Los obispos y la guerra
Gregory establece una comparación con el caso de Afganistán y afirma que el caso de Irak es diferente, exponen que según los precedentes y los riesgos implicados, es difícil de justificar la extensión de la guerra al terrorismo a Irak, en ausencia de evidencias claras y adecuadas de la implicación iraquí en los ataques del 11 de septiembre o de un inminente ataque de una naturaleza grave. Concluyen que basándose en los hechos conocidos, el uso preventivo y unilateral de la fuerza es difícil de justificar. Basan su análisis en cuatro criterios doctrinarios en torno a la guerra: justa causa, legítima autoridad, probabilidad de éxito y proporcionalidad, y respeto de los no combatientes. Dicen los obispos:
Justa causa. ¿Cuál es el "casus belli" de un ataque militar contra Irak? El Catecismo de la Iglesia Católica, reflejando los ampliamente aceptados límites morales y legales sobre el uso de la fuerza, condiciona la justa causa a los casos en los que "el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de naciones sea duradero, grave y cierto" (n. 2309) ¿Existe una clara y adecuada evidencia de una conexión directa entre Irak y los ataques del 11 de septiembre o una clara y adecuada evidencia de un inminente ataque de una naturaleza grave? ¿Es sabio ampliar dramáticamente los tradicionales límites morales y legales sobre la justa causa hasta incluir el uso preventivo o anticipado del uso de la fuerza para el derrocamiento de regímenes amenazadores o para afrontar la proliferación de armas de destrucción de masas? ¿No se debería hacer una distinción entre los esfuerzos para cambiar el comportamiento inaceptable de un gobierno con los esfuerzos por acabar con la existencia de un gobierno?
Legítima autoridad. La credibilidad moral del uso de la fuerza militar depende también, en buena parte, de si hay una legítima autoridad que pueda utilizar la fuerza para defenestrar al gobierno iraquí. Desde nuestro punto de vista, decisiones de esta gravedad requieren respetar los imperativos constitucionales de Estados Unidos, alcanzar un amplio consenso en nuestra nación, y una ratificación internacional, de preferencia por el Consejo de Seguridad de la ONU. Por este motivo es tan importante su decisión de buscar la aprobación del Congreso y de las Naciones Unidas. Al igual que la Santa Sede, nos mostraríamos sumamente escépticos ante el uso unilateral de la fuerza militar, en particular a causa de los precedentes conflictivos.
Probabilidad de éxito y proporcionalidad. El uso de la fuerza debe tener "serias condiciones de éxito" y "no debe entrañar males y desordenes más graves que el mal que se pretende eliminar" (Catecismo, n. 2309). La guerra contra Irak podría tener consecuencias imprevisibles, no sólo para Irak sino para la paz y la estabilidad en toda el área de Oriente Medio. ¿Tendría éxito el uso preventivo y anticipado de la fuerza para desbaratar serias amenazas o no provocaría más bien esos ataques que trata de prevenir? ¿Qué impacto tendría otra guerra en Irak sobre la población civil a corto y largo plazo? ¿Cuánta gente inocente debería sufrir y morir, o quedar sin su casa, sin bienes básicos, sin trabajo? ¿Se comprometerían Estados Unidos y la comunidad internacional en la ardua y larga tarea de asegurar una paz justa o el Irak después de Sadam seguiría marcado por el conflicto civil, la represión, y continuaría siendo una fuerza desestabilizadora en la región? ¿Provocaría el uso de la fuerza militar más conflicto e inestabilidad?
Hay normas que gobiernan la conducta en la guerra. Si bien reconocemos que hay una mayor conciencia y más serios esfuerzos para evitar que se ataquen directamente a poblaciones civiles en conflictos armados, el uso de la fuerza militar masiva para derrocar al actual gobierno de Irak tendría consecuencias incalculables para la población civil que ha sufrido mucho a causa de la guerra, la represión, y el extenuante embargo. Nuestra evaluación de estos interrogantes nos lleva a pedirle que busque activamente alternativas a la guerra..."
Concluyen los obispos norteamericanos en su carta a Bush "Con todo respeto le pedimos con apremio que dé un paso atrás en la frontera de la guerra y que ayude al mundo a ofrecer una respuesta global efectiva a las amenazas iraquíes en conformidad con los límites morales tradicionales del uso de la fuerza militar".
Muchos países, organismos, líderes como Mandela y J. Carter, Premio Nobel de la Paz han cuestionado la política unilateral del gobierno de EE.UU, respecto a diversos asuntos. ¿Escucharán a los obispos?