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Los nuevos políticos y el mensaje papal


En su tradicional mensaje de Semana Santa, el Papa Juan Pablo II se refirió dolorosamente a las prácticas que, desde hace unas tres décadas, parecen ir haciéndose inherentes a los políticos de la América Latina y de gran parte del mundo.
En efecto, la cualidad de la hipocresía comenzó a llenar el ámbito político probablemente como consecuencia de la ola de materialismo que se regó por el Tercer Mundo en los años posteriores a la gran crisis del petróleo hace un cuarto de siglo, y también como consecuencia de la evidente fuerza de la televisión en muchos países como instrumento de manipulación de la opinión de los electores, gracias al poder que tiene para crear una impresión de la realidad muy distinta de lo real. En cuanto a ese trastocamiento, la historia reciente nos comprueba cuán acertado estuvo Su Santidad al decir: "a través de los siglos la negación de la verdad generó sufrimiento y muerte".
Si recordamos los tiempos que precedieron a este profundo cambio en la relación entre gobernantes y gobernados, veremos que los que llegaban a posiciones de poder en el "rgano Ejecutivo y en el Legislativo se preocupaban mucho de cumplir una buena parte de las promesas contenidas en sus discursos de campaña electoral, y las prebendas y los beneficios del poder muchas veces pasaban inadvertidos para la población y, por lo general, los favorecidos se abstenían de hacer ostentación. El político no sólo pensaba en medrar, sino también en conservar el apoyo y la fe del pueblo.
En los momentos actuales en que el gobierno se encuentra buscando caminos y soluciones en medio de una efervescencia social creciente, conviene tomar en cuenta que ya en los países más avanzados comienza a despuntar una conciencia beligerante frente a los gobiernos y las instituciones que descartan la importancia del bien común y del bienestar general. Además de esa nueva beligerancia, van apareciendo igualmente economistas preocupados por la proporción de desempleo permanente que puede crear el nuevo orden económico y su corolario de contracción de la demanda en los mercados. Convendría tener ambas cosas en cuenta al tomar decisiones capaces de determinar la calidad del futuro de nuestro país.


101 años de Panamá América

 
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