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Los mártires nacionales


ESTE MES SE conmemoran 43 años del movimiento popular ocurrido en Panamá el jueves 9 de enero de 1964, y cuyo objetivo era reclamar la presencia e izada de la bandera panameña en el territorio conocido como la Zonal del Canal.
Esa importante y triste fecha tiene su génesis décadas atrás, en lo que Omar Torrijos llamó el alpinismo generacional. Así entre numerosas hazañas nacionalistas, destaco sin desmeritar muchas otras, la llevada a cabo por organizaciones dirigidas por estudiantes de secundaria y universitarios, quienes planearon hacer protestas pacíficas y simbólicas para el reclamo panameño de la Zona del Canal. Precisamente, el 2 de mayo de 1958 un grupo de estudiantes universitarios, dirigidos por Carlos Arellano Lenox y Ricardo Ríos, organizan la "Operación Siembra de Banderas", y que consistió en sembrar 75 banderas panameñas dentro de la Zona del Canal y demandar la revisión de los tratados canaleros.
Panamá es independiente desde 1903, aunque para algunos historiadores de forma putativa a costa del humillante Tratado Hay-Bunau Varilla en noviembre de 1903, que en el artículo II expresaba que concedía a perpetuidad a los Estados Unidos la Zona del Canal, una franja de 5 millas de largo de cada lado del Canal de Panamá. Al llegar 1964, la sociedad panameña en su conjunto sentía una gran antipatía por ese estado semicolonial en el centro del istmo y por la seudo república que había permitido la consolidación de una clase política que practicaba la plutocracia.
Entonces, no es casualidad que la proeza del 9 de enero de 1964 sea llevada a cabo por las clases populares, y cuando defendieron el honor de la patria, sus ojos brillaban con pasión y celo revolucionario, única forma de entender en esos días, la atención concentrada del mundo a estos sucesos. Nuestros mártires siempre tendrán el encanto y la personalidad de líderes progresistas.
En nuestra opinión, en realidad esos sucesos, además de una gesta heroica, tuvo el tono de influencia en toda la sociedad panameña, porque su concurrencia no hablaba de política partidista, si no que proponía para el futuro la recuperación de nuestro canal. Nuestros mártires nos ofrecieron a partir de entonces un haz de reflexiones de su conciencia como hombres políticos idealistas, tal como les venía a la mente sin preocupación por el orden ni la estructura del conjunto. Con la sangre que corrió, convencieron a todos los panameños con mente honorable, de izquierdas y de derechas, que debíamos resolver, como primer caso en nuestro intento de recuperar el Canal de Panamá, el problema de la unidad; creando un solo y potente movimiento de reivindicación, que culminó con la firma de los tratados Torrijos-Carter.
Asimismo, los mártires nos enseñaron a entender al hombre público como alguien que tiene la facultad de sentir la emoción política, signo de una vocación. Esa emoción procede de la observación de la realidad del progreso histórico de nuestro país, siempre que de ella surja un movimiento interior de protesta y rebeldía para corregir las injusticias.
A la sazón, podemos concluir que así nace la emoción política: observar la realidad, protestar por la injusticia, decidir emplearse en la mejora. ¿Con que medios? Se preguntaban nuestros mártires. Y aquí es donde surge lo admirable, ellos ni lo sabían, ni daban realmente la impresión de preocuparles; porque para ellos la política es una especie de quijotismo, y a Don Quijote los medios para obtener fines le traían más bien sin cuidado. Inequívocamente, a la bartola no pueden quedar el pueblo, los muertos y sus familiares con los sucesos del 20 de diciembre de 1989, porque el pueblo es y será la materia concreta en la que trabaja ese artista que es el político; y es delante del pueblo donde se siente la gran emoción y vocación política.
Llevamos cuatro gobiernos democráticos desde esa fatal fecha en el calendario histórico. El político es, en efecto, alguien que se curte al proponer al pueblo una obra que en la ejecución es gigantesca y dificilísima. Lo que nuestros mártires del 20 de diciembre de 1989 nos exigen es algo de fácil y pequeña ejecución; honrar su dignidad y memoria, para que ellos puedan descansar en paz; y sus familiares tener la tranquilidad que más nunca estarán solo en sus sufrimientos, aunque huelga decir que muchos panameños sentimos una gran admiración por ellos. Por tanto, con frente en alto y saludo patriota, sin intención de reabrir heridas internas y externas, solicitamos a nuestro gobierno nacional declarar el 20 de Diciembre día de duelo nacional. De esta forma estaríamos haciendo patria que nunca sería inmortal si no la hacemos justa y buena.
jacha@sinfo.net

101 años de Panamá América

 
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