Los indígenas estremecen Ecuador
Nadie tomó en serio las demandas de los pueblos indígenas ni las amenazas de que se tomarían Quito y las principales sedes del gobierno. Jamil Mahuad seguía confiado en las Fuerzas Armadas y en demás partidos políticos para imponer la dolarización de la economía a costa de aumentar la pobreza de los sectores marginados del país. Los rostros quemados de los quichuas, shuar, otavalos, y otros pueblos indígenas, fueron los únicos de la sociedad ecuatoriana que a costa de sus miserias y vidas, quisieron cambiar un régimen "democrático" (democracia en sus orígenes lo ostentaban los patricios o una élite de la sociedad griega, más no el pueblo) por la de un verdadero gobierno popular.
Una vez más fueron traicionados por los políticos tradicionales y militares que se han repartido el poder y la riqueza del país. A nivel nacional e internacional, todos condenaron a los militares y muy poca gente la acción de los indígenas. Por lo que las declaraciones del H.L. Enrique Garrido, presidente de la Asamblea Legislativa de Panamá, siendo indígena son justificables y aplaudibles: "... para nosotros, los indígenas, es algo histórico en este nuevo milenio, es parte de la historia de los pueblos indígenas, que está cansado, que necesita respuestas...".
¿Latinoamérica, seguirá negando el gran poder que tiene en estos momentos los movimientos indígenas? A finales del Siglo XX, 1994, Chiapas hizo estremecer todo el continente, como un volcán y muy pocos políticos escucharon el estruendo. Los planes, estrategias políticas siguen ignorando a los primeros pobladores, se mantienen ideas exóticas y siguen mirando a los mismos con lástima. La historia ya no sólo la escriben los caudillos o los venidos de otros continentes, sino también los que han cuidado siempre esos bosques, mares, ríos y animales, mucho antes de 1492.
En nuestro medio, una vez más han surgido las momias de la política criolla para condenar a los indígenas, sin analizar el contexto general de la política ecuatoriana, sino tratar de salvar la figura de los gobernantes corruptos, que sus propios pueblos lo desprecian. Para vergüenza de los panameños tenemos a Bucaram de Ecuador, Serrano de Guatemala y otros que han robado y reprimido en nombre de la democracia. Valientes para robar, cobardes para enfrentar a sus pueblos. Mientras los indígenas de la Sierra y Amazonía ecuatoriana volvieron a sus comunidades con la misma tristeza y miseria al hombro, pero con la frente y la mirada en alto, aún sabiendo que sus vidas peligran y que sus dirigentes pueden ser encarcelados en cualquier momento.
Las primeras movilizaciones de la Confederación de Nacionalidades del Ecuador (CONAIE) datan desde 1988, exigiendo la legalización e institucionalización de sus lenguas. Posteriormente, en 1990 ocurre el primer levantamiento para exigir que se declare a Ecuador como un Estado Plurinacional y se convoque la Asamblea Constituyente. Todas esas acciones fueron rechazadas por los gobiernos y las Fuerzas Armadas, que temían el "fraccionamiento del territorio nacional".
Las acciones indígenas no se quedaron ahí, en 1993 y 1994, impulsaron el proyecto político que recogía las principales reinvindicaciones de esos pueblos con el objetivo de reformar la Constitución Política. En 1996 se organiza el Movimiento Pachakutik-Nuevo País, y con el mismo alcanzan por primera vez en la historia ecuatoriana espacios políticos a nivel de municipios y con un número considerable de diputados en el Congreso Nacional. Pero el logro más importante fue las reformas a la Constitución Nacional en 1996, que toma en cuenta las demandas indígenas.
Desde entonces, las acciones de toma de carreteras y caminatas a Quito han sido frecuentes, pero siempre sin respuestas concretas del gobierno. Lo ocurrido recientemente, aunque fallido, es únicamente una muestra de botón de lo que puede venir en cadena en toda Abya Yala. Muy bien lo dijera Antonio Vargas: "Los pobres vamos a seguir siendo pobres, y vienen más miserias, compañeros, (...) pero seguimos luchando y movilizados". Y a sus palabras el pueblo indígena lanzó su grito de guerra: ¡Adelante, vamos, aquí nadie se rinde!.
Una vez más fueron traicionados por los políticos tradicionales y militares que se han repartido el poder y la riqueza del país. A nivel nacional e internacional, todos condenaron a los militares y muy poca gente la acción de los indígenas. Por lo que las declaraciones del H.L. Enrique Garrido, presidente de la Asamblea Legislativa de Panamá, siendo indígena son justificables y aplaudibles: "... para nosotros, los indígenas, es algo histórico en este nuevo milenio, es parte de la historia de los pueblos indígenas, que está cansado, que necesita respuestas...".
¿Latinoamérica, seguirá negando el gran poder que tiene en estos momentos los movimientos indígenas? A finales del Siglo XX, 1994, Chiapas hizo estremecer todo el continente, como un volcán y muy pocos políticos escucharon el estruendo. Los planes, estrategias políticas siguen ignorando a los primeros pobladores, se mantienen ideas exóticas y siguen mirando a los mismos con lástima. La historia ya no sólo la escriben los caudillos o los venidos de otros continentes, sino también los que han cuidado siempre esos bosques, mares, ríos y animales, mucho antes de 1492.
En nuestro medio, una vez más han surgido las momias de la política criolla para condenar a los indígenas, sin analizar el contexto general de la política ecuatoriana, sino tratar de salvar la figura de los gobernantes corruptos, que sus propios pueblos lo desprecian. Para vergüenza de los panameños tenemos a Bucaram de Ecuador, Serrano de Guatemala y otros que han robado y reprimido en nombre de la democracia. Valientes para robar, cobardes para enfrentar a sus pueblos. Mientras los indígenas de la Sierra y Amazonía ecuatoriana volvieron a sus comunidades con la misma tristeza y miseria al hombro, pero con la frente y la mirada en alto, aún sabiendo que sus vidas peligran y que sus dirigentes pueden ser encarcelados en cualquier momento.
Las primeras movilizaciones de la Confederación de Nacionalidades del Ecuador (CONAIE) datan desde 1988, exigiendo la legalización e institucionalización de sus lenguas. Posteriormente, en 1990 ocurre el primer levantamiento para exigir que se declare a Ecuador como un Estado Plurinacional y se convoque la Asamblea Constituyente. Todas esas acciones fueron rechazadas por los gobiernos y las Fuerzas Armadas, que temían el "fraccionamiento del territorio nacional".
Las acciones indígenas no se quedaron ahí, en 1993 y 1994, impulsaron el proyecto político que recogía las principales reinvindicaciones de esos pueblos con el objetivo de reformar la Constitución Política. En 1996 se organiza el Movimiento Pachakutik-Nuevo País, y con el mismo alcanzan por primera vez en la historia ecuatoriana espacios políticos a nivel de municipios y con un número considerable de diputados en el Congreso Nacional. Pero el logro más importante fue las reformas a la Constitución Nacional en 1996, que toma en cuenta las demandas indígenas.
Desde entonces, las acciones de toma de carreteras y caminatas a Quito han sido frecuentes, pero siempre sin respuestas concretas del gobierno. Lo ocurrido recientemente, aunque fallido, es únicamente una muestra de botón de lo que puede venir en cadena en toda Abya Yala. Muy bien lo dijera Antonio Vargas: "Los pobres vamos a seguir siendo pobres, y vienen más miserias, compañeros, (...) pero seguimos luchando y movilizados". Y a sus palabras el pueblo indígena lanzó su grito de guerra: ¡Adelante, vamos, aquí nadie se rinde!.