un país saludable, robustecido, y lleno de productos y servicios que en nuestro afán por correr la vida no reparamos ni valoramos al momento de consumirlos.
Vale la pena hacer un alto en nuestros afanes diarios antes de irnos a dormir nuevamente para que reflexionemos en cada una de las personas que intervienen en la cadena de producción y protección nacional, de manera que aprendamos a ser agradecidos sobre todo en este mes de diciembre.
Con cuanta frecuencia nos hemos detenido a meditar en la labor que realizan nuestros hombres y mujeres que se dedican a la producción agrícola y ganadera del interior de la República, y de los largos tramos de carretera - muchos de ellos en pésimo estado - que tienen que surcar para suplir los mercados de abastos de la ciudad donde podamos comprar con entera libertad: las carnes, frutas, verduras, legumbres, granos, las especies y las plantas aromáticas que le dan sabor a los platos de navidad y año nuevo.
Y qué decir de los que manipulan los alimentos en los restaurantes y centros de comida rápida, que desde las primeras horas del amanecer preparan los alimentos que compramos cuando se nos antoja; y de los panaderos que con dedicación amasan la harina hasta convertirla en el rico pan de molde, flauta, viril, micha, moña, de mujer, bolita, pita, e integral y toda la variedad que usted y yo conocemos cuando se sirve el desayuno a la mesa.
¿Sabes cómo se abastecen de combustible las miles de estaciones de gasolina que circundan el país para que al despertar podamos suplir de gas los automóviles y autobuses que nos transportarán a nuestro destino? Recordamos a los cientos y miles de conductores del transporte público y selectivo que desde tempranas horas de la madrugada velan para cumplir con su misión de brindar el servicio de transporte colectivo.
Qué agradable es poder dormir mientras otros se encargan de la seguridad nacional como la Policía Nacional y los agentes de seguridad, los controladores aéreos, guarda costas y los camisas rojas, que aguardan el momento que el timbre de aviso, les indique un incendio que apagar, los guarda bosques que vigilan nuestro hábitat para que gente sin escrúpulos no destruya nuestras selvas tropicales, para así preservar el adecuado proceso de oxigenación y clorofila que le dan verdor a nuestro istmo patrio.
Alguna vez te has detenido a pensar en el médico y la enfermera que vigilan en un cuarto de cuidados intensivos el recobro y la convalescencia de quienes por una diferida razón padecen quebrantos de salud; aguardan consagrados y sin pestañear la llegada de un afligido con su trauma o padecimiento en un cuarto de urgencia.
Resulta sabroso levantarnos a cualquier hora de la noche y asomarnos por la ventana de nuestra habitación y ver que seguimos alumbrados gracias a la labor ingente de los ingenieros hidráulicos que miran porque llegue la energía eléctrica a cada calle, barrio o rincón de nuestro Panamá; y, a su vez, los encargados de que el agua potable llegue a tiempo a todos los hogares, sin soslayar a los esforzados funcionarios de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), que mantienen en pleno apogeo la vía acuática para que la navegación marítima mundial no se paralice.
Y a dónde dejamos a los que observan desde una oficina de meteorología el estado del tiempo para alertarnos de cualquier cambio atmosférico que ponga en peligro nuestras vidas; y de las cientos de radio operadoras de telefonía internacional y de larga distancia que nos mantienen en contacto a cualquier hora de la noche con el resto del mundo.
Te has imaginado alguna vez todo el proceso que implica la producción del periódico y noticieros de radio y televisión que te actualizan cada mañana al despertar; y qué decir de los supermercados y farmacias de servicio nocturno que nos permiten ganar tiempo para suplir aquellas cosas que no podemos comprar durante el día.
Mientras dormimos son tantos los panameños que intervienen de una manera u otra en la cadena de producción y protección nacional, para que podamos iniciar, sin complicaciones ,y dilación nuestra jornada ciudadana. A un año de celebrarse el Centenario de la República, aprovecho la ocasión para pedir una ovación a los héroes anónimos que hacen de Panamá cada noche una tasita de oro con su esfuerzo y dedicación.
