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Los nuevos Nobel de economía


Los ganadores del premio Nobel de economía este año son el noruego Finn Kydland y el estadounidense Edward Prescott por sus contribuciones al "problema de la inconsistencia en el tiempo" y los "ciclos reales de negocios". Tales términos son cruciales en la determinación de políticas económicas viables. En el caso del ciclo de negocios, la interpretación keynesiana dominante desde fines de los años 30 hasta los 70 no podía explicar la combinación de alta inflación y bajo crecimiento económico -llamada estagflación- ocurrida a comienzos de los 70. El modelo keynesiano era casi todo aplicable a la demanda, mientras que para Kydland y Prescott los impactos a la oferta, tales como el incremento del precio del petróleo para un país importador, podían frenar la economía a la vez que aumentar la inflación y el desempleo.
También advirtieron que si los cambios tecnológicos ocurren de manera desigual, como es el caso, ello explica las diferencias en las tasas de crecimiento. Es más, su modelo demostró que tales "cambios reales", a lo contrario de los cambios del lado de la demanda en que se apoyaban los economistas keynesianos, explican el 70% de las fluctuaciones en la producción de EU después de la II Guerra. Su labor ha sido uno de los grandes clavos en el ataúd keynesiano. En cuanto a la inconsistencia en el tiempo, un inmenso reto para los gobiernos es la inflación, causada por el exagerado aumento del circulante. Los gobiernos tienen la tentación de aumentar la inflación a corto plazo para reducir el desempleo. Como la gente previene la inflación, los gobiernos proceden a aumentarla, como sucedió en los años 60 y 70. Ya en 1959, el economista Friedrich Hayek previó el problema, diciendo que era como tener a "un tigre agarrado por la cola".
En 1985, el economista Ken Rogoff, basándose en el trabajo de Kydland y Prescott, recomendó la independencia de los bancos centrales, que deben ser dirigidos por enemigos acérrimos de la inflación y capaces de resistir las presiones del gobierno de inflar la moneda. Apenas dos años más tarde, un campeón contra la inflación, Alan Greenspan, fue nombrado presidente de la Reserva Federal, el banco central de EU. Como resultado, durante los últimos 17 años, el promedio de la inflación en EU ha promediado 3%. Inclusive, esa cifra exagera la inflación porque el índice de precios no toma en cuenta la mejora de la calidad de los productos ni el "efecto Wal-Mart", o sea la gente comprando más barato en inmensos almacenes. Las reformas que independizaron los bancos centrales en Nueva Zelanda, Suecia y el Reino Unido se basaron claramente en el trabajo de Kydland y Prescott. Un ejemplo de la inconsistencia en el tiempo revelado por estos economistas tiene que ver con patentes, que son monopolios legales por un número determinado de años para fomentar las innovaciones. Pero una vez descubiertas, los gobiernos tienden a permitir imitaciones, violando así los derechos de propiedad intelectual. Eso reduce precios y aumenta el bienestar de los consumidores, pero el resultado a futuro será menos innovaciones y menor bienestar.
Otro ejemplo de inconsistencia en el tiempo es la pesadilla del futuro de las pensiones del Seguro Social. En un trabajo publicado en el 2003, Prescott demuestra que la razón por la cual los estadounidenses entre 15 y 64 años de edad trabajan 50% más horas que los alemanes y franceses es porque la tasa de impuesto marginal en esos países es de alrededor de 60% (el esfuerzo adicional es penalizado con un impuesto de 60%), mientras que en EU se acerca más a 40%. Prescott explica que a comienzos de los años 70, cuando los impuestos marginales de EU y Europa occidental eran muy parecidos, la gente trabajaba el mismo número de horas.
¿En que se relaciona eso con el Seguro Social? Mucha gente prevé que para cumplir la promesa con los retirados se aumentarán dramáticamente los impuestos del Seguro Social en los próximos 10 a 20 años, pero como bien lo explica Prescott, debido a la elasticidad de la oferta de mano de obra (las horas trabajadas se reducen en la medida que aumentan los impuestos), las pensiones no lograrán pagarse con aumentos en las retenciones, sino más bien bajándolas con la instrumentación de sistemas de pensiones cuyos beneficios aumentan proporcionalmente con las contribuciones hechas. O sea, hay que privatizar el sistema de pensiones de forma que lo que era un impuesto se convierta en aportes de cada uno a su propia pensión. Sólo por eso, los menores de 55 años tenemos una deuda de agradecimiento con el Prof. Prescott.

(*)Académico investigador del Hoover Institution.
©www.aipenet.com
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