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Los nuevos autoritarismos


El absolutismo monárquico y la reforma borbónica pueden calificar como paradigmas de una mentalidad autoritaria, pero palidecen en sus efectos reales comparados con la "cultura social autoritaria" que con harta frecuencia se manifiesta en nuestros días.

Cierto es que este autoritarismo de nuevo cuño habla en algunos países desde la silla presidencial, pero también lo hace desde las barricadas de los movimientos contestatarios. Se les reconoce por sus prácticas violentas, su incapacidad de entablar un diálogo con quienes piensan diferente, y su preferencia por el insulto. Si sus observaciones no son inmediatamente aprobadas, desatan una campaña de epítetos y diatribas que terminan por hacer toda conversación imposible. Son como un virus que está destruyendo la capacidad humana de comunicarse y llegar a acuerdos para poder convivir. Se aprovechan de la pobreza y la exclusión social porque se alimentan de ellas, sin ofrecerles una salida viable.

Amasan apoyo popular mientras están en la oposición, pero cuando llegan al gobierno, o a posiciones de poder, amplifican su capacidad para diseminar el odio y el rencor. Sólo creen en su libertad, no en la de los otros. No buscan ser aceptados como son, sino eliminar a los que son diferentes a ellos. Emparentados con los totalitarismos del siglo XX, los nuevos autoritarismos sociales han llegado para quedarse.

El compromiso con la democracia obliga a buscar una forma de relación no violenta con estas nuevas prácticas sociales. Basta el sano ejercicio de la razón para quitarles la careta.

101 años de Panamá América

 
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