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Los nuevos próceres de la República


Hace 39 años que los panameños y panameñas sumamos el 9 de Enero de 1964 a las fechas estelares de nuestra historia nacional. Esa fecha tiene, además de los significados intrínsecos de los sucesos que conmemora, la característica de que reúne las condiciones para ser considerada como la fecha que ha modelado las conductas ulteriores de los gobernantes y del pueblo, en la lucha por la plena soberanía, la liberación económica y la democratización de la nación panameña.
Al hacer en 1999 el “Balance Histórico del 9 de Enero de 1964” señalé que no puede hablarse de la erradicación del enclave de la Zona del Canal y de que a partir del mediodía del 31 de diciembre de 1999 sólo ondea en el territorio nacional la bandera de la República de Panamá, sin que recordemos con gratitud a los protagonistas de la gesta heroica de 1964. En la memoria de la patria están inscritos los 200 estudiantes de la Asociación Federada del Instituto Nacional que hace 39 años tomaron la histórica decisión de rescatar de la vergüenza a la bandera panameña. Encarnaron entonces la conciencia y el sentimiento de la nación. Arriesgaron sus vidas en defensa de la dignidad, la altivez y el decoro patrios al ingresar a la antigua Zona del Canal para izar la bandera panameña y cantar el himno nacional en la Plaza de la Escuela Superior de Balboa, donde sólo estaba izada la bandera de los Estados Unidos en franca violación del compromiso concertado por el presidente norteamericano, John F. Kennedy con el Presidente de Panamá, Roberto F. Chiari, quien tiene un sitial de honor en el altar de nuestra patria.
La gesta de Enero no fue una mera explosión emocional. Hombro con hombro institutores e institutoras fueron intérpretes del sentimiento colectivo. Protagonizaron la culminación de un dilatado proceso de luchas generacionales. En una palabra, los estudiantes del Instituto arrancaron de los brazos cruzados de los partidos políticos la bandera de las reivindicaciones nacionales. Se empinaron para dar su sangre y sus vidas a fin de cumplir los deseos de todo un pueblo por recuperar del dominio extranjero el patrimonio de la Zona del Canal y de la vía interoceánica.
El 9 de Enero fue factor aglutinante para que el Colegio Nacional de Abogados, entonces presidido por mí, junto con 377 organizaciones cívicas, estudiantiles, educativas, profesionales, religiosas, culturales, campesinas, indígenas, deportivas y empresariales, se congregaran en el Primer Congreso de la Soberanía Nacional en el Paraninfo de la Universidad de Panamá durante los días 15 y 16 de febrero de 1964, y le plantearan al Mundo las reivindicaciones panameñas. La Mesa Directiva del Congreso, cabe recordarlo, estuvo integrada por Jorge E. Illueca, Presidente; Rubén Reina Pupo y Víctor M. Avila, Vice-Presidentes; Ricardo Arias Calderón y Gustavo Tejada Mora, Secretaría General; Marco G. de Obaldía, Sub-Secretario General. Presidente de la Comisión Jurídica lo fue el Dr. Diógenes Arosemena G., Presidente de la Comisión Económica el Licdo. Alberto Quirós Guardia y Presidente de la Comisión Política la Profesora Esperanza Simons de Álvarez; Coordinador del Comité de Organización el Profesor Clarence Beecher y Coordinador del Comité de Credenciales el Licdo. Alfonso Herrera y Franco.
La ruptura de relaciones diplomáticas decretada por el Presidente Chiari, seguida por la Declaración Conjunta del 3 de abril de 1964, en que se convino la iniciación de negociaciones para procurar la pronta eliminación de las causas de conflicto entre los dos países, fueron el resultado directo del movimiento nacional del 9 de Enero de 1964.
En la línea de pensamiento trazada por la Gesta de Enero, el 10 de enero de 1964 como Director de El Panamá América, publiqué en ese rotativo el editorial titulado “Cancelación Definitiva del Tratado de 1903”. Sostuve la idea central de que “las demandas reivindicadoras sólo podrán ser plenamente satisfechas mediante la cancelación definitiva del ominoso Tratado de 1903 y la fijación de un término perentorio para que la franja canalera vuelva al completo dominio de la República de Panamá, única soberana en ese territorio”.
Animado del sentimiento de unidad nacional prevaleciente en el país el presidente Chiari me designó en abril de 1964 como embajador especial de la República de Panamá para iniciar las negociaciones con los Estados Unidos, tomando en cuenta, sin duda, mi condición de Presidente del Colegio Nacional de Abogados que había ejercido el mes anterior la Presidencia del Congreso de la Soberanía Nacional con la participación de organizaciones de todo el país. El presidente Johnson, por su parte, designó embajador especial a Robert B. Anderson, ex-Secretario del Tesoro norteamericano.
El tema fundamental de la negociación fue el de la terminación del tratado de 1903.
