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Los "neomercenarios"


En su " Diccionario de Derecho Internacional de los Conflictos Armados", Pietro Verri, define al mercenario como " individuo que se enrola voluntariamente en las fuerzas armadas combatientes de un Estado beligerante del que no es nacional, impulsado por el deseo de obtener un provecho personal. No tiene el derecho al estatuto de combatiente y, si es capturado por la parte adversa, tampoco tiene derecho al estatuto de prisionero de guerra. En la fase actual del derecho positivo no está prohibido el empleo de mercenarios..." Panamá sin ser actualmente un Estado beligerante, ha visto desarrollarse un nuevo espécimen de individuos dentro de la partidocracia imperante. Su corta edad, su falta de preparación profesional y su absoluto desconocimiento de la política como ciencia, lejos de convertirse en obstáculos para escalar posiciones dentro del engranaje de la burocracia gubernamental, les ha servido más bien de trampolín. Estamos frente a un nuevo tipo de mercenarios de la política, los cuales podrían llamarse neomercenarios.
El neomercenario panameño se podría definir como "individuo que se enrola voluntariamente en un partido político inscrito del que no es creyente, impulsado por el deseo de obtener un provecho personal, concretamente una alta posición gubernamental. Procura destacarse como activista o militante del partido en cuestión y al ser "asimilado" por los veteranos del partido, significa que tendrá derecho al estatuto de copartidario por parte de los de la vieja guardia".
El comportamiento del neomercenario se mimetizará en función del Organo del Estado donde logre desempeñarse como funcionario electo o nombrado por ser del partido. No espere usted que su discurso será el mismo si labora en el Legislativo, como legisladrón principal o suplente, o como asesor o miembro de algún equipo de alguna de las 22 comisiones que amamanta la Asamblea; o si labora como ministro o viceministro en el Ejecutivo y mucho menos si ha trepado a alguna de las ramas o a la copa del árbol del Organo Judicial.
Los neomercenarios se caracterizan por razonar a partir de bases que son falsas, y que saben que son falsas, aunque no les desagrada la cruda realidad de la corrupción, el favoritismo y el oportunismo en que se desenvuelven y por los que sus superiores aplauden su desempeño. Como buenos en su clase, se cuidan permanentemente de defender principios o tener una ideología definida, para no irritar así las "relaciones personales" que han logrado tejer con los dinosaurios del partido o de otras esferas del patronazgo o...comadrazgo. Ellos han decidido olvidar que la democracia no puede vivir sin una cierta dosis de verdad.
Los neomercenarios del patio hacen causa común entre ellos para lograr imponer su principal fuerza dentro de la política que practican: la mentira. Utilizan la mentira no sólo como un ardid intermitente, sino que es la afirmación permanente de lo contrario de lo que todo el mundo puede comprobar. Le mienten al país, pero además se mienten a sí mismos. Por ello su resistencia a la información y su recurso a utilizar el poco o mucho conocimiento que puedan tener de algo para engañar (que no para gobernar) y para justificarse en nombre de la misma moral que violan. Hacen gala de unas acrobacias verbales que, a fuerza de monotonía en lo inverosímil, felizmente, engañan cada día a menos gente.
La falta de honradez intelectual de que hacen gala los neomercenarios gubernamentales, es tanto más alarmante y grave en las actuales circunstancias, precisamente porque tenemos ante nuestros ojos, una cada vez más cruda realidad social, económica y educativa que no se puede ocultar. Como no se han alimentado de la historia y como poco conocen de hombres de pensamiento, es probable que jamás hayan escuchado a Lincoln cuando planteó que "podrán engañar a algunos durante algún tiempo, pero no podrán engañar a todos, todo el tiempo". " La primera de todas las fuerzas es la opinión pública", dijo Simón Bolívar. Esa es la razón por la cual los mercenarios gubernamentales temen que la opinión pública esté demasiado bien informada y están por eso tan interesados en actuar de manera que la primera de todas las fuerzas que pesen sobre ella sea la mentira. De ahí que cuando se les recuerda la divisa del poeta Jorge Manrique: " No miento y no me arrepiento", los neomercenarios palidecen y se estremecen.
(mabernal@sinfo.net)

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