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Los millones de Pinochet


A lguien comentaba con sorna por los años 90, que el dictador chileno "Augusto Pinochet fue un gran gobernante, lo único malo es que era un poco ligero de gatillo", aludiendo a miles de muertos y desaparecidos que produjo el golpe de estado que encabezó contra el presidente Salvador Allende en 1973.
En efecto, al margen de la ironía, la impresión general es que Pinochet reestructuró sobre una estela de cadáveres y arbitrariedades un nuevo Chile, un Chile mejor. Porque lo modernizó y colocó en las puertas del siglo XXI, sentó las bases para una democracia sólida y duradera y cimentó una economía próspera basada en un mercado libre y abierto que rindió jugosos y abundantes frutos.
En 1990 se retiró, con algunos privilegios e inmunidades, dejando un país en buen camino. Ocho años después, empezó su caída, con su detención en Londres para ser enjuiciado por crímenes contra ciudadanos españoles y de lesa humanidad por el juez ibérico Baltazar Garzón. Poco después, fueron desmantelándose sus inmunidades y fue objeto de distintos juicios en su propia nación; y sólo su estado de salud precario y avanzada edad impidieron que fuera a la cárcel por el resto de sus días.
Pinochet y los suyos siempre dijeron con orgullo que "de nada tenían que arrepentirse", que nunca hubo asesinatos sino meras bajas de guerra; y que en cualquier caso se compensaba con creces por sus aportes a la creación de un nuevo Chile y, sobre todo, porque hizo un gobierno honesto. "No robó", decían categóricamente sus partidarios. Y el sabio tiempo que tiene la mala costumbre de poner siempre las cosas en su sitio, más tarde o más temprano, no hizo de Pinochet una excepción.
Primero fue uno de sus hijos, involucrado en oscuras y lucrativas contrataciones con el Estado y, ahora, el mismísimo general en persona. A ocho millones de dólares ascienden los movimientos de dinero provenientes de tan sólo una cuenta develada que pertenecía al dictador en el Riggs Bank de Washington. Y la experiencia en estos casos indica que donde hay una hay otras generalmente más grandes.
La investigación ya no se puede parar; y se ha designado un juez de instrucción especial para las pesquisas, en la persona de Sergio Muñoz. Todo indica que el general Pinochet, durante sus 17 años en el poder, robó dinero a manos llenas, de lo que únicamente quedaron sus decenas de fastuosas propiedades en su país, que en nada corresponden a la aureola de honestidad fomentada por sus parciales. En fin, al margen de su obra de gobierno y sus crímenes, un dictador y ladrón más.

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