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Los jóvenes y la política


¿Cómo vemos nosotros los jóvenes la política? ¿Nos importa realmente lo que sucede hoy en nuestra sociedad? ¿Conocemos la forma de participación que la democracia representativa nos brinda?
Estas preguntas podrían ser respondidas en una sola frase: "el futuro ya no es lo que solía ser", aunque mejor dicho el hoy. Por más que parezca fatalista, la verdad de las estadísticas supera toda suposición intelectual o teórica. Nuestra sociedad ha cambiado, para bien o para mal, pero lo ha hecho. Primero, la democracia liberal junto con la economía de mercado surgen como prueba insoslayable de ese triunfo; segundo, la forma según la cual se ha arribado a ellas presenta distintas variantes.
La sociedad y la cultura de hoy pasan por la imagen, la realidad virtual, la velocidad y la hipercompetitividad que se dan de bruces con lo que conocimos como las prácticas políticas y el discurso político tradicional. ¿Cuántos de nosotros los jóvenes leemos la sección política de los diarios o nos interesamos por debatir las declaraciones de tal o cual dirigente, desde la óptica que han aprendido nuestros progenitores? Las generalizaciones no siempre son correctas, pero si nos ocupamos un poco de la Universidad, veremos que sólo un porcentaje muy bajo de los estudiantes participa en las actividades de sus centros de estudiantes, y de ese porcentaje menos de la mitad participa en la política partidaria. ¿Qué sucede en la escuela secundaria? Por la falta de cifras me remito a la experiencia: el colegio se agita cuando hay elecciones, sea porque el debate al fin les llegó, los afectó o les decretó la suspensión de las clases el lunes siguiente a los comicios. Si esto es así, ¿qué tipo de ciudadanos se están formando? La mera lectura de los diarios no es suficiente para aprender. Los estudiantes secundarios ven un movimiento distinto, aprecian las injusticias de forma más conscientes que nosotros, y reaccionan, muchas veces, en forma positiva. Pero también quizás nosotros los jóvenes debiéramos de practicar la nueva forma de hacer política y presentar la realidad: "la videopolítica". La cultura de la imagen es la que nos gobierna, y los partidos, apoyados de todo un andamiaje técnico-mediático, recurren a la imagen y a la televisión como forma de comunicación. Los jóvenes se divierten cuando aparecen los candidatos "humanizados" en programas humorísticos o musicales que reemplazan la dureza y el amarillismo de los noticieros. La política y los políticos son parte de la mercadería del mercado político que está para ser consumida, y que, de hecho, se la consume como tal. Es así que, en esta campaña electoral han aparecido un sinnúmero de candidatos que no tienen idea de lo que es política y mucho menos lo que es enfrentar los problemas sociales que aquejan a nuestro país.
La tarea de hoy es más compleja. Debemos entender primero la cultura de la imagen para poder trabajar con ella y hacer reflexionar a nosotros los jóvenes sobre nuestro propio destino político y la realidad social. Es verdad que frente a las innumerables alternativas que hoy se presentan, la discusión política se torna aburrida, pero el acercamiento de la política a los jóvenes no pasa por contar chistes, o aparecer de pantalones cortos, tampoco por lecturas y repeticiones de Programas de Instrucción Cívica o Derecho Constitucional. Es primordialmente necesario entender la cultura comunicativa de nosotros los jóvenes de hoy, la cultura de los medios masivos de comunicación. Es desde allí donde podemos encontrar receptores para que nuestro mensaje no caiga en el aburrimiento. Sí hay ejemplos de algunos pocos programas televisivos o radiales que lo han logrado, pero ¿cuál de los candidatos presidenciales llenan las expectativas de los jóvenes o por quiénes votaremos los jóvenes?
Observamos cómo en las elecciones de 1994 una gran cantidad de jóvenes tenía una simpatía por el Cantautor Rubén Blades, con la finalidad de buscar alternativas políticas; persona quien defraudó a muchos.
Lo cierto es que la juventud está indecisa por quien votar para elegir al Presidente o Presidenta de la República, quedando sólo transmitir el mensaje que no nos dejemos engañar por debates políticos y encuestas, que tenemos que tener la certeza de qué gobierno nos conviene, si el de un neoliberalismo que tiene la práctica de privatizar las instituciones del Estado, acrecentando la pobreza, o el de un gobierno social, que busca el desarrollo de los más pobres; y como dicen en un programa televisivo de juventud, ¡"No sólo de soberanía se vive"!

101 años de Panamá América

 
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