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Los mismos buenos y malos


Si el actual liderazgo norteamericano decae ante las primeras dificultades y no prosigue su tarea hasta el final, el terrorismo islámico lo volverá a atacar. Clint Eastwood personifica a un tranquilo granjero, religioso, buen marido y padre de familia. Una tarde regresa del campo y encuentra a su mujer malherida y violada y a sus gemelas muertas, tras ser ultrajadas. Llora en silencio su desgracia. A los pocos días ya se ha resuelto. Contra las lágrimas de su mujer, que intenta detenerlo, toma su Winchester, monta su alazán y parte en busca de los asesinos. Los va ubicando de a uno, hasta dar con todos. Pagan con la vida. La tarea tuvo contratiempos y enormes dificultades. Hubo momentos en que pareció que iba a fracasar y se temió que los bandidos lo mataran a él. Es la parte en que mi mujer, en la butaca del lado, me increpa: "A ellos todo les sale bien. ¡Hasta cuándo, pues oye!" Como si yo tuviera alguna responsabilidad en el guión.
Pero al final pagan cara su felonía. El buen granjero vuelve a su rancho y abraza a su mujer. Ha cumplido una misión reparadora. Vuelve a ser el hombre pacífico de siempre, sacado transitoriamente de esa condición por ajena maldad.
Antes, en mi adolescencia, en lugar de Clint Eastwood era Gary Cooper. Y en mi infancia era Hopalong Cassidy, "Hoppy". En la parte posterior de la capilla del colegio, los domingos, mientras operaba la proyectora el padre Provenzano, "Hoppy" iba eliminando a los malos de a uno, y nosotros ovacionábamos y zapateábamos en el suelo, levantando bastante polvo.
Ahora, cuando ya casi he madurado, todavía sigo siendo el mismo. Siempre partidario del hombre pacífico sacado de esa condición por la agresión. Y siempre lo defiendo en su reacción. Estoy consciente de que los buenos pueden ser terribles cuando replican a los ataques. Pero los agresores se lo tienen merecido. Es lo que se llama "legítima defensa privilegiada". Cuando el bandido se mete en la casa, casi con toda seguridad armado, y hay de por medio una familia, a uno le asiste el derecho a defenderla con todo.
Del mismo modo, Chile hace más de 30 años, era una democracia pacífica. Algunos la violaron, armándose para matar bajo la efigie del Che Guevara. Atropellaron todos los derechos. Anunciaban, gritando en las calles de Santiago, "el momio al paredón, la momia al colchón". Nuestra única salvación era que alguien les hiciera frente con las mismas armas. Bueno, conocemos el desenlace. Fuimos salvados, pero nuestros salvadores reciben hoy "el pago de Chile".
222...si decae ante las primeras dificultades y no prosigue su tarea hasta el final, el terrorismo islámico lo volverá a atacar.
Así somos. Ahora, dicen las encuestas, el 98 % está contra los norteamericanos. Quiere que se olviden de sus gemelas y dejen tranquilos a sus agresores, para que discurran un ataque todavía peor. Pero los de la minoría creemos que el agresor nunca debe quedar impune.
¿Que algo puede fallar? ¿Que el lado de los buenos puede decaer? Por supuesto. Los malos saben defenderse y tienen muchos ardides. Enredan las cosas y dan vuelta los roles, poniendo al agredido como agresor. Los Estados Unidos fueron derrotados en Vietnam por eso. Los propios norteamericanos se dieron vuelta, tras desfiles callejeros organizados en todo el mundo a instancias de los Bertrand Russell y otros incautos útiles al comunismo, que les vedaron el uso de sus armas más eficaces y, al final, los convencieron de que eran culpables. Pero habían acudido generosamente en defensa de un Vietnam del Sur agredido e invadido por el comunista Vietnam del Norte. Los buenos fueron entonces ampliamente derrotados. También puede suceder ahora. El liderazgo norteamericano de entonces se mostró débil y pusilánime.
Está por verse si el actual tiene verdadero temple. Pues, si decae ante las primeras dificultades y no prosigue su tarea hasta el final, el terrorismo islámico lo volverá a atacar. Confío en que, una vez más, al final el malo reciba su merecido y el bueno resulte triunfador.
* Analista político chileno.
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