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Los hombres detrás del trono


El presidente Martinelli dijo recientemente en Perú, que él no era político y que los empresarios peruanos debían tomarse el poder, como hizo él en Panamá, porque los políticos no servían, o algo así. No voy a salir en defensa de nuestros políticos actuales, porque yo también tengo una idea muy pobre de ellos. No obstante, son los políticos los que tienen que administrar el Estado panameño, y es su deber administrarlo con honradez, eficiencia y patriotismo. No debe olvidar el señor Martinelli que, cuando le ofrecieron al sabio Albert Einstein que aceptara la presidencia de Israel, rehusó el honor diciendo que no era político, dándole al político una capacidad y una eficiencia de la cual él carecía. Y recordar también, que cuando en cierta ocasión le preguntaron a John F. Kennedy por su oficio, respondió que era un “político profesional”. Que hoy no tengamos grandes políticos en el país, puede ser; pero eso no quiere decir que en el futuro no los tengamos; es más, los necesitamos con urgencia.

Los evidentes errores que ha cometido el presidente Martinelli en su primer año de gobierno, los debe, casi con seguridad, a su inexperiencia política y a la falta de una buena y prudente asesoría. Porque, aunque no lo quiera aceptar, un Estado no se maneja como una empresa comercial; manejarlo, es mucho más difícil y complejo. Las decisiones de un estadista son más consultadas, y no se toman por capricho o impulsividad

Los grandes estadistas han tenido a su lado a grandes asesores. Los gobernantes, por más capaces que sean, no pueden ver los recovecos y consecuencias que pueden generar sus acciones. Dicen los historiadores, que cuando Napoleón tenía que tomar consejos, llamaba al diplomático Talleyrand (quien según uno de sus biógrafos “tenía la cabeza helada”), y éste sujetaba la impulsividad del Emperador, que era muy grande. Por eso, cuando perdió la asesoría de Talleyrand, su imperio se vino abajo. Dicen que ante el desastre de Waterloo, se le oyó decir: “Esto no me hubiera pasado si hubiera estado conmigo Talleyrand”.

Dicen también, que el doctor Arnulfo Arias no consultaba ni le daba importancia a ningún consejero, cuando tomaba una decisión importante. Era inflexible y nadie lo hacía cambiar; sus amigos no se atrevían a contradecirlo…En cambio, el reflexivo y sereno Diógenes de la Rosa, fue asesor de muchos presidentes; y uno de ellos, don Ernesto de la Guardia, lo llevó a la presidencia para consultarlo continuamente.

Pero volvamos al presidente Martinelli. Convénzase, señor Presidente, que usted no está dirigiendo una empresa comercial; y que de continuar sin asesorarse con sabios y prudentes consejeros, va por un camino que desembocará en situaciones muy difíciles. Tal vez se tendrá que lamentar de no haber tenido buenos consejeros.

101 años de Panamá América

 
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