Los jóvenes, su educación y la política
Las personas que alcanzaron la mayoría de edad luego de las elecciones de mayo de 2004 y que votarán por primera vez en el 2009 suman varios cientos de miles y tendrán una cuota importante de la decisión que se tome en las urnas.
Por razón de su edad y sus intereses, esos jóvenes entre las edades de 18 y 23 años, constituyen un grupo relativamente homogéneo por su manera de ver el mundo y experimentar los problemas sociales. Lógico es que sus preocupaciones se concentren en la educación superior y las oportunidades de trabajo, y que su voto sea una opinión, consciente o no, de respaldo o rechazo a lo que se ha hecho en estos años en que se han insertado en el mundo público del trabajo y la educación superior.
Para la inmensa mayoría que fue a una escuela pública y sufrió las carencias e ineficiencias del sistema educativo, la escuela les dejó un triste legado, pero uno podría pensar que la inusitada prosperidad económica ha traído la apertura de nuevos puestos de trabajo que podría compensar la parte mala del legado recibido. O quizás no haya tal compensación, sino más bien una exacerbación de la frustración que produce el no haber tenido acceso a una buena educación, pues está comprobado que las mejores oportunidades se las llevan quienes están mejor preparados por la escuela. ¿Tendrá esta frustración exacerbada un impacto en las opciones políticas de los jóvenes?