Nuestro homenaje a los estudiantes, educadores, profesionales y trabajadores, adelantados del pueblo panameño, nuevos próceres de la República, que el 9 de enero de 1964, sellaron con su sangre la abrogación del Tratado de 1903 y, que desde el punto de vista histórico, cimentaron la plataforma nacionalista para la concertación de los Tratados Torrijos-Carter que reivindicaron para la soberanía nacional el Canal, sus riberas, las tierras de la antigua Zona del Canal y el dominio del tránsito transístmico como derecho inalienable del Estado panameño.
Se ha notado, sin embargo, desde hace algunos años, cierta tendencia a difundir una interpretación del 9 de Enero y de sus consecuencias, que a mi juicio podría acarrear pedagógicamente hablando, una lamentable confusión en las mentes de las futuras generaciones. Es por ese motivo que desde hace tres años procuro dedicar al 9 de Enero de 1964 un comentario en mi crónica semanal de “El Panamá América”.
En ocasiones anteriores he insistido en que la emoción y los muertos panameños del 9 de Enero no se extinguieron con el correr de los días ni con el relativo apaciguamiento de los ánimos. Pero a esa insistencia me parece importante agregar que esos cadáveres y esa emoción continuaron esparciéndose a los cuatro vientos de las vivencias, de la geografía y de la historia panameñas y nutrieron, como un polen fecundante, a una panameñidad que a partir de esa fecha fue totalmente consciente de que el destino de Panamá era luchar, esforzarse incansable y dignamente por procurar un nuevo alumbramiento de ella misma, esta vez totalmente liberada, perfectamente íntegra. Esto se logró el 7 de septiembre de 1977 con la firma de los Tratados Torrijos-Carter y con las reivindicaciones cristalizadas el 31 de diciembre de 1999.
A propósito de ese nuevo alumbramiento mucho se ha hablado de la violencia como partera de la historia. Si bien la forma en que los colonos zoneitas y las fuerzas norteamericanas respondieron a la acción de los estudiantes que portaron la bandera panameña para izarla en el mástil correspondiente, fue particularmente violenta y nos dejó a todos los panameños un luto y un dolor infinitos. Los panameños y panameñas hicimos tácitamente la decisión de enfrentar la agresión con los recursos pacíficos de la militancia nacional y de la resistencia firme a los intentos de acallarnos y de domesticarnos.
A partir del 9 de Enero hay una gloria nacional que es irreductible a todo revisionismo o negativismos históricos. Me refiero a la gloria que alcanzamos por medio de victorias limpias sobre la intolerancia y la insensibilidad de los más fuertes.
Me refiero a la gloria que alcanzamos por medio de victorias sobre la ignorancia que buena parte del mundo tenía sobre nuestros sufrimientos y nuestras reivindicaciones. Me refiero a la gloria que alcanzamos por medio de victorias sobre los miedos, los complejos, las mediocridades y los vasallajes espirituales.
De esos vasallajes espirituales quedan aún ciertos residuos, ciertas cenizas que parecen revivir cada vez que alguien propone que volvamos a negociar la vuelta de bases militares norteamericanas en territorio panameño. Creo que esas ideas, esas propuestas retrógradas nunca tendrán éxito porque siempre representarán como nubes negras en un cielo panameño cuajado de estrellas inmarcesibles que son los héroes del 9 de Enero, en sintonía con la dignidad y el valor con que el pueblo panameño está dispuesto a preservar las conquistas logradas mediante los Tratados Torrijos-Carter.
Mediante decreto ejecutivo, firmado por la presidenta Mireya Moscoso, se emitirá un manual de normas y reglamentaciones de San Felipe, que constituye un compendio de zonificación y reglamentación dentro del área para quienes deseen invertir.
Spadafora informó a El Panamá América que recientemente se efectuó un operativo de letreros y señalización. De igual forma, se está rehabilitando el Teatro Nacional y la Iglesia San Felipe Neri (antigua sede de la Catedral Metropolitana) que será utilizada sólo para actos protocolares.
Según Spadafora, para el próximo mes, en conjunto con el Ministerio de Vivienda se hará entrega de 150 apartamentos en Avenida B, ubicados en la antigua piquera de buses del interior, a familias de San Felipe que están siendo desalojadas de sus casas mediante procesos legales.
Spadafora enfatizó que toda esta modernización ha generado gran movimiento a lo interno de la economía de San Felipe.
En cooperación con la Policía Nacional, la Policía de Turismo y el Servicio de Protección Institucional (SPI) se han incrementado las rondas de seguridad.
Muy pronto se estará inaugurando la sede de la Policía de Turismo del distrito capital, lo que representará una presencia fija de la Policía dentro del área, contribuyendo más a la seguridad.

101 años de Panamá América

 
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