Los jóvenes, futuros adultos
Continuemos con los sucesos extraños porque los hay que no me encajan en mi caja de valores. Tal vez estos valores sean tan personales que no puedo compatirlos con otros. Pero, por el contrario, mis y tus valores tienen que ser iguales ya que los valores son únicos.
Mucho hablamos de la juventud; de esa juventud que es el futuro de la patria; de esos jóvenes que piensan diferente a nosotros los entrados en edad, que han creado una distancia generacional grande entre ellos y nosotros.
He defendido su posición porque trato de comprenderla; he sido profesora universitaria por muchos años con la responsabilidad de su formación. Tengo hijos jóvenes y nietas que un día lo serán. Sin embargo, hay algo que no termino de comprender en la relación jóvenes-adultos. Por momentos se me enredan las neuronas y pienso que los jóvenes cometen errores; por momentos los eximo de culpabilidad y creo que nosotros les enseñamos mal y les inculcamos una serie de vicios que no les hace bien. ¿Será que estamos corrompiéndolos compartiendo nuestras malas costumbres con ellos como si fueran valores?
Hay jóvenes que ya practican el juega vivo; que piden ayuda monetaria en vez de pedir oportunidades. ¿Hasta dónde les hemos permitido que se sientan una fuerza arrolladora que nos falte el respeto? Hace unos días vi en periódico que un grupo de jóvenes simpatizantes de Martín Torrijos abucheó al Presidente Pérez Balladares porque el primero aspira a la posición que tiene el Presidente dentro de su partido. ¿Es esa una razón para faltar el respeto al Presidente? ¿Hay razón para que sus adversarios políticos aplaudan o gocen con esta situación en vez de corregirlos?
Estos jóvenes creen tener una fuerza por su juventud y que deben llevarse en los pechos a cualquiera. No niños; todo a su tiempo, o es que acaso ignoran las etapas que los mayores han seguido para alcanzar lo que tienen y que ellos deben salvarlas también para llegar a donde aspiran.
Antes de sentirse con poderes, deben estudiar, trabajar, producir para engrandecer el país, y luego cumplir sus aspiraciones. ¿Por qué las universidades en Panamá están llenas de jóvenes del sexo femenino y pocos masculinos? ¿Dónde están, qué hacen para superarse? Recuerden que la ignorancia los lleva a cometer actos impropios de gente civilizada.
Los jóvenes que han convivido conmigo conocen mi opinión referente a ellos y mi comportamiento en varios órdenes para defenderlos. Me han dado ocasiones muy lindas en mi vida, pero me duele verlos caminar por senderos equivocados. ¿Qué o quiénes los tiran por ese barranco? Son adultos que se aprovechan de su espontaneidad y su agresividad para utilizarlos, o les nace hacerlo porque les da la gana y creen que merecen pleitesía porque se trata de la juventud. Debemos mirar detenidamente los acontecimientos, la forma de comportarse y la responsabilidad que tenemos en ello.
Nada ganamos con darles la fuerza que creen tener si no permitimos que maduren primero y ocupen su lugar. Nada positivo lograremos si los jóvenes no estudian, se aprovechan de las circunstancias para imponer su criterio por la violencia y no en un diálogo pacífico. Lo que han ganado las sociedades dándoles un mejor sitio a los jóvenes, lo perderán si ellos no consideran ni respetan, no se educan ni se superan.
Porque los quiero y los admiro, les solicito que moderen su comportamiento, que dialoguen si en algo no están de acuerdo, que no se aprovechen de su cantidad sino que impongan su calidad. Sólo así alcanzarán posiciones envidiables.
Mucho hablamos de la juventud; de esa juventud que es el futuro de la patria; de esos jóvenes que piensan diferente a nosotros los entrados en edad, que han creado una distancia generacional grande entre ellos y nosotros.
He defendido su posición porque trato de comprenderla; he sido profesora universitaria por muchos años con la responsabilidad de su formación. Tengo hijos jóvenes y nietas que un día lo serán. Sin embargo, hay algo que no termino de comprender en la relación jóvenes-adultos. Por momentos se me enredan las neuronas y pienso que los jóvenes cometen errores; por momentos los eximo de culpabilidad y creo que nosotros les enseñamos mal y les inculcamos una serie de vicios que no les hace bien. ¿Será que estamos corrompiéndolos compartiendo nuestras malas costumbres con ellos como si fueran valores?
Hay jóvenes que ya practican el juega vivo; que piden ayuda monetaria en vez de pedir oportunidades. ¿Hasta dónde les hemos permitido que se sientan una fuerza arrolladora que nos falte el respeto? Hace unos días vi en periódico que un grupo de jóvenes simpatizantes de Martín Torrijos abucheó al Presidente Pérez Balladares porque el primero aspira a la posición que tiene el Presidente dentro de su partido. ¿Es esa una razón para faltar el respeto al Presidente? ¿Hay razón para que sus adversarios políticos aplaudan o gocen con esta situación en vez de corregirlos?
Estos jóvenes creen tener una fuerza por su juventud y que deben llevarse en los pechos a cualquiera. No niños; todo a su tiempo, o es que acaso ignoran las etapas que los mayores han seguido para alcanzar lo que tienen y que ellos deben salvarlas también para llegar a donde aspiran.
Antes de sentirse con poderes, deben estudiar, trabajar, producir para engrandecer el país, y luego cumplir sus aspiraciones. ¿Por qué las universidades en Panamá están llenas de jóvenes del sexo femenino y pocos masculinos? ¿Dónde están, qué hacen para superarse? Recuerden que la ignorancia los lleva a cometer actos impropios de gente civilizada.
Los jóvenes que han convivido conmigo conocen mi opinión referente a ellos y mi comportamiento en varios órdenes para defenderlos. Me han dado ocasiones muy lindas en mi vida, pero me duele verlos caminar por senderos equivocados. ¿Qué o quiénes los tiran por ese barranco? Son adultos que se aprovechan de su espontaneidad y su agresividad para utilizarlos, o les nace hacerlo porque les da la gana y creen que merecen pleitesía porque se trata de la juventud. Debemos mirar detenidamente los acontecimientos, la forma de comportarse y la responsabilidad que tenemos en ello.
Nada ganamos con darles la fuerza que creen tener si no permitimos que maduren primero y ocupen su lugar. Nada positivo lograremos si los jóvenes no estudian, se aprovechan de las circunstancias para imponer su criterio por la violencia y no en un diálogo pacífico. Lo que han ganado las sociedades dándoles un mejor sitio a los jóvenes, lo perderán si ellos no consideran ni respetan, no se educan ni se superan.
Porque los quiero y los admiro, les solicito que moderen su comportamiento, que dialoguen si en algo no están de acuerdo, que no se aprovechen de su cantidad sino que impongan su calidad. Sólo así alcanzarán posiciones envidiables.