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Los magistrados de Martinelli


El Presidente ha dicho en una entrevista reciente exhibida por los canales de televisión que los magistrados que él designe a la Corte Suprema no serán escogidos de los partidos políticos. Agregó que, probablemente, las personas que él nombrará en octubre para regir los destinos de la justicia, ni siquiera votaron por él en las pasadas elecciones. Estas son grandes palabras, en verdad, no solo por la valentía que implican, sino porque, de convertirse en una realidad, pasarán a la historia como un hito de la democracia panameña. Pues todos sabemos que la función de dictar justicia obliga a ser independiente de los otros órganos del Estado y hasta ahora la regla, con pocas excepciones ha sido nombrar a personas allegadas al mandatario, de modo que los presidentes, que son también quienes en la práctica gobiernan las asambleas, puedan tener un acceso especial al más alto tribunal de justicia y así influir en sus decisiones. En algunos bochornosos nombramientos que se han hecho en los últimos diez años, los ungidos por la Presidencia de la República mantenían estrechas relaciones personales con los mandatarios y fueron esas relaciones las que los hicieron “apropiados” para tan alto cargo. Si el actual Presidente puede elevarse por encima de los miedos propios de los politicastros de siempre y designar a personas independientes que no procedan de los partidos de la alianza de gobierno ni de su entorno personal, económico y familiar, entonces habrá hecho un legado duradero a la madurez de la república.

101 años de Panamá América

 
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