Los menores que delinquen
Aún no estoy decidida qué partido tomar en cuanto a la ley que castiga a los menores infractores, cada vez más baja su edad. De algo estoy segura y es de la prevención como parte de la ley que solo castiga sin ver las causas que los lleve a ello. No soslayemos esa responsabilidad del hogar y de la sociedad en la formación de los menores. Debemos preguntarnos dónde está el padre del mismo que se acercó a su madre buscando exclusivamente el placer temporal de una relación sexual irresponsable haciendo creer a esa mujer que la amaba, sin cuidado de no embarazarla porque es suficiente hombrecito para no usar preservativos. Luego de la noticia de que viene un hijo, el hombre la abandona y allí tenemos un hijo sin padre, sin la autoridad de un hogar bien formado.
Pero esa madre tiene, además, dos hijos más de diferentes padres que han sufrido la misma suerte que el presente. Preguntemos dónde está la responsabilidad de esa mujer que es tan ignorante para cree a un nuevo hombre la misma historia. Por otro lado me pregunto yo por qué algunos niños en esa misma circunstancia se levantan serios, con principios morales y se hacen profesionales, mientras otros toman el camino de la delincuencia y, desde temprano se hacen pandilleros e infractores de la ley. ¿Qué faltó a unos que los otros tuvieron? ¿Qué papel jugó esa madre sola que no hizo la otra? No soy socióloga para explicármelo, pero los sociólogos tampoco abren su boca para aclarar lo que la sociedad quiere saber porque tampoco lo tienen claro.
Si encerramos un niño de 12 años en una cárcel sin programas de resocialización, sin programas de convencerlos, no a la fuerza, de la diferencia del bien y el mal, solo lograremos un delincuente permanente con resentimientos sociales profundos hacia la diferencia de clases que no debiéramos inculcar en nadie y que en algunos programas radiales los he escuchado. No hagamos una ley si no le damos la oportunidad de ser, algún día, grandes ciudadanos; si no les enseñamos que la pobreza no es óbice para estudiar y ser profesionales que los saque del ambiente en que se levantaron de niños y que ahora pueden cambiar por uno mejor.
Pensemos lo que vamos a hacer antes de crear escuelas de delincuentes que jamás podremos reformar después y que llenarán nuestras calles cometiendo errores.