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Los nexos de la salud y el desarrollo


"Salud y desarrollo es un marco conceptual integrado que abarca el estudio de las repercusiones de la salud en el desarrollo, los efectos del desarrollo en la salud, y los factores, determinantes, mecanismos, atributos y consecuencias de estas relaciones". Rodríguez-García y Chandra.
En un primer momento, el problema que nos convoca tiene una respuesta evidente y sencilla, en particular si se reconoce a la salud como un estado completo de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades a que se refiere la Organización Mundial para la Salud (OMS, 1990). A fin y al cabo, el desarrollo designa un círculo virtuoso en el que el crecimiento económico se traduce en un incremento del bienestar social y la participación política a escala de sociedades completas.
Desde este punto de vista, es viable comprender -tal como lo aborda Prieto Barcellona-, que "la interrelación entre la salud y el desarrollo entraña un argumento convincente para sostener que la salud debe cumplir una función más prominente en las estrategias nacionales de desarrollo". A esto adiciona que tanto la salud y el desarrollo se interrelacionan a partir de propósitos complementarios y, que por tanto, uno es condición del otro.
Ante estos hechos, el autor enfatiza que "una población sana y bien nutrida se traduce en una mayor productividad y en una vida más prolongada de la fuerza laboral, y ambas cosas son beneficiosas para la economía". En consecuencia, sería absurdo pensar en los individuos tan sólo en función de su aportación potencial a la economía como medio de aumentar la productividad y lograr el crecimiento económico. Este criterio desvirtúa la esencia del desarrollo como objetivo en sí mismo.
Esta ruta sugerida por Barcellona debe servirnos de referencia para tres cosas: en un primer momento, para considerar la urgencia con que amerita ser tratado el tema de la salud y el desarrollo en su vinculación; en segundo lugar, para dimensionar la importancia que la sociedad y el Estado debemos asignarle a dicho tema; y en tercer lugar, para asumir con sentido de propiedad la trascendencia que tendrá dicha vinculación.
Esa vinculación, por su parte, deberá expresarse simultáneamente en dos planos. El primero de ellos corresponde a los procesos de formación y formulación del nuevo estilo de desarrollo que acompañará el entorno en que evolucionarán las nuevas formas de organización de la producción de los bienes y servicios demandados por la sociedad. Y el segundo, a que la construcción de ese nuevo estilo de desarrollo deberá estar estrechamente asociado a complejos procesos de reorganización de las estructuras de salud y de los valores de la cultura de salud propias de nuestro país.
Sobre el primer plano, el economista panameño, Juan Jované ha formulado algunas tesis que, a mi juicio, contribuirán a darle esencia al debate reclamado. De acuerdo al autor: "la democratización de la base económica es condición para la construcción de un estilo de desarrollo alternativo y viable". Respecto al segundo plano, algunos especialistas en salud pública han planteado que: "la situación de salud del país es una clara expresión de la mala calidad de su organización en el plano de lo social". Por tal razón, esta situación convoca a abordar el problema de la reorganización sanitaria probablemente en dos niveles: el nivel técnico y el nivel político.
En el nivel técnico, será conveniente iniciar acciones encaminadas a la transformación del sistema sanitario vigente caracterizado por la atención de las enfermedades emergentes o reemergentes, por otro capaz de atender con eficacia, además, "las funciones de regulación sanitaria, promoción de la salud, y orientación al desarrollo científico y tecnológico en materia de salud- que toda sociedad moderna requiere".
En el nivel político, corresponderá concebir un sistema de salud equitativo y moderno basado en una sociedad democrática inspirada en niveles planos de organización y participación, incluyendo, desde luego, los trabajadores de la salud- que permitan asegurar un sentido de empoderamiento y pertenencia hacia el nuevo sistema que merecemos tener.

101 años de Panamá América

 
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