Los malos de la película
Juan, uno de los tantos palancas que manejan buses en la ciudad de Panamá, dice estar cansado de que la gente los tome como los malos de la película.
"Todo el mundo piensa que los diablos rojos son los culpables de las peores cosas que pasan en el tránsito y no siempre es así", asegura.
Advierte que la realidad de los palancas es muy difícil, ya que no tienen un salario base y tienen que conseguir diariamente una ganancia para llevar a sus familias.
Con 33 años de edad y 15 de estar dentro de este negocio, Juan comenta que tiene que levantarse temprano en la madrugada para iniciar sus labores en una de las piqueras.
Para llevar algo para su casa, tiene que hacer varias vueltas, pero no todo es para él, ya que debe pagarle un porcentaje al dueño del transporte que lleva la mayor parte.
"La situación está difícil porque no se están obteniendo las ganancias esperadas. Cuando hay un día bueno, llevo a mi casa cerca de 30 dólares, pero por lo general solo me quedo con 10 a 20 dólares diarios", señaló.
Juan, tiene que mantener a tres hijos y todos ellos iniciarán clases el próximo lunes. "Con lo poco que gano, tengo que mantener a una familia. La vida está cara y este es la única fuente de trabajo que tenemos".
Para finalizar deja una frase que resume su posición: "Los transportistas tienen los mismos gastos que el pueblo panameño. Comida, educación, ropa, casa y otras cosas. Siempre se quiere ver a los conductores como los malos de la película pero no es así. En todos los trabajos hay buenos y malos. No se puede tildar a todos por igual".
El sistema de transporte masivo comprende dos líneas de transporte masivo (San Isidro-5 de Mayo y Pedregal-5 de Mayo) utilizando carriles exclusivos y buses de alta capacidad, paradas a cada 500 metros y estaciones de transbordo para las rutas alimentadoras. Los usuarios pagan en las paradas y no en los buses, el control de operaciones se maneja en forma centralizada, de modo que el conductor no requiere "pelear por el pasajero", ya que recibe un sueldo fijo por 8 horas de trabajo al día, regido por el Código de Trabajo. En este proyecto, el Gobierno invierte en la construcción de la infraestructura, mientras que los transportistas, organizados en empresas, suministran y operan los buses.
Por otra parte se prevé un control de tránsito y administración vial y mejoras en intersecciones críticas. La inversión pública para este proyecto asciende a 220 millones en un período de 5 años. Por comparación, podemos observar que el Segundo Puente Sobre el Canal y sus dos autopistas de acceso, en construcción, tiene un costo total de 200 millones, de modo que es una inversión realista, dentro de la capacidad económica global del país.
"Todo el mundo piensa que los diablos rojos son los culpables de las peores cosas que pasan en el tránsito y no siempre es así", asegura.
Advierte que la realidad de los palancas es muy difícil, ya que no tienen un salario base y tienen que conseguir diariamente una ganancia para llevar a sus familias.
Con 33 años de edad y 15 de estar dentro de este negocio, Juan comenta que tiene que levantarse temprano en la madrugada para iniciar sus labores en una de las piqueras.
Para llevar algo para su casa, tiene que hacer varias vueltas, pero no todo es para él, ya que debe pagarle un porcentaje al dueño del transporte que lleva la mayor parte.
"La situación está difícil porque no se están obteniendo las ganancias esperadas. Cuando hay un día bueno, llevo a mi casa cerca de 30 dólares, pero por lo general solo me quedo con 10 a 20 dólares diarios", señaló.
Juan, tiene que mantener a tres hijos y todos ellos iniciarán clases el próximo lunes. "Con lo poco que gano, tengo que mantener a una familia. La vida está cara y este es la única fuente de trabajo que tenemos".
Para finalizar deja una frase que resume su posición: "Los transportistas tienen los mismos gastos que el pueblo panameño. Comida, educación, ropa, casa y otras cosas. Siempre se quiere ver a los conductores como los malos de la película pero no es así. En todos los trabajos hay buenos y malos. No se puede tildar a todos por igual".
El sistema de transporte masivo comprende dos líneas de transporte masivo (San Isidro-5 de Mayo y Pedregal-5 de Mayo) utilizando carriles exclusivos y buses de alta capacidad, paradas a cada 500 metros y estaciones de transbordo para las rutas alimentadoras. Los usuarios pagan en las paradas y no en los buses, el control de operaciones se maneja en forma centralizada, de modo que el conductor no requiere "pelear por el pasajero", ya que recibe un sueldo fijo por 8 horas de trabajo al día, regido por el Código de Trabajo. En este proyecto, el Gobierno invierte en la construcción de la infraestructura, mientras que los transportistas, organizados en empresas, suministran y operan los buses.
Por otra parte se prevé un control de tránsito y administración vial y mejoras en intersecciones críticas. La inversión pública para este proyecto asciende a 220 millones en un período de 5 años. Por comparación, podemos observar que el Segundo Puente Sobre el Canal y sus dos autopistas de acceso, en construcción, tiene un costo total de 200 millones, de modo que es una inversión realista, dentro de la capacidad económica global del país.