Los hijos de las madres que trabajan
Hay problemas con los que confrontamos a menudo miles de familias panameñas, buscamos la manera de arreglarnos cada uno a nuestra forma, muchas veces sin solucionarlos del todo, pero que finalmente los digerimos y terminamos asimilándolos como "males necesarios". Sin embargo, no es hasta que sucede un hecho impactante, capaz de estremecer al más indiferente de los panameños que retomamos la conciencia de que el problema existe, es generalizado y no hemos hecho nada como sociedad para buscarle la solución. Me refiero al problema de la crianza de los hijos de las madres que trabajan que en este momento aflora en nuestras mentes, después de seguir de cerca el caso de la niña Paula Patricia Batista secuestrada por el travestí Halmodio (Olga) Conchávez, quien se hizo pasar como doméstica. Por supuesto que ante casos como este, miles de hombres y mujeres nos identificamos con la angustia de la Sra. Yaneth Araúz y el señor Blas Pedro Batista, padres de la niña, porque "también pudo pasarme a mí". Cuántos no nos hemos visto en la necesidad de dejar en nuestra casa a un perfecto desconocido al que le confiamos todas nuestras pertenencias y, lo más importante, la crianza de nuestros hijos. Esta persona de la que no sabemos casi nada (ya ni el género), probablemente sea la que pase el mayor tiempo con nuestros hijos si tomamos en cuenta el horario laboral normal más el tiempo que toma el ir y venir del trabajo (que en Panamá puede ser mucho).
Yo quisiera aprovechar este desafortunado hecho antes de que pase la efervescencia del momento y para muchos quede en el olvido, para que hagamos un alto y recapacitemos como sociedad en qué es lo que está pasando con la mayoría de nuestros niños, hijos de madres trabajadoras, y con el ánimo de que mis palabras encuentren eco en personas con la capacidad para brindar soluciones (que las hay).
No pretendo meterme en análisis estériles sobre la convivencia o no de que la mujer trabaje. Ya es un hecho que lo hace (y lo hacemos bien). Sin embargo, esto ha traído el problema del cuidado de los hijos durante el tiempo del trabajo. Entonces es cuando la empleada doméstica entra en escena, con un rol principal en la clase media, y una demanda que sobrepasa con creces la oferta; razón por la cual muchos caemos víctimas de la desesperación en confiar primero, en agencias inescrupulosas de contratación de empleadas que no le ofrecen ninguna garantía al cliente (y de esto puedo dar fe por experiencia propia) las cuales proliferan como pan caliente aparentemente sin ninguna regulación y por otro lado, en esa persona desconocida que llevará a su casa, si consideramos que quien se dedique al cuidado de los niños debe ser una persona con cierto grado de educación, sentido común y actitudes, la oferta se nos reduce más aún. Es ante esta necesidad que surgen los parvularios o Centros de Orientación Infantil (COIF) mal llamados guarderías (porque no los deben "guardar", los cuidan y educan) como una solución. Sin embargo, el Estado panameño, a pesar de que tiene un considerable número de mujeres trabajadoras, no se ha ocupado de brindarles facilidades a estas mujeres para que puedan llegar a trabajar con un máximo rendimiento sin la preocupación de llamar a casa a cada hora (si es que pueden llamar) a ver si la empleada está y qué es lo que está haciendo y rogar que sea la hora de salida para ir corriendo a su casa. Claro que el Estado tiene COIF, pero ¿son suficientes?, ¿reciben el suficiente apoyo estatal?, ¿cuántos niños hay en cada salón? Y si nos vamos al ámbito privado la cosa tampoco está mejor. Los costos de los parvularios a nivel privado son altos y muchas veces inaccesibles para muchas familias panameñas y por otro lado a las empresas privadas parece importarles poco este aspecto. Pues deberían considerarlo, porque definitivamente una mujer que deja a sus hijos en buenas manos llegará a su trabajo tranquila y con la máxima capacidad de rendimiento. Podemos preguntarnos cuántas empresas privadas con un alto número de empleadas femeninas brindan facilidades de este tipo. Yo nada más conozco una y me alegraría mucho si alguien me mencionara otra.
