Los medios, la guerra y Bush
El impacto de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, fue tan dramático que movilizó a la mayoría de los medios informativos de Estados Unidos, a pesar del esfuerzo realizado por muchos periódicos y algunas cadenas de radio y televisión por mantener una tradición de "balance e imparcialidad".
No obstante, las encuestas sugieren que pocos gobiernos han tenido más éxito en lograr el apoyo de los medios que George W. Bush con su proclamada "guerra contra el terrorismo".
Desde los ataques perpetrados por fanáticos islamitas, se ha vuelto difícil distinguir entre quiénes eran portavoces oficiales del gobierno y quiénes los locutores a cargo de programas informativos. Varios de estos últimos, por ejemplo, decidieron portar una pequeña bandera en su solapa como un icono, como si fuera necesario asegurar al auditorio que eran patriotas además de periodistas.
Esta pérdida del clásico "distanciamiento" que es recomendable en el ejercicio del periodismo profesional, ha sido objeto de duras críticas de veteranos expertos como Bill Kovach, del Centro de Defensa del Periodismo y ex director del prestigioso programa Nieman de la Harvard, así como de varios comentaristas especializados en analizar a la prensa.
Esta semana, Howard Kurtz, que cubre los medios para The Washington Post, publicó una insólita nota reconociendo que los medios de comunicación, incluido su propio periódico, "fallaron al país al no informar de manera más escéptica los argumentos del presidente Bush durante la carrera hacia la guerra".
Una revisión de la cobertura del diario, con entrevistas a más de una docena de editores y periodistas involucrados, muestra que los artículos "desafiantes" a la Casa Blanca raras veces aparecían en primera plana.
Algunos periodistas que presionaban para que sus periódicos destacaran más las noticias que cuestionaban la evidencia de la administración (a favor de la guerra), se quejaron ante los editores quienes, según esos periodistas, se mostraron desinteresados por los artículos. El resultado fue una cobertura que, a pesar de algunas noticias de último momento, en retrospectiva parece "sorprendentemente sesgada".
Según el corresponsal del diario en el Pentágono, Thomas Ricks, "las afirmaciones del gobierno aparecían en la primera página.
Las cosas que desafiaban a la administración aparecían en la página 18 un domingo o en la 24 un lunes. Existía la actitud entre los editores de: "Miren, vamos a la guerra, para qué preocuparse por estas cosas en contra"".
En retrospectiva, señaló el director ejecutivo del importante periódico de Washington, Leonard Downie Jr., "estábamos tan concentrados en tratar de entender lo que la administración estaba haciendo, que no le dimos la misma importancia a la gente que decía que no era una buena idea ir a la guerra y que cuestionaban los fundamentos de la administración".
No hubo suficiente cantidad de esas notas en tapa. Ese fue un error de mi parte".
A lo largo del país, "las voces que cuestionaban la guerra eran solitarias", añadió Downie. Y siguió: "No le prestamos suficiente atención a la posición minoritaria".
Cuando la periodista de Seguridad Nacional, Dana Priest, se reunió recientemente con funcionarios de inteligencia, fue bombardeada con preguntas al estilo: "¿Por qué el Post no hizo un trabajo más agresivo?". Bob Woodward, uno de los altos editores del diario, explicó que "hicimos nuestro trabajo, pero no hicimos lo suficiente y me culpo con fuerza por no haber presionado más.
Debimos haber advertido a los lectores que teniamos información acerca de que los argumentos (para ir a la Guerra) basada en fuentes dudosas. Esa era la clase de afirmación que debimos haber publicado en la primera plana".
No obstante, las encuestas sugieren que pocos gobiernos han tenido más éxito en lograr el apoyo de los medios que George W. Bush con su proclamada "guerra contra el terrorismo".
Desde los ataques perpetrados por fanáticos islamitas, se ha vuelto difícil distinguir entre quiénes eran portavoces oficiales del gobierno y quiénes los locutores a cargo de programas informativos. Varios de estos últimos, por ejemplo, decidieron portar una pequeña bandera en su solapa como un icono, como si fuera necesario asegurar al auditorio que eran patriotas además de periodistas.
Esta pérdida del clásico "distanciamiento" que es recomendable en el ejercicio del periodismo profesional, ha sido objeto de duras críticas de veteranos expertos como Bill Kovach, del Centro de Defensa del Periodismo y ex director del prestigioso programa Nieman de la Harvard, así como de varios comentaristas especializados en analizar a la prensa.
Esta semana, Howard Kurtz, que cubre los medios para The Washington Post, publicó una insólita nota reconociendo que los medios de comunicación, incluido su propio periódico, "fallaron al país al no informar de manera más escéptica los argumentos del presidente Bush durante la carrera hacia la guerra".
Una revisión de la cobertura del diario, con entrevistas a más de una docena de editores y periodistas involucrados, muestra que los artículos "desafiantes" a la Casa Blanca raras veces aparecían en primera plana.
Algunos periodistas que presionaban para que sus periódicos destacaran más las noticias que cuestionaban la evidencia de la administración (a favor de la guerra), se quejaron ante los editores quienes, según esos periodistas, se mostraron desinteresados por los artículos. El resultado fue una cobertura que, a pesar de algunas noticias de último momento, en retrospectiva parece "sorprendentemente sesgada".
Según el corresponsal del diario en el Pentágono, Thomas Ricks, "las afirmaciones del gobierno aparecían en la primera página.
Las cosas que desafiaban a la administración aparecían en la página 18 un domingo o en la 24 un lunes. Existía la actitud entre los editores de: "Miren, vamos a la guerra, para qué preocuparse por estas cosas en contra"".
En retrospectiva, señaló el director ejecutivo del importante periódico de Washington, Leonard Downie Jr., "estábamos tan concentrados en tratar de entender lo que la administración estaba haciendo, que no le dimos la misma importancia a la gente que decía que no era una buena idea ir a la guerra y que cuestionaban los fundamentos de la administración".
No hubo suficiente cantidad de esas notas en tapa. Ese fue un error de mi parte".
A lo largo del país, "las voces que cuestionaban la guerra eran solitarias", añadió Downie. Y siguió: "No le prestamos suficiente atención a la posición minoritaria".
Cuando la periodista de Seguridad Nacional, Dana Priest, se reunió recientemente con funcionarios de inteligencia, fue bombardeada con preguntas al estilo: "¿Por qué el Post no hizo un trabajo más agresivo?". Bob Woodward, uno de los altos editores del diario, explicó que "hicimos nuestro trabajo, pero no hicimos lo suficiente y me culpo con fuerza por no haber presionado más.
Debimos haber advertido a los lectores que teniamos información acerca de que los argumentos (para ir a la Guerra) basada en fuentes dudosas. Esa era la clase de afirmación que debimos haber publicado en la primera plana".