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Los intelectuales se quedan mudos



En un contexto transformación, de salto tecnológico, de globalización del conocimiento y de la cultura, causa desazón que los intelectuales panameños oculten su voz. Lejos están aquellos años cuando era la intelectualidad criolla la que marcaba itinerarios, cuando eran puntos de referencia obligada, pues sus palabras iluminaban en medio de la borrasca inevitable en un país que nacía.
Hoy, por el contrario, nuestros intelectuales guardan un silencio ofensivo. Tanto o peor que el de la Universidad de Panamá, que ya nos ha acostumbrado a su mutismo e inercia. En el caso de la intelectualidad, la desilusión es mayor, pues se presupone que su independencia y humanismo los habilita para el aporte, al margen de que la alta casa de estudios esté en bancarrota espiritual.
Al tratar de analizar las razones de tan bochornoso silencio, caemos en la cuenta de que también el país perdió el oído. No estamos preparados para las palabras de nuestros filósofos, historiadores, sociólogos, literatos, humanistas y politólogos, por mencionar algunos. La nación panameña se contentó con los análisis reduccionistas y/o deterministas que sellan los rumbos actuales, y de alguna manera se incapacitó para reflexiones de alto vuelo. Nuestra cultura nacional, otrora de gran brillo, es ahora de latón, y nuestros hombres y mujeres carecen de los aparejos para el razonamiento y lo abstracto. Vemos que estamos atrapados en un círculo vicioso, en el que intelectuales y pueblo se mezclan en un potingue de incapacidad que castra el pensamiento y la palabra.
Los cambios históricos, esos que provocaron giros profundos en la humanidad, por excelencia han estado marcados por las ideas. No olvidemos a Jesús, Mahoma, Descartes, Ghandi, Foucault, Emanuel Kant, Carlos Rousseau, Diderot, Montesquieu, Marx: todos imprimieron huellas imborrables en la historia del pensamiento y, por ende, marcaron el camino que trajo a la humanidad hasta el momento actual. En Panamá tuvimos ejemplos de primera línea en Justo Arosemena, Harmodio Arias, Diógenes de la Rosa, José Daniel Crespo, Jeptha Duncan, Sara Sotillo, Clara González, Marta Matamoros y otros.
¿Se secó nuestro pozo de pensadores? ¿Tenemos que conformarnos con los aportes de algunos cuantos que, aunque valiosos, se encuentran solos en el ruedo del debate?
No es justo que en una encrucijada como la actual, que va más allá del asunto del Canal, pues se trata de definir el Ser panameño del siglo XXI, tengamos que someternos a los limitados cauces de las tendencias economicistas, tecnológico-comunicacionalistas y politicistas. Panamá es mucho más que una caja registradora, es un pueblo complejo que requiere de sus mejores hombres para dar el salto.

101 años de Panamá América

 
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