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Los líos de la política panameña


No quiero llamarlos problemas porque no considero que tengan esa categoría. Aunque algunas personas están impresionadas por lo que sucede, pareciera que no recuerdan lo ocurrido en 1968, que hasta heridos y muertos hubo, y por esta razón se nos vino la dictadura militar que no han deseado enseñarla en las escuelas como para que la juventud la desconozca con el riesgo de volver a repetirla por ignorancia, ya que ninguno de nuestros jóvenes sabe lo que vivimos durante esos 21 años aciagos.

No estoy preocupada por lo que hasta ahora se dice; me preocupa la forma de decirlo, rodeada de mentiras. Cuando escucho a un candidato a vicepresidente llamar tipejo a otro candidato, pienso en qué educación le dieron en su casa y me da lástima, porque perdió lo mejor que puede haber: lo que te enseñan en el hogar sobre valores, urbanidad y buen comportamiento.

Considero que una campaña política debe hacerse a base de presentar programas de gobierno y sopesar cuál de los candidatos presenta los mejores o más coherentes para el bien del país. Pero cuando comienzan con insultos y mentiras (digamos inventos), es porque no tienen nada que decir sobre los otros candidatos. Y esto que estoy diciendo va con todos los contornos, porque tanto de un lado como de otro, a los de abajo se les sale el cobre y lo muestran en demasía.

Si los periódicos quieren decir algo sobre un candidato, díganlo, pero luego que no llueva sobre mojado porque cansan a los votantes y no los quieren ni leer más por insistentes. Lo dicho, dicho está y punto. Repito, lo más molesto en esta situación son los inventos que fácilmente pueden ser refutados y desmentidos para que quienes los dijeron queden mal. Lo malo de esto es que por desconocimiento o por aquello de que una mentira repetida se vuelve verdad, algunas personas llegan a creerlas y hasta inventan luego sus propias teorías, aumentando y creando nuevas expectativas.

Gracias a Dios faltan, relativamente, pocos días para las elecciones y que se termine esto, se le den los votos a quien se los ganó y tutti tranquilli. Pero si continuamos creando odios y luego vienen los rencores, este país no se educará jamás, porque privan los sentimientos maléficos que no enriquecen en nada el alma y el espíritu. Dejemos atrás esos sentimientos que separan familias, separan amistades y no traen más que desunión para mal de los panameños.

Una campaña electoral es pasajera y la vida del país continúa y los ciudadanos tenemos que seguir viviendo aquí y, como somos un país pequeño, todos nos conocemos y llegará el momento en que la mitad no le hablará a la otra mitad por peleas de chusmas. Si utilizamos la educación que debiéramos haber retomado, que era buena antes de la dictadura y que ellos nos quitaron, todo saldrá mejor. Nunca aprendí en casa a darle la espalda a un contendor, porque eso es lo que son, no adversarios ni enemigos. Eso dice negativamente de una persona por la que no votaría ni a mentadas de madre. ¿Qué clase de caballero es aquel que, recién postulado, despotrica contra su contrincante, sin asco, por el solo hecho de hacerlo, ya que no ha existido un insulto previo? Esos señores sin educación y que no han sabido esforzarse trabajando para ganar el dinero que ostentan no merecen gobernarnos y es de esperar que nuestro pueblo haya madurado lo suficiente para tener en cuenta estos detalles antes de dar su voto. Hay que trabajar y trabajar para tener dinero bien habido. Pero esto también se aprende en la familia y José Domingo ha sido un hombre trabajador y lo que tiene lo adquirió honestamente y en su familia aprendió valores para hacerlo.

Pongamos de nuestra parte para terminar la campaña con verdades, con programas, sin insultos, sin diatribas, sin ofensas que quedan, tal vez, para el resto de la vida. Comprendo que cada uno quiera la presidencia de la República, pero no a ese costo, sino a expensas de buen comportamiento, de antecedentes claros y de amor al trabajo y la familia, porque solo así serán buenos gobernantes. Estudiemos lo que les he relatado y veamos cuál de todos nos conviene para el país y los panameños.

101 años de Panamá América

 
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