No cabe duda que todas las noches soñamos, nos acordemos o no, lo deseemos o no, disfrutemos o no, la realidad es que soñamos. Y al soñar escapamos de la realidad que otros forjan con su sacrificado trabajo nocturno para que al despertar tengamos un país saludable, robustecido, y lleno de productos y servicios que en nuestro afán por correr la vida no reparamos ni valoramos al momento de consumirlos.
Vale la pena hacer un alto en nuestros afanes diarios antes de irnos a dormir nuevamente para que reflexionemos en cada una de las personas que intervienen en la cadena de producción y protección nacional, de manera que aprendamos a ser agradecidos sobre todo en este mes de diciembre.
Con cuanta frecuencia nos hemos detenido a meditar en la labor que realizan nuestros hombres y mujeres que se dedican a la producción agrícola y ganadera del interior de la República, y de los largos tramos de carretera - muchos de ellos en pésimo estado - que tienen que surcar para suplir los mercados de abastos de la ciudad donde podamos comprar con entera libertad: las carnes, frutas, verduras, legumbres, granos, las especies y las plantas aromáticas que le dan sabor a los platos de navidad y año nuevo.
Y qué decir de los que manipulan los alimentos en los restaurantes y centros de comida rápida, que desde las primeras horas del amanecer preparan los alimentos que compramos cuando se nos antoja; y de los panaderos que con dedicación amasan la harina hasta convertirla en el rico pan de molde, flauta, viril, micha, moña, de mujer, bolita, pita, e integral y toda la variedad que usted y yo conocemos cuando se sirve el desayuno a la mesa.
¿Sabes cómo se abastecen de combustible las miles de estaciones de gasolina que circundan el país para que al despertar podamos suplir de gas los automóviles y autobuses que nos transportarán a nuestro destino? Recordamos a los cientos y miles de conductores del transporte público y selectivo que desde tempranas horas de la madrugada velan para cumplir con su misión de brindar el servicio de transporte colectivo.
Qué agradable es poder dormir mientras otros se encargan de la seguridad nacional como la Policía Nacional y los agentes de seguridad, los controladores aéreos, guarda costas y los camisas rojas, que aguardan el momento que el timbre de aviso, les indique un incendio que apagar, los guarda bosques que vigilan nuestro hábitat para que gente sin escrúpulos no destruya nuestras selvas tropicales, para así preservar el adecuado proceso de oxigenación y clorofila que le dan verdor a nuestro istmo patrio.
Alguna vez te has detenido a pensar en el médico y la enfermera que vigilan en un cuarto de cuidados intensivos el recobro y la convalescencia de quienes por una diferida razón padecen quebrantos de salud; aguardan consagrados y sin pestañear la llegada de un afligido con su trauma o padecimiento en un cuarto de urgencia.
Resulta sabroso levantarnos a cualquier hora de la noche y asomarnos por la ventana de nuestra habitación y ver que seguimos alumbrados gracias a la labor ingente de los ingenieros hidráulicos que miran porque llegue la energía eléctrica a cada calle, barrio o rincón de nuestro Panamá; y, a su vez, los encargados de que el agua potable llegue a tiempo a todos los hogares, sin soslayar a los esforzados funcionarios de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), que mantienen en pleno apogeo la vía acuática para que la navegación marítima mundial no se paralice.
Y a dónde dejamos a los que observan desde una oficina de meteorología el estado del tiempo para alertarnos de cualquier cambio atmosférico que ponga en peligro nuestras vidas; y de las cientos de radio operadoras de telefonía internacional y de larga distancia que nos mantienen en contacto a cualquier hora de la noche con el resto del mundo.
Te has imaginado alguna vez todo el proceso que implica la producción del periódico y noticieros de radio y televisión que te actualizan cada mañana al despertar; y qué decir de los supermercados y farmacias de servicio nocturno que nos permiten ganar tiempo para suplir aquellas cosas que no podemos comprar durante el día.
Mientras dormimos son tantos los panameños que intervienen de una manera u otra en la cadena de producción y protección nacional, para que podamos iniciar, sin complicaciones ,y dilación nuestra jornada ciudadana. A un año de celebrarse el Centenario de la República, aprovecho la ocasión para pedir una ovación a los héroes anónimos que hacen de Panamá cada noche una tasita de oro con su esfuerzo y dedicación.