Pero el problema no sólo se limita al preescolar. Con una jornada escolar usualmente discordante con los horarios de trabajo de los padres ¿quién cuida al niño después que sale de la escuela? Aquí sí que el problema tiene menos opciones, pues usualmente los COIF funcionan hasta la edad de 5 años y son muy pocas las escuelas que ofrecen el servicio de cuidar a los niños después de finalizadas las clases.
Ojalá que este hecho sirva para que en Panamá gobierno y empresas privadas tomen conciencia acerca de la realidad actual de un gran porcentaje de su fuerza laboral y sean capaces de generar soluciones promocionando el desarrollo de parvularios y centros escolares dignos a los niños panameños con horarios y costos accesibles para las madres trabajadoras.
Yo quisiera aprovechar este desafortunado hecho antes de que pase la efervescencia del momento y para muchos quede en el olvido, para que hagamos un alto y recapacitemos como sociedad en qué es lo que está pasando con la mayoría de nuestros niños, hijos de madres trabajadoras, y con el ánimo de que mis palabras encuentren eco en personas con la capacidad para brindar soluciones (que las hay).
No pretendo meterme en análisis estériles sobre la convivencia o no de que la mujer trabaje. Ya es un hecho que lo hace (y lo hacemos bien). Sin embargo, esto ha traído el problema del cuidado de los hijos durante el tiempo del trabajo. Entonces es cuando la empleada doméstica entra en escena, con un rol principal en la clase media, y una demanda que sobrepasa con creces la oferta; razón por la cual muchos caemos víctimas de la desesperación en confiar primero, en agencias inescrupulosas de contratación de empleadas que no le ofrecen ninguna garantía al cliente (y de esto puedo dar fe por experiencia propia) las cuales proliferan como pan caliente aparentemente sin ninguna regulación y por otro lado, en esa persona desconocida que llevará a su casa, si consideramos que quien se dedique al cuidado de los niños debe ser una persona con cierto grado de educación, sentido común y actitudes, la oferta se nos reduce más aún. Es ante esta necesidad que surgen los parvularios o Centros de Orientación Infantil (COIF) mal llamados guarderías (porque no los deben "guardar", los cuidan y educan) como una solución. Sin embargo, el Estado panameño, a pesar de que tiene un considerable número de mujeres trabajadoras, no se ha ocupado de brindarles facilidades a estas mujeres para que puedan llegar a trabajar con un máximo rendimiento sin la preocupación de llamar a casa a cada hora (si es que pueden llamar) a ver si la empleada está y qué es lo que está haciendo y rogar que sea la hora de salida para ir corriendo a su casa. Claro que el Estado tiene COIF, pero ¿son suficientes?, ¿reciben el suficiente apoyo estatal?, ¿cuántos niños hay en cada salón? Y si nos vamos al ámbito privado la cosa tampoco está mejor. Los costos de los parvularios a nivel privado son altos y muchas veces inaccesibles para muchas familias panameñas y por otro lado a las empresas privadas parece importarles poco este aspecto. Pues deberían considerarlo, porque definitivamente una mujer que deja a sus hijos en buenas manos llegará a su trabajo tranquila y con la máxima capacidad de rendimiento. Podemos preguntarnos cuántas empresas privadas con un alto número de empleadas femeninas brindan facilidades de este tipo. Yo nada más conozco una y me alegraría mucho si alguien me mencionara otra.
Pero el problema no sólo se limita al preescolar. Con una jornada escolar usualmente discordante con los horarios de trabajo de los padres ¿quién cuida al niño después que sale de la escuela? Aquí sí que el problema tiene menos opciones, pues usualmente los COIF funcionan hasta la edad de 5 años y son muy pocas las escuelas que ofrecen el servicio de cuidar a los niños después de finalizadas las clases.
Ojalá que este hecho sirva para que en Panamá gobierno y empresas privadas tomen conciencia acerca de la realidad actual de un gran porcentaje de su fuerza laboral y sean capaces de generar soluciones promocionando el desarrollo de parvularios y centros escolares dignos a los niños panameños con horarios y costos accesibles para las madres trabajadoras.