Los límites del ‘engagement’
La política del presidente Obama de “engagement” o compromiso con la dictadura de los hermanos Castro empieza a mostrar sus límites previsibles. Al igual que sucedió durante los gobiernos demócratas de Jimmy Carter y Bill Clinton, esta política coexistencialista mejora las comunicaciones entre los cubanoamericanos y sus familiares en Cuba, muchos virtuales esclavos o rehenes del régimen. Pero no mitiga el odio de los Castro y sus secuaces hacia EE.UU.
En menos de 8 meses en la presidencia, Obama reanudó el diálogo con el régimen castrista sobre inmigración, apoyó (los suspicaces dicen que alentó) la decisión de revocar la suspensión de Cuba en la OEA, autorizó un ejercicio militar conjunto en Guantánamo, estimuló visitas de políticos, comerciantes, artistas y cineastas a la isla, eliminó las restricciones a viajes de cubanoamericanos y aumentó la cantidad de dinero que pueden enviar o gastar en Cuba. Analistas creen que, como resultado, las remesas de cubanoamericanos, que ascendieron a $623 millones en 2008, se duplicarán o triplicarán. Y casi todo ese dinero irá a las arcas del régimen.
Obama y sus asesores bien intencionados (no todos lo son) dicen que, con estas concesiones unilaterales, buscan ablandar a la dictadura cubana, presionarla para que a su vez haga concesiones que mejoren las relaciones entre ambos gobiernos. Pero hasta ahora La Habana no sólo no ha hecho concesión alguna a Washington, sino que ha interpretado sus gestos como debilidad.
El régimen castrista continúa negándose a liberar a decenas de presos de conciencia y hostiga a los opositores, activistas humanitarios y periodistas independientes; les negó a 30 estudiantes el permiso para estudiar en universidades norteamericanas y luego inició un proceso estalinista para expulsarlos de las universidades cubanas; arrestó y amedrentó a participantes en el certamen Mr. Gay en La Habana, quienes no contaban con el visto bueno de Mariela Castro, la hija de Raúl Castro que controla el movimiento homosexual para la dictadura. Y condenó a dos años de prisión a Juan Carlos González Marcos (“Pánfilo”), por atreverse a decir ante una cámara de televisión que en Cuba hace falta jama porque el hambre es crónica.
El régimen castrista no está satisfecho con las concesiones de Obama. Las ha descalificado como “cosméticas”. Y no disimula su deseo de que le levante completamente el embargo, con la intención de propiciar inversiones norteamericanas en Cuba y, sobre todo, de acceder a créditos que ofrecen entidades bancarias dirigidas por Washington.
Para los dos dictadores que esclavizan a Cuba, sólo es más importante la meta de que EE.UU. Unidos acepte su régimen como legítimo. Obama no puede ceder ante estas pretensiones de los Castro sin traicionar su compromiso de promover el bienestar y la libertad del pueblo cubano.© www.aipenet.com